Comienza un nuevo año con la esperanza de que sea menos crucial que el anterior. Un año propicio para conocer y aprender de la vida de Minerva Mirabal Reyes.

Minverva nació el 12 de marzo de 1926 en un campo de Salcedo, República Dominicana. Allí vivió hasta los doce años y se alfabetizó. Luego continuó estudios, en condición de interna, en un colegio católico de La Vega, donde desarrolló su pasión por la lectura. Leía incansablemente, escribía comentarios a mano en los libros y memorizaba largos párrafos y poemas que luego recitaba con soltura. Se relacionó con personas de pensamiento liberal y antitrujillista y así conoció los crímenes atroces de la dictadura, que despertaron tempranamente su conciencia política en defensa de los derechos humanos y la libertad.

A mediados de los años 40, volvió a su campo, cuyos padres hacendados y comerciantes prósperos quisieron colocarla al frente del negocio familiar. Pusieron a su disposición dinero para importar flores, libros y ropa. Le compraron un carro de lujo. Todo para retenerla y que no continuara sus estudios universitarios en la capital. Recibía visitas de admiradores, como la del joven Popy Bermúdez, quien con el tiempo se convertiría en uno de los empresarios y filántropos más importantes del país.

Este, con la intención de conquistarla, llegó a llevarle, desde Santiago, una serenata con un piano montado en un camión. También fue visitada por Pericles Franco Ornes, dirigente político de orientación marxista y pensamiento revolucionario, que estuvo encarcelado entre 1947 y 1949. Franco Ornes la describió como una mujer de gran inteligencia y sólida cultura.

En octubre de 1949, el dictador Trujillo —posiblemente influido por las referencias que recibía sobre Minerva— organizó una fiesta en mansión Fiesta Campestre (donde funciona hoy la academia de policía), en San Cristóbal. Su propósito era conquistarla como mujer y como aliada política. Sin embargo, en el primer merengue que empezaron a bailar, Trujillo intentó propasarse a apretarla mucho, y ella lo detuvo con firmeza. En plena pista, con la música de fondo, se creó una tensa discusión en la que ella le exigió respeto, defendió a su amigo Pericles Franco y le declaró abiertamente que no simpatizaba con su régimen.

Esto sucedía en tiempos en los que muchos padres se complacían en presentarles a sus hijas, incluso menores de edad, para que el tirano tuviera romances con ellas y así recibir sus beneficios. Aquel traumático encuentro se convirtió en una declaración de guerra. Las represalias no se hicieron esperar. Minerva sufrió la primera de cuatro prisiones. Y a pesar de enormes vicisitudes, logró graduarse como doctora en Derecho en la Universidad de Santo Domingo con notas sobresalientes. Se casó con Manolo Tavares Justo y tuvieron dos hijos.

La trascendencia de su obra ha sido confirmada por al menos tres instituciones académicas de reconocido prestigio nacional: la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), el Archivo General de la Nación y la Comisión Permanente de Efemérides Patrias. Historiadores reputados, como Roberto Cassá y Carmen Durán, han destacado el papel significativo de Minerva Mirabal en el derrocamiento de la dictadura de Trujillo y en la construcción de una sociedad más justa y democrática. Aportes que, según ellos, la colocan junto a figuras como Salomé Ureña de Henríquez y María Trinidad Sánchez. El doctor Cassá la caracteriza de la siguiente manera:

“Minerva fue alma y símbolo de la lucha final contra la dictadura de Trujillo. No era una política profesional, sino una revolucionaria que concebía la participación exclusivamente en el terreno de la lucha. Cuando se planteó la designación del presidente de la entidad, (Movimiento 14 de junio), la primera propuesta recayó en Minerva, en reconocimiento de su función orientadora y del carisma que emanaba de su personalidad”.

Por la magnitud de su obra y de sus hechos, cristalizados en tan corto tiempo y de incalculable valor patriótico y democrático —pues inspiraron a sus hermanas Patria y María Teresa, así como a centenares de la resistencia antitrujillista, incluidos varios de los héroes del 30 de mayo que ajusticiaron al tirano—, resulta oportuno que, al cumplirse el centenario de su nacimiento, el pueblo y el Estado dominicanos le rindan los honores que merece, a igual nivel que otras heroínas nacionales.

*Este artículo puede ser escuchado en audio en Spotify en el podcast Diario de una Pandemia por William Galván

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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