Cuando la Casa Blanca publicó este mismo mes la Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump, no dejó dudas sobre la actualización de la doctrina Monroe de hace doscientos años para "restaurar la preeminencia estadounidense”.
Muchos coincidieron en que entre las evidencias de ello, en el más corto plazo, estaba el petróleo venezolano que así pasará de la denunciada "cleptomanía e ineficiencia narcomadurista" a la "glotonería imperialista", lo que se materializó con el ataque militar de este sábado, la captura de Nicolás Maduro y la confirmación de Trump de que el petróleo en este país caribeño y sudamericano quedará para EEUU, que, además, gobernará directamente a la nación de Simón Bolívar.
América Latina, entonces, será poco más que un patio de donde extraer recursos, asegurar las cadenas de productos básicos para los consumidores estadounidenses, ahora libre de vecinos migrantes porque se desea que estos se queden en sus países, que regresen a ellos y, antes de cerrar las puertas de sus casa tras de sí, que se las cierren a China.
El informe denuncia el globalismo, el libre comercio y la ayuda exterior, y exige a los miembros de la OTAN que destinen una mayor parte de su PIB a gastos de defensa, porque ya los marines no estarán para ello, con un lenguaje de liderazgo tal como en un mundo que dibuja prácticamente sin reglas ni multilateralismo.
Este informe sobre la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump obviamente va más allá que hacerse del petróleo venezolano y otras riquezas caribeñas y sudamericanas, o de poner fin a las "cargas globales” que no tengan relación directa con el “interés nacional” de EEUU.
Así va tomando forma un orden mundial que el hombre de Washington, aquel con una "personalidad de alcohólico", según su jefa de gabinete, está dibujando a diario inspirado en la doctrina Monroe, también invocada para arrebatar California a México o cuando EEUU se anexó Texas.
Los presidentes posteriores de EEUU tampoco olvidaron "el monroísmo" cuando autorizaron invasiones militares y golpes de Estado a granel.
"América para los americanos", "Estados Unidos primero", en fin, un orden mundial con "esferas de influencia", porque cada potencia regional necesita tenerlas, según esta filosofía que "legaliza" el control de sus zonas.
Trump ha dejado claro que está despidiendo el escenario posterior a la Guerra Fría, con EEUU supervisando un orden mundial que en lo económico está regido por leyes comunes en la globalización. Ahora, "el orden se desordena", se reacomoda, con las llamadas "esferas de influencia".
La doctrina Monroe no ha sido exclusiva de EEUU; por ejemplo, Japón la invocó cuando invadió Manchuria hace casi un siglo y también cuando Adolf Hitler dijo: “Los alemanes mantenemos exactamente la misma doctrina para Europa, o al menos para la región y el interés del gran Reich alemán”.
El informe de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump señala que EEUU “debe ser preeminente en el hemisferio occidental como condición de seguridad y prosperidad” propia, capaz de actuar “donde y cuando” lo necesite para asegurar sus intereses, reservándose el derecho a responder unilateralmente a las amenazas percibidas, incluso cuando provengan de otras "esferas".
Con EEUU mirando feo la presencia de China fuera de la "esfera de influencia" que le corresponde, sembrando la división en Europa, amenazando a Latinoamérica, que cada vez suma más presidentes de derechas y hasta de ultraderechas… Malas noticias para el planeta.
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