Haciendo una pausa técnica en nuestra serie sobre arquitectura, urbanismo, gentrificación e inmigración, queremos no olvidarnos de Peter Zumthor.
Las Termas de Vals, del arquitecto Peter Zumthor, son algo más que un balneario; resultan ser una experiencia arquitectónica pensada para que la persona sienta el espacio con todo el cuerpo, o lo que es lo mismo decir, la piel, el oído, la vista, el tacto y hasta el silencio. Construidas sobre unas fuentes termales en los Alpes suizos en 1996, en la actualidad conservan una frescura intangible pero presente.
Lo primero que sorprende es que el edificio parece surgir de la propia montaña. No se impone sobre el paisaje; se funde con él. Gran parte de las termas está semienterrada en la ladera y cubierta por una pradera verde, como si la arquitectura hubiera nacido de la roca.
El material protagonista es la llamada cuarcita de Vals. Miles de piezas de piedra configuran los cerramientos. Se dice que al caminar por las termas se tiene la sensación de estar dentro de una cueva excavada por la naturaleza más que dentro de un edificio construido por el hombre.
Pero la verdadera genialidad de Zumthor está en la experiencia sensorial. Cada espacio se diseña para provocar una sensación distinta, personal en cada tramo del trayecto vivencial. La luz entra por pequeñas rendijas en el techo, el sonido del agua rebota suavemente en la piedra, la temperatura cambia de una piscina a otra y las vistas del paisaje se convierten en el escenario de emplazamiento ideal para este espectáculo silencioso de los sentidos. Todo está pensado para que el visitante reduzca el ritmo y tome conciencia de sí mismo y de su entorno, pero sobre todo… de sí mismo.
Desde una perspectiva filosófica —que conecta directamente con tu proyecto Filosofía y Arquitectura— las Termas de Vals son una de las mejores materializaciones del pensamiento de Martin Heidegger. El filósofo alemán defendía que habitar no consiste simplemente en ocupar un espacio, sino en experimentar profundamente nuestra relación con la tierra, el cielo, los materiales y el tiempo; es decir, con nuestro entorno. En Vals, Zumthor transforma esa idea en arquitectura construida: la piedra representa la tierra, la luz conecta con el cielo, el agua introduce el tiempo y el cuerpo humano se convierte en el centro de la experiencia. En este punto no podemos dejar de pensar en Frank Lloyd Wright, al otro lado del mundo y desde luego en otro contexto.
Por eso muchos arquitectos consideran que las Termas de Vals no se visitan: se viven. No son un objeto que se observa en la distancia, sino que son un lugar para sentirlo desde dentro. La arquitectura deja de ser forma y se convierte en atmósfera, emoción y presencia.
Si la arquitectura moderna muchas veces se pregunta «¿cómo se ve el edificio?», Peter Zumthor se pregunta «¿cómo se siente estar dentro de él?». Las Termas de Vals son probablemente el mejor ejemplo construido de esa segunda pregunta.
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