Migrantes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua componen el 38% del total de migrantes con orden de deportación desde Estados Unidos. De cumplirse las deportaciones masivas de Donald Trump, solo en 2025 más de 200.000 centroamericanos serían devueltos a sus países de origen. ¿Tienen un plan los gobiernos para recibir a quienes retornen y resistir el golpe económico que implicaría la reducción de remesas? 

“Mire cómo traigo las muñecas. Me pusieron los grilletes hasta abajo, bien apretados”, narró un migrante salvadoreño sobre su duro viaje de repatriación a El Salvador a finales de enero pasado, en uno de los primeros vuelos con deportados bajo el segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos.

“No tengo nada, no tengo dinero, no tengo trabajo, no tengo las oportunidades que soñaba”, expresó desconsolado otro migrante hondureño al llegar de manera forzada a su país de origen a principios de 2025.

Son parte de los testimonios registrados por medios centroamericanos de los migrantes deportados en recientes días, todos marcados por la desesperanza y la incertidumbre.

El presidente estadounidense prometió en campaña que llevaría a cabo "la mayor deportación masiva en la historia" y, desde el primer día de regreso a la Casa Blanca, las imágenes de deportados han acaparado los canales oficiales señalando así la prioridad que ocupa este objetivo en la lista del Gobierno.

Sin embargo, cumplido el primer mes de Trump como presidente, la cifra de deportaciones (37.660) fue mucho menor que el promedio mensual de deportaciones durante la Administración anterior de Joe Biden (de más de 50.000), por lo cual Trump despidió al director interino del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) Caleb Vitello.

Al sur del continente, Centroamérica es uno de los principales destinos de estos vuelos de deportación, pues los migrantes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua componen el 38% del total de extranjeros en EE. UU. que tienen una orden de deportación lista para ser ejecutada.

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Algunos de los Gobiernos de dichas naciones han anunciado sus planes de asistencia humanitaria para recibir a sus migrantes repatriados, pero, de cumplirse el fuerte aumento de deportaciones prometido por Trump en lo que resta de su mandato, las posibilidades de una respuesta más robusta e integral en estos países de origen parecen ser pocas, aseguran especialistas en temas migratorios consultados por France 24.

Los entrevistados coinciden en que ninguno de estos países        está preparado para recibir a decenas de miles de personas de forma tan abrupta, sobre todo cuando la realidad es que la migración ha sido, por décadas, (y sigue siendo) una “válvula de escape” ante la falta de respuesta a las necesidades básicas de las poblaciones.

200.000 migrantes serían deportados de EE. UU. a Centroamérica en 2025

Más de 200.000 centroamericanos llegarían solo en 2025, calcula Manuel Orozco, investigador de Diálogo Interamericano especializado en Migración y Remesas.

El centroamericano es uno de los grupos en mayor riesgo de deportación: 75.000 guatemaltecos, 38.000 salvadoreños, 74.000 hondureños y 16.000 nicaragüenses. Juntos constituyen el 38% del total de extranjeros con una orden de deportación, según cifras oficiales.

En esta proyección de Orozco, de deportados centroamericanos solo en 2025 se incluye a quienes tienen órdenes de deportación, estatus temporales que serían revocados y quienes se hallan en completa irregularidad.

Son estimaciones probabilísticas, basadas en factores como los recursos gubernamentales disponibles para las redadas, y personas identificadas, porque, en realidad, no hay certidumbre sobre la cifra de deportaciones que logrará ejecutarse, aclara.

Esa cifra de 200.000 deportados a Centroamérica no es inédita, asegura el experto. Ya durante el primer mandato de Barack Obama (2009-2017) hubo un comportamiento similar de esfuerzos de deportación.

Sin embargo, la gran diferencia está en el perfil de los deportados. En aquel momento se trataba principalmente de quienes tenían récord criminal o de los detenidos en su intento por ingresar a territorio estadounidense, mientras que hoy están también personas vulnerables quienes ya están establecidas en Estados Unidos, individuos con vidas hechas, familias, trabajos, deudas, patrimonios.

Las redadas masivas para encontrar a migrantes en condición irregular en todo el país empezaron desde finales de enero de 2025.

El golpe de las remesas para Centroamérica 

El efecto más preocupante de estas deportaciones será una caída de las remesas en los países centroamericanos. “No tendrían un crecimiento el otro año y, como hay una dependencia fuerte de ellas, el producto interno bruto (PIB) se desaceleraría en por lo menos 0.5% (en cada uno de estos países)”, advierte Orozco.

El más afectado será Guatemala porque tiene más personas en riesgo de deportación. Las remesas representaron la quinta parte del PIB en 2024, según datos del Banco Central de Guatemala. Es el segundo país de América Latina que más ingresos por remesas registra, después de México, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Es posible que dichas remesas empiecen a disminuir en los próximos meses, producto de que los migrantes en EE. UU. tengan menos dinero disponible, al no salir a trabajar para evitar ser detenidos por agentes de ICE, explica Úrsula Roldán, directora del Instituto de Investigación en Ciencias Socio Humanistas de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala y miembro de la Red Jesuita con Migrantes.

La situación económica tampoco pintaría nada bien para los salvadoreños que dejarían de percibir remesas que rondan los 100 a 300 dólares mensuales, en un país cuyo 25% de su PIB depende de remesas, señala Celia Medrano, periodista especializada en Derechos Humanos y Migración.

En el caso de Honduras, donde más de 600.000 hogares dependen de las remesas, hay preocupación también por la merma de estos ingresos la cual, a su vez, implicaría una caída sensible en el consumo privado en todas estas naciones, indica Orozco. El retorno masivo de centroamericanos a sus países también provocará el aumento de las tasas de desempleo.

