
El siguiente es el reportaje publicado por este medio de comunicación este domingo 4 de enero, un día después del derrocamiento de Maduro y un día antes de compacer ante un juez de Nueva York. Está firmado pAnatoly Kurmanaev, Tyler Pager, Simon Romero y Julie Turkewitz.
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A finales de diciembre, Maduro rechazó un ultimátum del presidente Donald Trump para que abandonara el cargo y partiera hacia un exilio dorado en Turquía, según varios estadounidenses y venezolanos involucrados en las conversaciones sobre la transición.
Esta semana volvió al escenario y desestimó la escalada estadounidense más reciente —un ataque a un muelle que, según Estados Unidos, se utilizaba para el narcotráfico— bailando al ritmo de música electrónica en la televisión estatal mientras su voz grabada repetía en inglés: “No a la guerra loca”.
Los frecuentes bailes públicos de Maduro y otras muestras de despreocupación en las últimas semanas hicieron que algunos miembros del equipo de Trump llegaran a la conclusión de que el presidente venezolano se estaba burlando de ellos e intentaba llamar la atención sobre lo que creía que era un bluf, según dos de esas personas, que hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizadas a hablar sobre las conversaciones confidenciales.
El sábado, un equipo militar de élite estadounidense hizo una incursión en Caracas, la capital, antes del amanecer y se llevó a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico.

Semanas antes, los funcionarios estadounidenses ya se habían inclinado por una candidata aceptable para sustituir a Maduro, al menos por el momento: la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien había impresionado a los funcionarios de Trump con su gestión de la crucial industria petrolera de Venezuela.
Las personas implicadas en las conversaciones dijeron que los intermediarios convencieron al gobierno de que ella protegería y defendería las futuras inversiones energéticas estadounidenses en el país.
“Llevo mucho tiempo observando su carrera, así que tengo cierta idea de quién es y de qué va”, dijo un alto funcionario estadounidense refiriéndose a Rodríguez.
“No estoy afirmando que ella sea la solución permanente a los problemas del país, pero sin duda es alguien con quien pensamos que podemos trabajar a un nivel mucho más profesional de lo que pudimos hacer con él”, añadió el funcionario, en referencia a Maduro.
Fue en vano. El sábado, Trump dijo que aceptaría a Rodríguez y afirmó que Machado carecía del “respeto” necesario para gobernar Venezuela.

Funcionarios estadounidenses afirman que su relación con el gobierno interino de Rodríguez se basará en la capacidad de ella para seguir sus reglas, y añaden que se reservan el derecho a emprender acciones militares adicionales si no respeta los intereses de Estados Unidos.
A pesar de la condena pública del ataque por parte de Rodríguez, un alto funcionario estadounidense dijo que era demasiado pronto para sacar conclusiones sobre cuál sería su enfoque y que el gobierno seguía siendo optimista respecto a la posibilidad de trabajar con ella.
Trump declaró el sábado que Estados Unidos pretendía “manejar” Venezuela durante un periodo indeterminado y reclamar los intereses petroleros estadounidenses, una extraordinaria afirmación de poder unilateral y expansionista después de unos argumentos más limitados, y también controvertidos, sobre detener el flujo de drogas.
Y no quedaba claro en un primer momento si Rodríguez le seguiría el juego. En un discurso televisado, acusó a Estados Unidos de realizar una invasión ilegal y afirmó que Maduro seguía siendo el líder legítimo de Venezuela.

Para mantener su influencia, altos funcionarios estadounidenses dijeron que las restricciones a las exportaciones de petróleo venezolano se mantendrán por el momento.
Pero otras personas implicadas en las conversaciones expresaron su esperanza de que el gobierno deje de detener a los petroleros venezolanos y conceda más permisos a las empresas estadounidenses para trabajar en Venezuela, con el fin de reactivar la economía y dar a Rodríguez una oportunidad de éxito político.
Es hija de un guerrillero marxista que se hizo famoso por secuestrar a un empresario estadounidense. Se formó en parte en Francia, donde se especializó en derecho laboral.
Ocupó cargos intermedios en el gobierno del predecesor de Maduro, Hugo Chávez, antes de ser ascendida a puestos más importantes con la ayuda de su hermano mayor Jorge Rodríguez, quien acabó convirtiéndose en el principal estratega político de Maduro.
Rodríguez consiguió estabilizar la economía venezolana después de años de crisis y hacer crecer lenta, pero constantemente la producción de petróleo del país en medio del endurecimiento de las sanciones estadounidenses, una hazaña que le valió incluso el respeto a regañadientes de algunos funcionarios estadounidenses.

