En 2021, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) instituyó la celebración del Día del Fútbol Femenino de la región, un día antes del Día Internacional de la Mujer y en la misma fecha en que se anunció, en 2009, la creación de la Copa Libertadores femenina. Cuatro años después de esa decisión, esta es la posición del fútbol practicado por mujeres en el área.
Sudamérica ha dado pasos enormes para alcanzar la visibilidad en el contexto global del fútbol femenino. A figuras consagradas como Marta, Bia o Christiane Endler se han sumado otras que han ganado protagonismo en las mejores ligas del mundo, como Mayra Ramírez y Linda Caicedo. Pero a nivel regional todavía quedan importantes desafíos por atender.
Uno de ellos es la profesionalización. En 2016, la Conmebol creó una norma dentro del reglamento de Licencia de Clubes, que obliga a los equipos que participen tanto en la Libertadores como en la Copa Sudamericana, a tener una plantilla femenina. Eso ha derivado en que los 10 países del área disputen en la actualidad ligas de mujeres. La estructura y estabilidad de esos torneos difieren en toda la región.
Precariedad y riesgo laboral siguen siendo la norma
El informe #NosotrasJugamos, un estudio del Observatorio en Gestión de Personas de la facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, reveló que menos de la mitad de las jugadoras tienen un contrato laboral formal, un tercio ni siquiera son remuneradas por su trabajo y tres cuartos deben tener un segundo empleo porque el fútbol no les reporta ingresos suficientes para mantenerse.
El estudio, publicado en 2023, se basó en encuestas a 1100 futbolistas de primera división de siete países sudamericanos, pero la muestra no incluyó a Brasil, que es el país donde más profesionalizado está este deporte en su versión femenina.
De acuerdo con las conclusiones del reporte, 46% de las jugadoras del grupo estudiado tienen contrato con sus clubes, mientras que otro 21% tiene un acuerdo escrito que no tiene valor contractual y 16% solo están amparadas por un acuerdo verbal.
Apenas 24% se dedica de forma exclusiva al fútbol, y es mayor la proporción de las que tienen un segundo empleo (25%), o estudian y/o trabajan además de jugar (51%).
La precariedad sigue siendo alarmante en el fútbol femenino sudamericano. Casi la mitad de las jugadoras encuestadas (49%) perciben por su desempeño deportivo una remuneración igual o menor al salario mínimo legal de sus respectivos países. El 24% está por encima de ese umbral, y un alarmante 27% no recibe ningún pago por jugar, o lo que es lo mismo, son amateurs en uno de los deportes más profesionalizados del mundo.
El informe también de cuenta de la situación de vulnerabilidad que persiste entre las mujeres futbolistas en las ligas de primera división estudiadas: 73% de ellas reconoce haber sufrido alguna forma de acoso sexual a lo largo de su carrera.
Esa cifra no incluye al campeonato brasileño, pero una investigación de la periodista Camila Alves entre 209 jugadores de primera, segunda y tercera división, arrojó como resultado que 52,1% de ellas han sido víctimas de acoso.
Un impulso insuficiente desde la cima
Las organizaciones que agrupan al fútbol mundial han dictado pautas para impulsar del desarrollo de la categoría femenina. Esas decisiones, lamentablemente, todavía no se reflejan del todo en una mayor profesionalización, y están a un abismo de distancia del renglón masculino.
La Conmebol, por ejemplo, ha aumentado sustancialmente la bolsa de premios ofrecida para la Copa Libertadores femenina. Ha sido un 1181% de incremento acumulado en los últimos cinco años, pero la bolsa para el equipo campeón es de 2 millones de dólares.
Es menos del 10% de los 23 millones que ganará el monarca masculino este año, y no alcanza un tercio de los 7 millones que se llevará el subcampeón.
Para Sudamérica, sin embargo, las oportunidades de impulsar de forma decisiva la posición de las mujeres en el fútbol está en un momento estelar, porque por primera vez un país de la región, Brasil, tiene la encomienda de recibir la Copa del Mundo.
De cara a ese evento, por primera vez habrá un proceso de eliminatorias propio. Hasta el Mundial de Australia y Nueva Zelanda, los cupos se entregaban de acuerdo con las posiciones finales en la Copa América.
