El poder y gobierno de Salvador Allende (Chile, 1970-1973) y Nicolás Maduro (Venezuela, 2013-2026) son comparados por sus proyectos socialistas, que difieren en su perfil democrático/antidemocrático, duración y contextos históricos, aunque ambos enfrentaron enormes presiones internas y externas, en tiempos de la Guerra Fría y "Doctrina Donroe", respectivamente.

En el caso del "compañero Allende", como lo llamaban sus seguidores durante su mandato de apenas mil días, terminó avasallado con un sangriento golpe militar apoyado por EEUU, que comenzó con un bombardeo a La Moneda y que durante 17 años estuvo liderado por un general (Augusto Pinochet) en quien el presidente confiaba, al punto de nombrarlo jefe del Ejército poco antes de la asonada del 11 de septiembre de 1973 que acabó con décadas de democracia y con su propia vida.

El mandato de casi trece años de Maduro, a su vez, elegido a dedo por su antecesor Hugo Chávez -también poco antes de caer fulminado en marzo de 2013 por un cáncer-, terminó recién hace dos semanas al calor asimismo de bombas y misiles en un contexto de crisis que se prolonga desde inicios del siglo XXI y en momentos en que el crimen organizado se consolida como gran amenaza regional. 

El 3 de enero pasado fue capturado en Caracas por soldados de EEUU en medio de un ataque militar contra Venezuela ordenado por el presidente de EEUU, Donald Trump, en plena marcha inicial de la ejecución de su "Doctrina Donroe", que hace gala de un descarado intervencionismo.

Tanto la "Revolución con empanada y vino tinto" de Allende como la "Revolución Bolivariana" de Chávez-Maduro, han estado marcadas por la brutalidad estadounidense, pero también por la propia sudamericana.

Pinochet llegó en medio del caos y murió tranquilamente en su cama sin ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante su dictadura de casi dos décadas contra su pueblo y de países vecinos (Plan Cóndor de coordinación entre dictaduras).

Maduro, a su vez, aguarda hoy en una prisión de Nueva York ser juzgado por narcoterrorismo, armamentismo y corrupción, no por ineficacia ni violaciones a los derechos humanos que tiene sus peores caras en un sinnúmero de presos políticos (políticos presos, le gusta decir, varios torturados y muertos tras las rejas) y el éxodo de nada menos que de 8 millones de personas, algunos miles en suelo dominicano.

Se le señala como ficha del crimen organizado que se consolida como gran amenaza regional a través de grupos que operan como "multinacionales del delito", con una estructura diversificada que va mucho más allá del narcotráfico y que ha logrado penetrar en el poder político, empresarial, en el periodismo, etc.

El chileno Salvador Allende, cuya elección en 1970 también mandó a miles al ostracismo (Venezuela recibió a quienes huyeron del "comunismo con empanada y vino tinto"), admitió tener el gobierno, pero nunca el poder efectivo, y al final murió defendiendo la democracia en el palacio de La Moneda, sin dejarse capturar por los golpistas al mando de Pinochet.

El ahora encarcelado Maduro, en cambio, acusado nacional e internacionalmente de abusar del poder y del gobierno, aguarda en una celda de Nueva York ser juzgado por hechos más bien delictivos -nada menos que de narcotráfico-, y su sucesora, Delcy Rodríguez, ensaya otra variable chavista, una que acata órdenes impartidas desde Washington por Donald Trump, a las que hasta ahora se resiste solamente en palabras, ninguna altisonante ni realmente malsonante en la Casa Blanca.

Está por verse, no obstante, si finalmente Rodríguez permanecerá en el bando del socialismo antidemocrático de Maduro, en el que comparte tarima de dichos y hechos arbitrarios con otro asimismo acusado de dictador: el sandinista nicaragüense Daniel Ortega.

Proyectos socialistas

Allende y Maduro lideraron gobiernos con una agenda socialista y redistributiva, buscando transformar sus empobrecidas sociedades, aunque Allende nunca logró ponerla en marcha debido a la feroz agitación a favor y en contra, porque las marchas, huelgas y demás acciones tanto de apoyo a su gobierno como las convocadas en contra, fueron "pan nuestro de cada día" en una atmósfera de libertades ciudadanas que más bien se acercó al libertinaje.

Ambos, además, cuentan hasta el día de hoy con miles y miles, millones y millones, de apoyos populares genuinos, otros interesados, internos y externos, aunque tras la caída de Maduro retumba un severo silencio en la izquierda global en torno a su persona y régimen, evidenciando el rechazo a su deriva fraudulenta y dictatorial, lo que contrasta con la sonora condena que sí expresan a  diario a EEUU y a su "Doctrina Donroe".

Allende gobernó Chile en plena Guerra Fría, cuando el mundo se dividía entre los polos Unión Soviética-EEUU y un Movimiento de los No Alienados que infructuosamente quiso ganar fuerzas, y Maduro concluyó este mes un mandato  de 13 años de gestión, cuando Trump celebra el primer año de su segundo mandato en medio de la consolidación del crimen organizado y de su apetito por los recursos naturales.

Oposición y desestabilización

Miles soñaron con la llegada de los soviéticos a Santiago de Chile para acabar con Pinochet y medio siglo después otros miles han visto cumplido su sueño de  ser testigo de Maduro tras las rejas estadounidenses.

También ambos enfrentaron una fuerte oposición interna, con acusaciones de desestabilización por parte de Estados Unidos y agendas de todo tipo de sus opositores: democráticas frontalmente algunas, y  otras descarada o subrepticiamente golpistas.

El gobierno de Allende se llenó de ministros con grados de generales y almirantes en el último tramo de su gestión (en sus domicilios los derechistas tiraban comida para gallinas), pero decididamente sin punto de comparación con la unión cívico-militar del chavismo y del madurismo que, incluso, logró que en todos los cuarteles de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) el saludo oficial sea hasta ahora el grito "¡Patria, socialismo o muerte!" y, tras su fallecimiento, "Chávez vive, la lucha sigue".

Al grito de “mano dura presidente” y “armas para aplastar la sedición”, Allende , en cambio, respondió hasta el final: “yo no soy un irresponsable, no permitiré una guerra civil, no lanzaré a miles de trabajadores a la muerte”.

Aldo Rodríguez Villouta

Radicado en República Dominicana desde 2017, donde trabaja en Acento (www.acento.com.do) y dirige la oficina dominicana de GlobeArt de Chile, su país natal. Previamente, corresponsal de Inter Press Service (IPS), Agencia EFE, Latin American New Service (Lans, EEUU), Associated Press (AP) y BBC en Ecuador, Brasil, Italia y Venezuela. Paralelamente, corresponsal en Venezuela y Ecuador de Monitor de Radio Red de México y colaborador de la Agencia France Press (AFP) y en varios medios de prensa nacionales de esos y otros países, entre ellos Ecuadoradio y Diario Meridiano, de Ecuador, y Gazeta Mercantil, versión Mercosul en Río de Janeiro.

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