Esas alianzas han dado sus frutos en los últimos meses, pues se ganó poderosos defensores que contribuyeron a cimentar su ascenso al poder. El sábado, su llegada al poder fue recibida con cauteloso optimismo por algunos de los capitanes de la industria venezolana, quienes dijeron en privado que Rodríguez tenía capacidad para generar crecimiento si lograba persuadir a Estados Unidos de que relajara su asfixiante control sobre la economía del país.
A pesar de sus inclinaciones tecnocráticas, Rodríguez nunca ha denunciado la brutal represión y la corrupción que sostienen el mando de Maduro, y en una ocasión calificó su decisión de unirse al gobierno como un acto de “venganza personal” por la muerte de su padre en prisión en 1976, después de ser interrogado por agentes de inteligencia de gobiernos proestadounidenses.
La capacidad de Rodríguez para negociar por encima del abismo ideológico de Venezuela podría resultar útil para aliviar las tensiones. Juan Francisco García, exlegislador del partido gobernante quien desde entonces ha roto con el gobierno, dijo que tenía ciertos recelos sobre su capacidad para gobernar, pero que le concedía el beneficio de la duda.
García agregó que la historia está llena de sectores y personajes que, aunque vinculados a dictadores, en algún momento sirvieron para estabilizar el país y alcanzar la democracia.

Las contradicciones que envuelven a Rodríguez se pusieron de manifiesto el sábado, cuando se dirigió a la nación.
Aunque Trump dijo que Rodríguez había jurado su cargo como nueva presidenta de Venezuela, estaba claro que los partidarios de Maduro —incluida la propia Rodríguez si se toman al pie de la letra sus declaraciones— siguen considerándolo el líder de Venezuela.
Incluso el texto de la televisión estatal venezolana la calificó de vicepresidenta, lo que pone de relieve los posibles retos que se avecinan. Personas cercanas al gobierno dijeron que esas muestras de lealtad eran una estrategia de relaciones públicas necesaria para apaciguar a los leales al partido gobernante, incluidos los miembros de las fuerzas armadas y los grupos paramilitares, quienes se tambaleaban por la humillación militar infligida por Estados Unidos a su país y por la destrucción y muerte causadas por el ataque.
Las fuerzas estadounidenses consiguieron descender a la capital prácticamente sin oposición, destruir al menos tres bases militares y sacar al presidente del país de un recinto fuertemente custodiado, sin que se produjera ninguna pérdida de vidas estadounidenses.

Machado, exdiputada conservadora de la Asamblea Nacional procedente de una familia venezolana adinerada, mantiene desde hace décadas vínculos con Washington.
Ha pasado el último año cortejando el apoyo de Trump e intentando conseguir su ayuda para derrocar a Maduro. Ha apoyado abiertamente su campaña militar en el Caribe y se ha abstenido casi siempre de hacer comentarios sobre su política hacia los inmigrantes venezolanos.
El sábado, después de que Trump anunciara que el ejército estadounidense había capturado a Maduro, ella publicó una declaración en la que decía que estaba preparada para liderar. “Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”, escribió en un mensaje que publicó en X.
Una portavoz de Machado declinó hacer comentarios.
“Para Trump, la democracia no es una preocupación, sino el dinero, el poder y la protección de la patria frente a las drogas y los delincuentes”, dijo Michael Shifter, investigador principal de Diálogo Interamericano, instituto de investigación de Washington.
En su discurso a la nación, Trump tampoco mencionó a Edmundo González, el diplomático retirado que se convirtió en el sustituto político de Machado después de que se le impidiera presentarse.
González, quien se encuentra en un exilio autoimpuesto en España, es considerado el ganador legítimo, por un amplio margen, de las elecciones de 2024, aunque las autoridades venezolanas dieron la victoria a Maduro.
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