Zurcir era, en la República Dominicana de 1844, un arte de mujeres: reparar con hilo invisible lo que estaba roto, devolver la forma a lo que el uso había gastado. Pero las mujeres de la gesta independentista no solo zurcieron telas. Zurcieron una nación. Cosieron en secreto la trama de una conspiración, fabricaron balas con planchas de plomo, escondieron pólvora entre sus faldas, guardaron los secretos que podían costar la vida de todos y, cuando hizo falta, empuñaron fusiles y cruzaron campos de batalla bajo fuego enemigo.
La historiografía dominicana, sin embargo, las zurcó a ellas: las hizo casi invisibles en el relato oficial. "El patriotismo no tiene género", sentenció la historiadora Reina Rosario, miembra de número de la Academia Dominicana de la Historia, en una entrevista especial del programa Mirada Femenina de Acento TV, transmitido este 27 de febrero con motivo del 182 aniversario de la independencia nacional. "Las mujeres participaron. Lo que pasa es que se ha registrado muy poco."
Lo que Rosario razonó y explicó durante la conversación fue mucho más que una corrección historiográfica. Fue un acto de justicia narrativa: devolver nombre, rostro y agencia a las mujeres que hicieron posible la república.
Las comunicadas: guardianas de todos los secretos
"No las llamaron trinitarias, aunque lo fueron. Las llamaron "las comunicadas", rescata Rosario, y su responsabilidad era, paradójicamente, mayor que la de los propios trinitarios. Mientras la estructura de La Trinitaria funcionaba en células de tres —cada miembro conocía solo a otros dos para evitar delaciones—, las comunicadas conocían los secretos de todos.
"Si un trinitario solamente conoce a tres para no delatar, pues esas comunicadas conocían los secretos de todos. Entonces es mayor la responsabilidad", explicó Rosario.
La primera de ellas fue Josefa Antonia Pérez de la Paz —Chepita—, madre de Juan Isidro Pérez, uno de los nueve trinitarios fundadores. Su rol puede parecer sencillo en la superficie: prestó su casa, frente a la iglesia del Carmen, para que allí se fundara La Trinitaria el 16 de julio de 1838. Pero Rosario puso esa decisión en perspectiva: "Esta mujer sabía que si se descubría esa reunión, todos iban a ser fusilados. Un desliz de esa mujer —ponerse nerviosa o denunciar esa reunión para salvar su vida— hubiera dado al traste con todo".
La astucia fue colectiva. Los conspiradores aprovecharon una procesión de la Virgen del Carmen: llegaron desde la catedral como si fueran a la iglesia, pero entraron a la casa de enfrente. Chepita veló, sirvió, animó. "Se necesita valentía para llevarle jugo y animar a esos jóvenes: sigan, sigan, y yo estoy velando", reconstruyó la historiadora.
Rosa Duarte: la primera historiadora de la nación
De todas las comunicadas, Rosa Duarte ocupa un lugar singular. No solo porque fue la hermana confidente de Juan Pablo Duarte —la primera persona a quien el Padre de la Patria reveló su proyecto independentista—, sino porque dedicó toda su vida a la causa de la república por derecho propio.
Rosario la reivindicó como la primera historiógrafa dominicana. Rosa tuvo la visión de preservar el diario de su hermano y escribir los Apuntes de Rosa Duarte, el documento que constituye "la fuente primaria número uno que se tiene para conocer las intimidades del proceso de nuestra independencia".
¿Por qué es tan valioso ese texto? Porque los trinitarios fueron perseguidos, y cuando las autoridades registraban las casas, las familias destruían todo documento comprometedor para salvaguardar vidas. "Eso pasó con la gran mayoría de los documentos que fueran valiosísimos en este momento", explicó Rosario. Rosa fue quien registró y pudo guardar.
Pero su legado va más allá de la escritura. Siendo ya anciana en el exilio, mantuvo contacto permanente con lo que ocurría en el país, cuidó a su madre y a su hermano enfermo, y tuvo una intuición que hoy parece profética: convenció —"casi lo obligó", dijo Rosario— a Duarte de hacerse una fotografía con Próspero Rey. Esa es la imagen que hoy conocemos del Padre de la Patria. Sin Rosa, no tendríamos ni el relato ni el rostro.
María Trinidad Sánchez: principios que no se negocian
Si Rosa Duarte fue la memoria, María Trinidad Sánchez fue la convicción llevada hasta sus últimas consecuencias. Rosario la situó en el "sitial más alto" entre las mujeres conocidas de la independencia, no solo por haberse convertido en mártir, sino por lo que hizo antes, durante y después de la proclamación de la república.