En Honduras, las autoridades anunciaron un programa masivo de empleo como parte del programa “Hermano, vuelve a casa”, un plan de recibimiento para los retornados. Pero, César Castillo, del Observatorio de Migraciones Internacionales de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), duda del alcance de esta iniciativa.

Considera que para lograr un verdadero impacto se requiere de información detallada para “identificar a estas poblaciones que están retornando y ver cómo se pueden atender” según su perfil, pues, en buena medida, se trataría de personas que, durante su larga estancia en EE. UU. “adquirieron destrezas y cualificaciones diferenciadas”, apunta.

"El país no está preparado para que estos migrantes se reincorporen"

En Guatemala, el programa de bienvenida de los deportados se llama "Retorno al Hogar" e incluye una fase para acercarlos a los programas ya existentes de vivienda, educación, empleo, pero Roldán señala que “la migración siempre ha sido una válvula de escape y el país no está preparado para cambiar esa condición, ni para que ya no haya más migrantes, ni para que estos migrantes (deportados) se reincorporen a la vida económica y social del país”.

En Nicaragua, las remesas fueron casi el 30% del PIB en 2024, principalmente provenientes de Estados Unidos, destino número uno de los nicaragüenses migrantes que han salido de manera masiva en los últimos siete años, desde el estallido de una crisis sociopolítica.

Gracias a un programa de parole humanitario establecido por el anterior presidente estadounidense Joe Biden, casi 100.000 de ellos llegaron en los últimos dos años de forma regular, pero ahora esos migrantes están en riesgo de deportación.

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El Gobierno nicaragüense hasta ahora no se ha pronunciado sobre el tema en específico, el presidente Daniel Ortega solo expresó recientemente su solidaridad “por la forma que están tratando a los migrantes que tenían años de estar asentados en los Estados Unidos”.

Inseguridad, un problema sin resolver que preocupa a los retornados

Castillo también señala que los mismos peligros que acechan a los hondureños, como las extorsiones, delincuencia, crimen organizado y asesinatos, serían también un problema para los retornados, particularmente para quienes habían emigrado recientemente por amenazas a su vida y que, de regresar a sus lugares de origen, podrían morir a manos de sus victimarios.

En Guatemala, Roldán no descarta que algunos de estos deportados terminen siendo reclutados por bandas criminales, sobre todo si no se les ofrece empleos con salarios dignos, una necesidad difícil de satisfacer con una economía altamente informal, complementa Orozco.

En el caso de El Salvador, Medrano señala que el régimen de excepción, que persiste tras tres años consecutivos en ese país como forma de combatir la inseguridad, es también un riesgo para los retornados.

“Un salvadoreño sabe perfectamente que si es acusado de cualquier tipo de delito, no va a tener garantías de un juez independiente que le garantice justicia”, tampoco tendrán esa seguridad migrantes de otras nacionalidades, comenta, refiriéndose a la posibilidad de que El Salvador funja como “tercer país seguro”.

En Nicaragua, por otro lado, existe un estado policial de facto y organizaciones de Derechos Humanos señalan que la represión estatal persiste en contra de quienes la autoridades consideren una amenaza.

Estos organismos han denunciado, además, destierros de facto, es decir, el impedimento de ingreso a nicaragüenses a su propio país. Ante esa posibilidad para quienes huyeron por persecución política, de ser deportados de EE. UU., Orozco cree que el actual Gobierno estadounidense podría deportarles a un tercer país.

¿Volver a migrar?

Todos los especialistas consultados coinciden en que una parte de estos deportados centroamericanos volvería a emigrar, algunos de regreso a Estados Unidos, otros a terceros destinos como México, algún otro país centroamericano o Europa, principalmente a España.

En el caso de México, parte de estos migrantes aplicarían a asilo en mayor número.

Las solicitudes de centroamericanos han crecido en los últimos años, ocupando Honduras el primer lugar en cantidad de peticiones en 2024 (con 27.888), según datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).

Puede que algunos lo hagan para establecerse permanentemente, o bien, de forma momentánea, esperando el momento para cruzar a Estados Unidos, el destino final, dice Medrano.

“Hay que hacer la pregunta: ¿Qué impacto en el largo plazo tendrán estas deportaciones que vaya a ser diferente a las deportaciones de los últimos 30 años? No veo una gran diferencia. En las fuentes de origen de la migración, realmente no hay cambio”, reflexiona Orozco.

Habrá mayor descontento en estas poblaciones, pronostica, por lo cual algunos volverán a salir. “No me voy a rendir. Sé que algún día volveré, porque allá (en Estados Unidos) tengo mi vida”, sentenció un migrante hondureño deportado recientemente.

Para Castillo, otra repercusión será el incremento de los costos y el peligro para quienes deseen volver a Estados Unidos pagando a “coyotes” o traficantes de migrantes.

Si hasta hace poco un migrante hondureño estaba pagando entre 12.000 y 15.000 dólares para su traslado a Estados Unidos de manera irregular, ahora, al ser más difícil cruzar la frontera por el aumento de controles y la vigilancia, (el costo) va a ser mucho más”, considera.

Mientras tanto, algunos en Centroamérica parecieran esperar que las promesas de Trump no lleguen a materializarse.

Roldán y Castillo mencionan que, tal como ocurrió en 2017 –al inicio del primer mandato de Trump–, es posible que estas fuertes políticas antimigratorias amainen en el segundo semestre de 2025, pues muchas empresas estadounidenses necesitan de la fuerza laboral extranjera.

Medrano, por su lado, considera que no se debe subestimar a Trump. “Nadie (de las autoridades en Centroamérica) está considerando estas métricas con seriedad. La realidad es que la tendencia va en esa dirección”, advierte Orozco.

France24

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