Cuando se habla de mujeres que cambiaron la historia dominicana, el nombre de Mamá Tingó ocupa un lugar especial. Madre, trabajadora incansable y defensora de los campesinos, se convirtió en un símbolo de la lucha por la tierra y los derechos humanos en República Dominicana. Su legado trasciende el ámbito familiar: hoy en el Día de las Madres es recordada como una de las figuras más importantes de la resistencia social dominicana.
Nacida como Florinda Soriano el 8 de noviembre de 1914 en Villa Mella, creció en condiciones de pobreza tras quedar huérfana a temprana edad. Desde niña trabajó junto a su abuela y sus hermanos para contribuir al sustento familiar.
Más adelante se estableció en Hato Viejo, donde cultivó la tierra junto a su esposo, Felipe Muñoz, y crió a sus hijos mientras complementaba los ingresos familiares con la venta de productos agrícolas y otros artículos en las calles de Santo Domingo.
Una madre que convirtió la defensa de la tierra en una causa de vida
La historia de Mamá Tingó está vinculada a la lucha campesina por el acceso a la tierra. Durante décadas, cientos de familias de Hato Viejo enfrentaron intentos de desalojo por parte de terratenientes que reclamaban extensas propiedades donde los campesinos habían trabajado durante generaciones.
Lejos de permanecer en silencio, Mamá Tingó asumió un papel de liderazgo dentro de las organizaciones campesinas.
Integró clubes de madres y la Federación de Ligas Agrarias Cristianas (FEDELAC), desde donde organizó movilizaciones y reclamos en defensa de las comunidades rurales. Su valentía la convirtió en una referencia para hombres y mujeres que exigían respeto a sus derechos en una época marcada por la represión política y los conflictos agrarios.


El crimen que la convirtió en símbolo nacional
El conflicto alcanzó su punto más crítico en 1974, cuando un terrateniente reclamó como propias unas 8,000 tareas de tierra trabajadas por familias campesinas de la zona. Mientras el caso era discutido en los tribunales, la tensión aumentó entre los agricultores y quienes buscaban expulsarlos de los terrenos.
El 1 de noviembre de ese año, Mamá Tingó fue asesinada de un disparo mientras defendía el derecho de los campesinos a permanecer en las tierras que cultivaban. Tenía 59 años.
Su muerte provocó indignación dentro y fuera del país y convirtió su nombre en un emblema de la lucha por la justicia social y los derechos de los trabajadores rurales.
Su frase más recordada resume la convicción que guio toda su vida:
“Para quitarme la tierra tendrán que quitarme la vida, porque mi vida es mi tierra y la tierra es de quien la siembra”.
Un legado que sigue vivo
A más de cinco décadas de su asesinato, Mamá Tingó continúa siendo una referencia obligada en la historia social dominicana. Su figura representa la fortaleza de las mujeres rurales, la defensa de los sectores más vulnerables y la búsqueda de una sociedad más justa.
En el marco del Día de las Madres en República Dominicana, su historia recuerda que la maternidad también puede expresarse a través de la protección de una comunidad, la defensa de los derechos colectivos y el compromiso con las futuras generaciones. Como madre, campesina y líder social, Mamá Tingó sembró una lucha cuyo fruto sigue presente en la memoria nacional.
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