La manía es un estado emocional de intensa excitación, euforia y energía excesiva. Y aunque se asocie a trastornos del estado de ánimo, no se puede decir que las personas que siguen programas de entretenimiento de forma permanente, por más de treinta días, padezcan de alguna patología. No.
Sin embargo, lo que ha sucedido con la Casa de Alofoke 2 es un fenómeno a estudiar por los sociólogos y psicólogos. El atrapar, entre las redes sociales de YouTube, Instagram, Twitter y Facebook a más de tres millones de espectadores de República Dominicana y otros confines del mundo, durante 38 días de transmisión seguida, es una hazaña.
No es una sorpresa que dicho programa entre al Record Guinness, pues los chicos rompieron los esquemas en tiempo y contenido repentista desde esa plataforma instalada para transmitirse desde los diferentes medios. Los contenidos de la afamada casa estuvieron cargados de las vivencias de los jóvenes y adultos pertenecientes a diferentes clases sociales. En el escenario se impusieron las ocurrencias de los muchachos procedentes de barrios en entornos sociales diferenciados. No cabe dudas de que hicieron “adictos” a millones de personas.
Los estudios que tratan sobre las causas de las adicciones hablan de los múltiples factores que hacen que alguien llegue a convertirse en un individuo con esas condiciones de adhesión. Los celulares inteligentes, redes sociales, plataformas tecnológicas y contenidos concatenados para enganchar a quienes buscaban algún medio de distracción distinto a los que actualmente se proyectan.
Puedo adelantar que el programa de la Casa de Alofoke 2 “disparó la adicción” a las redes sociales de miles de jóvenes y personas de distintas edades. El placer de los seguidores se colocó en el más alto nivel por la producción de dopaminas generadas por el canal y otros medios. Las hormonas de las adicciones proyectaron y captaron el interés de las personas que andaban hasta hace varios días eufóricos detrás del programa y los que integraban el show.
El equipo de Defensa Civil vivió la experiencia de conocer esa euforia en el concierto de Bad Bunny, evento celebrado en el Estadio Olímpico, donde, además, los participantes del reality show se la lucieron con su presencia. En el programa de la Casa se presentaron cosas insólitas fuera de lo común, las improvisaciones con toques de obscenidades y vulgaridades “conectó” con la gente. Parte del éxito se encuentra precisamente en las improvisaciones de algunos actores, en especial “La Fruta”.
Se reportaron despidos de trabajadores que por estar pegados al celular o computadoras descuidaron las funciones que debían ejercer en sus lugares de labores. También se reportan uno que otros accidentes y eventualidades de tránsito por conductores que estaban pendientes del programa que de forma seguida se retransmitía por las redes sociales y especialmente por YouTube.
El canal y el programa lograron la atención de los seguidores y se ha alcanzado una excelente monetización por el número de ciudadanos atrapados por tanto tiempo. También, se han beneficiado las empresas que utilizaron la plataforma para promocionar sus productos. En lo que respecta al ambiente político-social, algunos dirigentes saludaron la iniciativa y a los participantes. Frente a lo expuesto, tenemos entonces a una sociedad del espectáculo activa y dinamizada.
Desde el punto de vista psicológico, el impacto de la Casa 2 habla de un espectáculo de redes sociales convertido en recompensa de estímulos neuronales hacia las personas que se acostumbraron a esos contenidos. Una receta de diversión que está entrando en un terreno de adicción que invaden y complican de alguna manera la vida laboral, familiar y social.
El efecto no es igual en todos, pero sí conozco de personas que en esos días decidieron no ir a trabajar para estar pegados al celular y a la TV disfrutando del programa. Incluso, hubo empleados que estando en sus centros laborales se entretuvieron con el móvil llegando a desatender sus labores. Conozco de empresas que desvincularon a personas por ese tema.
En el entorno del hogar se descuidaron los quehaceres; el compartir en familia se incrementó un poco y también se dieron aislamientos individuales. En fin, se dieron manifestaciones conductuales diversas como respuesta a estímulos variados. Se trata de una Alofokemanía que se ha instalado socialmente en las mentes de muchos debido al vacío de propuesta culturales que enganchen con la gente. Iniciativas artísticas y culturales que respondan a las necesidades de la juventud.
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