Un hombre sabio, ajusta su creencia a la evidencia”. David Hume

La debida atención en el correcto funcionamiento del metabolismo de los niños con Autismo nunca ha formado parte de la estrategia de la lógica terapéutica convencional vigente para abordar el referido diagnóstico; investigar cobre el estado y situación de las rutas metabólicas (serie de reacciones encadenadas que en conjunto sirven a un propósito fisiológico concreto) permite aplicar un abordaje en consistencia con la situación específica de cada caso; obviamente, al esquema convencional le resulta suficiente la existencia de un diagnóstico para empezar la aplicación de su preconcebida estructura mental: uso de terapias sicológicas. Se muestra, pues, cómo el abordaje terapéutico está previsto y centrado en el diagnóstico y nunca en el niño como el centro de atención clínico.

A ese modelo de atención parece importarle muy poco el metabolismo y el proceso de generación de energía del cuerpo de esos niños y, de concreta y especial sobresale cómo dejan de lado la situación operativa del importante Ciclo Glutamato-GABA-Glutamina (y cualquier otra ruta metabólica interrumpida que impida el correcto desarrollo de la estructura celular);  de hecho, el referido ciclo representa uno de los eventos menos “manoseado’ por el modelo terapéutico vigente aplicado al Autismo, a pesar que muchos comportamientos conductuales observados en estos niños están ocasionados por una falla en la conversión de un exceso de Glutamato en GABA.

No obstante, y dejando de lado esa evidencia, la mecánica valorativa vigente y la narrativa actual siguen asumiendo que el Autismo se reduce a un trastorno neurológico de etiología desconocida. Y, evidentemente, a pesar de reconocer ese desconocimiento causal, en la práctica siguen haciendo énfasis sistemático (y generando clientela) en el uso de terapias sicológicas y de ciertos fármacos como intermediarios para contrarrestar determinadas conductas consideradas autistas; en algunos casos, esas recomendaciones están fundamentadas en un sistema de creencias y nunca a partir de la necesidad o evidencia bioquímica del funcionamiento de la química cerebral del niño.

En todo caso, la lógica resulta implacable en lo relativo a la incompetencia del referido modelo terapéutico: los niños con Autismo no sufren de ningún tipo de deficiencia de terapias sicológicas de corte cognitivo o conductual (terapia del habla, ocupacional, sicomotricidad); sino que sufren de ciertos desbalance bioquímicos ocasionados por procesos deficientes en la producción y el uso de energía que impiden el correcto funcionamiento de comunicación celular, la aparición del habla, un uno incorrecto o inadecuado de las habilidades sociales, usar el habla como medio de comunicación; esos eventos manifiestan un metabolismo (o cualquier vía metabólica) comprometido que culmina en déficit en la producción y uso de energía, lo cual impide ciertos procesos de comunicación e intercambio de información a nivel celular que frenan su correcto funcionamiento.

Por tanto, un camino más eficaz para entender el comportamiento social (y la separación entre eventos que le ocurren al niño y eventos propios de su interés) debe centrarse en la bioquímica cerebral a partir del flujo de la glucosa en los diferentes ciclos o vías metabólicas. En cuyo caso, la simple realización de un análisis sobre el funcionamiento de su metabolismo y producción de energía permite actuar sobre eventos perfectamente verificables en términos causales.

De hecho, existe evidencia sobre una situación de hipometabolismo en niños con Autismo; y, eso implica un flujo errático e ineficiente de glucosa hacia el cerebro, lo cual afecta seriamente varias áreas metabólicas, incluyendo el denominado ciclo Glutamato-GABA-Glutamina, el cual permite la conversión de Glutamato en GABA como un sistema de control entre el neurotransmisor excitatorio (Glutamato) y el inhibitorio (GABA); y, dado que la glucosa es el combustible fundamental para  la producción de energía celular (ATP) y piruvato en la relación sinfónica astrocito-neurona, que hace funcionar correctamente el ciclo glutamato-GABA-Glutamina, resulta obvio inferir que una alteración del flujo de glucosa hacia el cerebro conduce a una alteración en esa vía metabólica específica.