Será un torneo de todos contra todos, igual que entre los hombres, pero en lugar de partidos de ida y vuelta, se jugará un encuentro único contra cada rival, a razón de cuatro en casa y cuatro de visitante, de acuerdo con una fórmula que Conmebol todavía no ha revelado.
Brasil estará exento en su calidad de país anfitrión, y los dos primeros de la tabla clasifican automáticamente. El tercero y el cuarto asistirán a repescas intercontinentales, contra confederaciones aún por definir.
Ligas cortas e inestables en unos países, torneos en auge en otros
La mayoría de los países sudamericanos siguen sin poder consolidar sus ligas femeninas. Brasil, el más sólido del área, tiene un campeonato de 16 equipos, y es el mayor ganador de Copa Libertadores, con 13 de los 17 títulos que se han entregado, incluyendo cinco para la potencia regional, Corinthians.
De Brasil es la dirigente mujer más destacada del mundo, la presidenta del Palmeiras Leila Pereira, que encabeza la directiva del equipo tanto masculino como femenino. Su equipo a exportado a talentos como Endick del Real Madrid, y acaba de sellar el contrato más caro del fútbol sudamericano, los más de 30 millones de dólares pagados al Barcelona por Vitor Roque.
La otra potencia regional del fútbol femenino a nivel de selecciones, Colombia, es un ejemplo de rezago con el desarrollo de una liga profesional. La Dimayor ha disputado solo ocho ediciones de tres o cuatro meses de duración, sin consistencia en los calendarios, a pesar del aporte gubernamental para desarrollar el fútbol de mujeres.
Pero otros países están marcando pauta en el desarrollo de sus ligas. Argentina permite seis refuerzos extranjeros por equipo, cuatro de ellas en cancha, y esa apertura ha derivado en que haya cerca de 50 importadas jugando en varios de los 18 clubes del campeonato, procedentes de países con torneos domésticos tan consolidados como Francia y Japón.
Ecuador tiene una Superliga de 12 equipos, y está ajustando la temporada para poner el evento al servicio de la selección nacional, que será la anfitriona de la Copa América a partir del 12 de julio.
Perú y Paraguay tienen torneos de Apertura y Clausura, con una fase final de eliminación directa entre los mejor clasificados de cada liga en el caso del primer país, y una Copa Paraguay adicional en el segundo.
Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata de ligas semiprofesionales, cuando no abiertamente amateurs, como en el caso de Uruguay.
Chile sienta un precedente importante. La entrada en vigor de la Ley de Profesionalización estableció plazos para la contratación de jugadoras, so pena de multas para los clubes que incumplan esos lapsos.
Para el segundo año de vigencia de ese instrumento, saltaron de solo 50 a más de 500 las futbolistas afiliadas a sus clubes por un contrato profesional, tanto en la Liga de Primera División como en la de Ascenso, de acuerdo con cifras de la Asociación Nacional de Jugadoras de Fútbol Femenino.
Incentivos para seguir creciendo
El Consejo de la FIFA aprobó en su sesión del 5 de marzo la creación de dos torneos que podrían terminar de dar un impulso decisivo a la profesionalización del fútbol en Sudamérica.
El primero de ellos es la Copa de Campeonas, que se inaugurará en 2026, y enfrentará a los seis clubes ganadores de los torneos de clubes de cada una de las confederaciones regionales, al estilo de la antigua Copa Intercontinental masculina.
El otro es el Mundial Femenino de Clubes, que originalmente se había anunciado para 2026, pero ahora está previsto para disputarse a partir de 2028, en una sede todavía por definirse.
La Conmebol tendrá dos cupos directos al Mundial de Clubes, y opción a una tercera plaza por la vía de los play-in.
Jill Ellis, directora ejecutiva de la FIFA, definió estos eventos como “motores para el futuro de nuestro deporte que elevarán los estándares”.
Sudamérica tiene mucho que mejorar para abordar con aspiraciones optimistas el carro guiado por esos motores. Experiencias como las de Perú, Chile y Ecuador podrían mostrar el camino correcto para aprovechar las nuevas oportunidades.
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