Este lunes 24 de agosto, más de dos millones de estudiantes regresaron a las aulas. El Gobierno anunciará escuelas acondicionadas, libros, docentes, alimentación y transporte. Todo eso importa. Pero la pregunta decisiva no es cuántos regresan, sino cuánto aprenderán.
Después de seis años de gobierno del PRM, ya no basta con organizar la apertura ni enumerar recursos. Llegó el momento de rendir cuentas sobre el objetivo esencial: formar ciudadanos capaces de leer comprensivamente, razonar, dominar las matemáticas y las ciencias, y participar productivamente en la sociedad.
La República Dominicana lleva demasiado tiempo confundiendo escolarización con educación y ejecución presupuestaria con cumplimiento. Ampliamos el sistema, construimos aulas, extendimos la jornada y destinamos más recursos, pero todavía no convertimos esas capacidades en el capital humano que el país necesita.
En 2012, durante el gobierno de Leonel Fernández, la Ley 1-12 de Estrategia Nacional de Desarrollo colocó la formación del capital humano en el centro y fijó como objetivo una “Educación de calidad para todos y todas”. También ordenó la concertación del Pacto Nacional para la Reforma Educativa, firmado en 2014 con horizonte hasta 2030.
Durante el gobierno de Danilo Medina se produjo la segunda transformación: la asignación del 4 % del PIB elevó el presupuesto de la educación preuniversitaria de RD$58,590 millones en 2012 a RD$99,628 millones en 2013. Para 2026, esa asignación supera los RD$332,000 millones, más de tres veces el monto nominal de aquel primer año. Se construyeron miles de aulas, se amplió la cobertura y se impulsó la Jornada Escolar Extendida. Se puede discutir la eficiencia y la transparencia con que fueron utilizados algunos recursos, pero el país construyó una capacidad educativa considerablemente mayor.
El actual Gobierno no recibió un sistema sin presupuesto, sin escuelas ni hoja de ruta. Recibió la END, el Pacto Educativo, el 4 %, una infraestructura ampliada y una jornada extendida que ya cubría a una parte importante del estudiantado. No partió de cero. Le correspondía transformar esa base en calidad. Sin embargo, entrado ya en su segundo período, los aprendizajes siguen siendo la principal deuda estructural.
Si hoy existen más de RD$332,000 millones, infraestructura y más tiempo escolar, el Gobierno debe explicar qué resultados de aprendizaje está obteniendo con ellos.
En PISA 2022, el país obtuvo sus mejores resultados desde que comenzó a participar: 351 puntos en lectura, 339 en matemáticas y 360 en ciencias. Sería poco riguroso atribuir esa mejoría exclusivamente al Gobierno actual, pues los estudiantes evaluados fueron formados durante una trayectoria educativa iniciada muchos años antes y atravesaron la interrupción de las clases presenciales en 2020 y 2021. Los resultados reflejan, más bien, capacidades acumuladas por el sistema desde 2012. El mérito atribuible a esta gestión es haberlas preservado frente al impacto de la pandemia. Aun así, los niveles absolutos continúan siendo demasiado bajos.
Las evaluaciones nacionales son todavía más preocupantes. Según mediciones consideradas por la veeduría del Pacto Educativo, apenas 17.7 % de los estudiantes de tercero de primaria alcanzó el nivel satisfactorio en Lengua Española y 23.7 % en Matemáticas. En sexto de primaria, solo 0.7 % llegó al nivel satisfactorio en Matemáticas. Estas no son simples estadísticas: son niños que avanzan de grado sin dominar competencias fundamentales.
Persisten, además, brechas de acceso. En 2024-2025, la cobertura neta del segundo ciclo del nivel inicial fue de 61.3 % y la de secundaria de 71.6 %. En el primer ciclo de la primera infancia apenas alcanzó 7.6 %. La diferencia entre escolaridad y aprendizaje también resulta reveladora: 9.60 años promedio de escolaridad frente a solo 5.48 años ajustados por aprendizaje.
La Jornada Escolar Extendida cubre a más del 70 % de los estudiantes del sector público. Pero más horas solo representan un avance cuando se convierten en tiempo efectivo de enseñanza. Igual ocurre con la capacitación: más de 90,000 maestros participaron este verano en jornadas de formación. El éxito no se mide por los certificados entregados, sino por la mejoría real dentro del aula.
Mientras la inteligencia artificial y la automatización transforman el mundo del trabajo, muchos de nuestros niños todavía no alcanzan niveles satisfactorios en lectura y matemáticas. ¿Cómo competirá un joven dominicano si no comprende lo que lee ni domina el razonamiento matemático? ¿De qué sirve hablar de inteligencia artificial si el Estado no garantiza primero el desarrollo de la inteligencia de sus niños?
El rezago educativo ya no es solo una deuda social: se está convirtiendo en una amenaza para la productividad, la competitividad y la autonomía del país.
Después de seis años administrando un sistema con mayores recursos, el Gobierno no puede seguir refugiándose en la enumeración de insumos. Debe responder por resultados.
Debe explicar qué metas concretas de aprendizaje se propone para el año escolar 2026-2027, cómo se medirán, quiénes serán responsables y qué correctivos se aplicarán si se incumplen. Debe colocar en el centro la lectura, las matemáticas, las ciencias y las competencias digitales, cerrar las brechas de cobertura y vincular progresivamente el presupuesto con resultados verificables.
También debe presentar una ruta creíble para recuperar, antes de 2030, los compromisos pendientes de la Estrategia Nacional de Desarrollo y del Pacto Educativo. Necesitamos planificación, continuidad, indicadores, responsables, plazos y rendición de cuentas.
Un gobierno trazó la ruta. Otro asignó los recursos y amplió la infraestructura. Al actual le correspondía convertir esas condiciones en mejores aprendizajes. Ese es el resultado que todavía no puede mostrar.
Este lunes se abrieron las escuelas. Pero abrir las puertas no es suficiente. La responsabilidad del Estado no termina cuando el niño entra al aula: apenas comienza. Las condiciones existen. Las aulas existen. Los recursos existen. El tiempo dentro de la escuela existe.
La pregunta que el Gobierno debe responder es sencilla:
¿Qué ha hecho con todo eso para cumplir el verdadero objetivo de educar?
Compartir esta nota