La contienda electoral por la conquista del Distrito 13 de la ciudad de Nueva York se ha centrado más en una confrontación ideológica-racista que en el planteamiento de las soluciones básicas que afectan la amplia zona del Alto Manhattan.

Da pena que Adriano Espaillat y Darializa Ávila Chevalier, ambos del Partido Demócrata, hayan centrado sus estrategias en ataques personales, donde predomina la discriminación racial y/o xenofóbica por el origen o nacionalidad de uno de ellos.

Ambos candidatos están desgarrando erróneamente sus investiduras en unas primarias para lograr este 23 de junio la representación del Distrito Congresual 13.

El ganador deberá enfrentarse al candidato republicano en las elecciones de medio tiempo el próximo 3 de noviembre de 2026.

Tanto ella como él están desesperados por los votos de los estadounidenses residentes en Washington Heights, Inwood, Harlem y varios sectores del condado del Bronx.

En sus contiendas electorales desde 1996, Espaillat ha sido un político victorioso —con artimañas o no— para ocupar los diversos puestos políticos dentro del tren congresual del estado de Nueva York.

Su triunfo más resonante lo logró al derrotar a Charles Rangel en 2017, para ocupar el cargo que hoy ostenta como miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en representación del Distrito 13.

Washington Heights es uno de los sectores más populosos y carismáticos del Alto Manhattan, donde reside el mayor número de inmigrantes de República Dominicana, y está situado entre los ríos Hudson y Harlem, y las calles 155 y Dyckman.

Registros históricos indican que el asentamiento de los dominicanos en esta zona se inició a comienzos de la década de 1960.

Hombres y mujeres de la clase media, profesionales y comerciantes decidieron iniciar una nueva etapa de vida huyendo de la inestabilidad política y la crisis económica que prosiguieron al ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo en 1961, la guerra civil y la intervención militar estadounidense en 1965.

El desarrollo económico sostenido de esta gran parte de NY que protagonizaron los dominicanos se produjo con la apertura de pequeños negocios como bodegas, minisupermercados, salones de belleza, bares, restaurantes, barberías, importación y exportación de mercaderías, entre otros, creando fuentes de empleo local.

Más de 60 años de historia de una comunidad laboriosa que dedicó esfuerzos y sacrificios para lograr el progreso y prestigio dentro y fuera de Estados Unidos.

Lamentablemente, ese desarrollo económico y social se ha ido esfumando con el tiempo por falta de apoyo de los políticos demócratas y republicanos que han tenido la oportunidad de gobernar este Distrito.

Espaillat, poseedor de influencia política congresual por cerca de 30 años, es parte culpable de ese abandono del Alto Manhattan.

Las posiciones políticas que logró alcanzar con humildad le nublaron la vista y el pensamiento para ver y analizar lo que allí estaba sucediendo en los últimos años.

Logró crecer en principio defendiendo políticas migratorias, viviendas asequibles, cobertura médica, educación y desarrollo comunitario.

Con el paso del tiempo, fue ignorando los problemas y reclamos cotidianos que desde hace años venían afectando los intereses de los pujantes emprendedores dominicanos y de otras nacionalidades.

Lo que se observa hoy día en esos conglomerados es un deterioro económico. Cientos de locales comerciales cerrados producto de la emigración y traslado de negocios hacia otros estados de la Unión Americana.

Ese debería ser el tema de debate entre Espaillat y Chevalier, y no una diatriba racista como la que hoy se presenta al electorado.

Espaillat se fue por lo fácil. Escogió como tema central de su lucha por la reelección la defensa del patriotismo de República Dominicana y el honor de la bandera tricolor, supuestamente ultrajada por Chevalier en un momento determinado.

Darializa Ávila, novata política demócrata, no ha sabido defenderse de las acusaciones lanzadas en su contra por el veterano congresista estadounidense nativo de Santiago de los Caballeros.

Sus planes para ejecutar, en caso de ganar, son los mismos que prometió el alcalde Zohran Mamdani para ganar la alcaldía de Nueva York: viviendas y plan de salud «Medicare para todos», eliminación de ICE (la agencia que aplica las leyes migratorias en EE. UU.) y aumentar la inversión en escuelas públicas, entre otros.

Está claro que una derrota a Chevalier es una derrota muy significativa para el alcalde izquierdista Mamdani. Por ahí debió andar Espaillat en sus mensajes.

Chevalier es una representante de los oscuros planes políticos y económicos que promueven la agenda globalista 2030 que quieren imponer los líderes que tienen secuestrado al Partido Demócrata y sus aliados europeos.

Esta no es la oportunidad de derrotar a Espaillat; es el momento de derrotar la agenda antiestadounidense y antidorominicana que se promueve desde la alcaldía de NYC.

Si se quiere sacar a Espaillat del Congreso de EE. UU., este no es el momento. Debería suceder en las elecciones congresuales del próximo 3 de noviembre de este año, cuando se enfrente al candidato del Partido Republicano.

Rafael Gómez

Periodista

Rafael Gómez, periodista dominicano. Residente en los Estados Unidos.

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