En consecuencia, ninguna de las terapias propuestas por el sistema de creencias hará funcionar el referido ciclo sin la invitación de la glucosa a participar en el ese baile. En efecto, la evidencia disponible muestra que un flujo ineficiente de glucosa desde las células epiteliales hacia el cerebro y, de manera específica hacia los astrocitos, está en el centro explicativo de muchos de los eventos o conductas consideradas (injustamente) como autistas; y es, justamente, el déficit de glucosa lo que afecta severamente el circuito Glutamato-GABA-Glutamina; en cuyo caso, tanto la función astrocítica como neuronal se ven severamente reducidas y, por tanto, no se completa eficazmente el proceso de reciclar el exceso de glutamato a glutamina para sintetizar GABA (Ácido Gamma-Aminobutírico).

Como se puede inferir, el resultado de la deficiencia de glucosa provoca el conocido fenómeno de excitotoxicidad de Glutamato, culminando así en una situación de disfunción neuronal, cuyas manifestaciones más evidentes son: Hiperactvidad, ansiedad y confusión mental; de no corregirse el exceso de Glutamato (neurotransmisor excitatorio) sobre el GABA (neurotransmisor inhibitorio), se generan condiciones suficientes que culminan en muerte celular no programada; situación que suele agravarse cuando, en los hogares, no se tiene en cuenta la eliminación conciente de la ingesta productos procesados en la alimentación de esos niños; la razón no es trivial: los productos procesados están elevados en Glutamato monosódico añadidos. Ese simple evento explica porqué un programa nutricional, acorde a la situación clínica del niño, resulta un evento clave en el proceso de superación del fatídico diagnóstico.

Una inferencia clara de todo eso es que, un niño con Autismo no es hiperactivo, sino que sufre de Hiperactvidad (en tanto y en cuanto, se trata de un evento que le ocurre). Además, la excitoxicidad por glutamato es un fenómeno ampliamente conocido que puede conducir, según los trabajos realizados por el Dr. John Olney[i] en los años 60s, a lesiones cerebrales, obesidad, trastornos psiquiátricos y crecimiento de tumores cerebrales.  Pero, además, existe evidencia que la falla metabólica en el ciclo Glutamato-GABA-Glutamina representa un serio riesgo de Riesgo de Convulsiones, así como en alteraciones en el funcionamiento de la actividad sináptica, afectando así la cognición y la memoria; ambos eventos suelen formar parte del conjunto de eventos considerado como cuadro Autista.

Ahora bien, bien: una solución sencilla para evaluar la salud metabólica en casa consiste en una simple medición de la temperatura corporal; el resultado, resulta un indicador confiable sobre lo bien (o mal) que tu cuerpo está generando y utilizando la energía; las temperaturas ideales están entre 97º y 98º Fahrenheit al despertar y, posteriormente, subir lentamente hasta los 98,6º Fahrenheit después del almuerzo de mediodía o primeras horas de la tarde.

Una temperatura corporal considerada baja, resulta indicativo de que el cuerpo no está produciendo mucha energía y, en consecuencia, está enfrentando dificultades en la función metabólica y, de alguna manera, en una situación de baja producción de energía que compromete seriamente la función celular.

Así, pues, cualquier herramienta o protocolo a ser utilizado en el régimen terapéutico de un niño con Autismo debe partir del conocimiento y el cuidado; ninguna moda que surja de una creencia puede superar la práctica de saber qué hacer (en función de la evidencia) para qué (garantía de consistencia con lo que se hace); solo la evidencia puede guiarnos en la solución de cualquier fenómeno. Por tanto, la elección en el correcto abordaje terapéutico del Autismo debe partir de la información y jamás desde las gradas de creencias.

En función de lo anterior, resulta evidente que pensar y actuar desde una simple titulación académica no siempre culmina en resultados exitosos, puesto que se procede de manera sesgada ante nuevos eventos de la historia; y, menos ahora, en la denominada sociedad de la información en donde están abiertas las ventanas para el pensamiento creativo y la aplicación efectiva de nuevas ideas sobre cualquier tema del saber humano.

[i] Citado por: Dr. Katherine Reid and Barbara Price: “Fat, Stressed and Sick”, 2023.

Fausto J. Hernández

Economista INTEC 1987. Doctorado en Economía, Bilbao 1995. Postgrado Matemáticas Puras, INTEC 2002. Máster Neurosicologia Educativa, CEUPE 2022. Profesor Economía Matemática INTEC 2009. Director Regulación y Defensa de la Competencia, Indotel 2005-2010.

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