En estos días se cumplen 67 años del arribo al país de los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo, en junio de 1959, la más importante acción militar contra la tiranía del dictador Trujillo. Estos hechos suelen responder a múltiples causas: políticas, económicas y personales.
Entre las personales se destaca la participación de José Simón Rodríguez García, mejor conocido como Juancito Rodríguez. Descendiente de españoles canarios, nació en un campo de Moca en 1886. De acuerdo con el libro Testimonio de acoso y resistencia durante la tiranía, escrito a mano por su hija, María Mercedes Rodríguez Vázquez (Pucha) y editado por Jeanne Marion-Landais: «quedó huérfano de padre antes de los cinco años junto con sus ocho hermanos más, sin otro patrimonio o fortuna que la casa edificada en cinco tareas de tierra».
A los 20 años se trasladó al poblado de Barranca, en La Vega, donde, a pesar de su pobreza, baja estatura (medía 5.7 pulgadas) y con apenas 119 libras, a golpe de hacha y machete, en tierras prometedoras, pero muy selváticas, cenagosas y húmedas, plagadas de insectos, jabillares y animales salvajes, logró levantar una próspera hacienda de aproximadamente 300 mil tareas, a partir de la siembra de plátanos, yuca, cebolla y papa, y de la crianza de vacas, cerdos y pollos. Llegó a acumular una considerable fortuna, contabilizada en millones de dólares. Su éxito despertó la envidia del dictador Trujillo, quien no toleraba que alguien poseyera tanta riqueza o mejores reses que él.
Por tales razones, y para controlarlo, lo convirtió en senador y diputado, pero esta cercanía incrementó su inconformidad con los abusos de la dictadura. Por ello, en enero de 1946, con el pretexto de visitar a un dentista, viajó a Puerto Rico. Fuentes confiables afirman que llevó en su maletín 500 mil dólares en efectivo y 50 mil encubiertos en su corbata. Este viaje sorprendió a algunos allegados y al propio Trujillo, pues decían que tenía demasiado que perder; pero ya él había decidido dedicar su vida y su fortuna a la lucha contra la tiranía.
Historiadores reconocidos, entre ellos los doctores Roberto Cassá y Frank Moya Pons, afirman que invirtió todos sus recursos en la organización y adquisición de armamentos para las expediciones de Cayo Confites, en 1947, y de Luperón, en 1949.
Al declararse abierto opositor al régimen, le confiscaron sus fincas y propiedades. Le arrasaron y robaron sus ganados y cosechas. Le asesinaron y persiguieron a empleados. El dictador Trujillo era implacable con sus adversarios y acostumbraba castigarlos, sobre todo, en lo económico. Estas pérdidas, sumadas a los enormes gastos destinados a financiar la lucha en el exilio, agotaron su fortuna.
Semejantes circunstancias, agravadas por su avanzada edad y sus condiciones de salud, le impidieron participar directamente en las expediciones de junio de 1959; pero vino como comandante del frente de Maimón su hijo primogénito, José Horacio Rodríguez Vázquez, graduado de abogado en la República Dominicana y economista formado en la Universidad de Harvard. Y allí, desgraciadamente, cayó. Mientras, su padre, el general Juancito Rodríguez, falleció meses después en Venezuela, en 1960.
En estos días, en que predominan la idolatría del beneficio; el afán y la obsesión por el éxito y el dinero, y el culto a la propia imagen, como anestésico para adormecer conciencias, al decir del papa León XIV, rindo especial tributo al general Juancito Rodríguez, cuyos restos fueron trasladados al Panteón Nacional, en un funeral de Estado, en noviembre pasado, en homenaje a su imborrable contribución a la lucha por la libertad dominicana.
¡Gloria eterna y gratitud infinita a los héroes y mártires de la Raza Inmortal del 14 de Junio y al héroe general Juancito Rodríguez!
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