El nombre oficial de la campaña militar estadounidense en Irán es Operación Furia Épica. El nombre no oficial bien podría haber sido "Buscando desesperadamente a Delcy".
La decisión de Donald Trump de declararle la guerra a Irán estuvo fuertemente influenciada por su éxito militar en Venezuela a principios de enero. Trump, que llegó a la Casa Blanca prometiendo poner fin a las guerras, se sintió claramente embriagado por lo que él mismo calificó como una "impresionante, eficaz y poderosa demostración" de poderío militar. También se mostró abiertamente encantado con la perspectiva de tener acceso al petróleo de Venezuela.
Apenas unas semanas después, EEUU, en colaboración con Israel, lanzó una operación para derrocar al gobierno de Irán. Trump consideró que el papel que había desempeñado en la elección de un nuevo líder para Venezuela era un modelo a seguir para Irán. Le dijo a Axios: "Tengo que participar en el nombramiento, como lo hice con Delcy Rodríguez en Venezuela".
Esa esperanza se ha visto frustrada, al menos por ahora, por el anuncio de que el nuevo líder supremo de Irán será Mojtaba Jamenei, hijo del exlíder, Alí Jamenei, que fue asesinado al inicio de la guerra.
Es probable que los israelíes intenten matar al joven Jamenei. Pero, aunque lo logren, ya está claro que es poco probable que el futuro liderazgo de Irán lo determine Trump.
Es evidente que EEUU había estado en contacto con Rodríguez antes de lanzar la operación en Venezuela y detener al presidente Nicolás Maduro. Dado que Rodríguez ya ocupaba el cargo de vicepresidenta de Venezuela, ponerla al frente del país fue relativamente sencillo. Pero Washington no tenía preparado ningún sucesor en Irán para sustituir al anciano Jamenei; hasta ahora, la Casa Blanca ha mostrado poco entusiasmo por las aspiraciones de liderazgo de Reza Pahlavi, el hijo exiliado del antiguo sha. En tono tragicómico, Trump ha revelado que: "La mayoría de las personas que teníamos en mente están muertas".
Es muy posible que, en algún lugar cercano a la cúpula del sistema iraní, haya un pragmático dispuesto a asumir el papel de Rodríguez a cambio de paz y una recompensa personal. Pero no hay un camino claro para que esa persona desplace al nuevo líder supremo de Irán y luego se mantenga en el poder.
El fracaso a la hora de instalar un líder favorable a EEUU hace imposible seguir el modelo venezolano en Irán. Jeremy Shapiro, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, ha denominado esa estrategia "alteración de régimen en lugar de cambio de régimen".
Una política de alteración de régimen se enfoca en instalar a un líder que cumpla los deseos de EEUU. Pero hasta ahí llega la intervención. No hay un esfuerzo real por cambiar el sistema político subyacente.
Esa estrategia ignora en gran medida las aspiraciones de las fuerzas prodemocráticas en Irán y Venezuela. Pero tiene un atractivo evidente desde el punto de vista de Trump. El cambio de régimen le garantiza a EEUU una recompensa geopolítica y comercial inmediata, al tiempo que evita su involucramiento en la complicada y a menudo inútil tarea de reconstruir una nación.
Hasta ahora, la estrategia de alteración de régimen le ha funcionado bien a Trump en Venezuela. El país ha pasado, prácticamente de la noche a la mañana, de ser un colaborador cercano de Rusia, China e Irán a convertirse en un Estado satélite de EEUU. Doug Burgum, secretario del Interior de EEUU, acaba de visitar Venezuela con un grupo de líderes empresariales estadounidenses, con el objetivo de cerrar acuerdos sobre energía y minerales críticos. Fue recibido cordialmente por Rodríguez, mientras que su exjefe, Maduro, languidece en una cárcel estadounidense.
Pero la intervención militar estadounidense en Irán ya se ha alejado drásticamente del modelo venezolano. La captura de Maduro se realizó en cuestión de horas. El ataque a Irán lleva más de una semana, y Trump habla de una campaña de cuatro a cinco semanas y contempla el despliegue de fuerzas terrestres.
A diferencia de Venezuela, la guerra con Irán también se extendió rápidamente a toda la región, con más de una docena de países alcanzados por ataques con misiles o convertidos en blancos de éstos durante la primera semana del conflicto. Trump quería controlar rápidamente la situación y encontrar un líder "respetado y aceptable" para Irán. Pero esas esperanzas se han visto frustradas.
Las consecuencias económicas de la guerra con Irán también han sido inmediatas y dramáticas, con el aumento del precio mundial del petróleo tras el cierre efectivo del estrecho de Ormuz. Un aumento prolongado de los precios de la gasolina y una caída de los mercados aumentarían constantemente la presión política interna sobre la Casa Blanca. Con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina — y la coalición de seguidores acérrimos de Trump bajo presión —, quizás el presidente no tolere durante mucho tiempo una recesión económica provocada por Irán.
Si Trump enfrenta la disyuntiva de seguir escalando o buscar una salida rápida, su temperamento y sus intereses políticos apuntan a que intentará reducir sus pérdidas. Eso podría resultarle más fácil a este presidente que a todos sus predecesores más convencionales. Trump tiene una capacidad casi única para proclamar la victoria, incluso cuando ha perdido claramente. (Recordemos las elecciones presidenciales de 2020).
Pero limitarse a declarar la victoria en Irán y marcharse a casa podría no resultar tan sencillo. Hay alrededor de 40,000 soldados estadounidenses en la región, así como bases militares, activos económicos y aliados vulnerables. Trump pudo iniciar esta guerra en el momento que él decidió. Quizás no pueda ponerle fin en los mismos términos. La operación Furia Épica corre el riesgo de convertirse en un fracaso épico.
(Gideon Rachman. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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