Fue ella quien, con visión estratégica, previó que los trinitarios necesitarían pólvora y la escondió entre sus ropas, plenamente consciente de que un fósforo cercano la haría explotar. Fue trinitaria "de carta cabal", como subrayó Rosario, y cumplió al pie de la letra el juramento de la organización: si los demás perecen y queda uno, esa persona tiene la responsabilidad de continuar con la misión.
Cuando los trinitarios fueron al exilio, María Trinidad Sánchez siguió gestando la estrategia. Fue apresada y condenada por conspirar contra el Estado. Bobadilla le ofreció salvar su vida a cambio de delatar a otros trinitarios. Su respuesta fue categórica: "Mi vida es menos valiosa que la de ellos."
Camino al paredón, se detuvo en el Parque Independencia —el mismo lugar donde un año antes había vivido el momento de gloria de la proclamación— y pronunció sus últimas palabras: "Cúmplase en mí tu voluntad y sálvese la república".
"No pidió perdón, no pidió clemencia, no salió una palabra de su boca", narró Rosario. El batallón encargado de ejecutarla no pudo completar la tarea; tuvo que intervenir otro militar. "Nunca se quebró, nunca se atemorizó".
La historiadora señaló una contradicción brutal: las mujeres en 1844 no eran ciudadanas —la ciudadanía femenina no se conquistó hasta 1942—, pero sí fueron fusiladas. "Para una cosa no tenían derecho, pero para fusilarlas sí."
Las que tomaron las armas: Juana Salttitopa, Baltasara y Petronila
La participación femenina no se limitó a la conspiración y el apoyo logístico. Hubo mujeres en los campos de batalla, aunque la historiografía de la época las invisibilizó o las calificó despectivamente como "varoniles".
Juana Saltitopa, "la coronela", se destacó en la batalla del 30 de marzo de 1844 en Santiago, la primera gran confrontación militar tras la declaración de independencia. En medio de la balacera, cruzaba el campo para buscar agua y enfriar los cañones. "Los hombres decían: '¿Pero y cómo lo logra?'", reconstruyó Rosario. "Cuando los hombres la veían, querían emularla y se ponían más valientes".
María Baltasara de los Reyes tomó un fusil la noche del 27 de febrero y se apostó a defender la muralla de la ciudad de Santo Domingo. Estuvo ahí también el 28, "porque las mujeres son precavidas, por si acaso", apuntó Rosario con una sonrisa que no ocultaba la admiración.
Y en la última batalla de la independencia, la de Sabana Larga, participó Petronila Gauz, una mujer que, según el historiador Roberto Martínez, "competía en valentía y en destreza con las armas junto a los hombres".
"Las mujeres no solamente cosían, no solamente cocinaban, no solamente llevaban recados, no solamente llevaban alimentos, sino que estuvieron ahí en esos frentes de batalla", resumió Rosario. "Las mujeres hicieron todo lo que el momento histórico les permitió hacer. Allí estuvieron."
El hogar como escuela de la república
Rosario iluminó otro rol decisivo y frecuentemente subestimado: el de las mujeres como educadoras en un país donde muy pocas sabían leer. Las que dominaban la lectura se convertían en maestras domésticas de sus hijos y sobrinos, transformando el hogar en escuela.
El caso emblemático es el de Manuela Díez, madre de Duarte, quien alfabetizó a sus hijos y les transmitió el amor por la formación, la dignidad y la espiritualidad. En dos ocasiones entregó todo su patrimonio para la causa de la república. "No es solamente Duarte el único revolucionario de esa familia", subrayó Rosario. Vicente Celestino Duarte, hermano del prócer, también fue trinitario.
Lo mismo ocurrió con la familia Sánchez. Socorro Sánchez, antes de que Francisco del Rosario Sánchez ingresara a los trinitarios, lo alentó con una frase que Rosario rescató: "Nuestra familia no tiene temor. Cuando se siente la necesidad de trabajar por la patria, hay que hacerlo." Las lecturas de María Trinidad Sánchez fueron las que inculcaron en su sobrino el pensamiento independentista.
De 1844 a la dictadura: un hilo de valentía que no se rompe
Rosario trazó un arco que conecta a las mujeres de la independencia con las luchadoras contra la dictadura trujillista, demostrando que la valentía de la mujer no fue un episodio aislado sino un hilo continuo en la historia dominicana.
Mencionó a Sina Cabral, una mujer que está viva y a quien calificó como "heroína nacional". Cabral fue torturada en la cárcel de La 40 durante la dictadura de Trujillo: la desnudaron, le apagaron cigarros en el seno, le aplicaron corriente eléctrica. "Esa mujer no dijo una sola palabra, pero tampoco le dio una lágrima a la dictadura", relató Rosario. Estuvo presa junto a las hermanas Mirabal durante tres meses. Cuando fue liberada, logró exiliarse en Argentina y luego en Nueva York, donde se reencontró con su hermano tras 12 años de separación.
El hilo se extiende también hacia las sufragistas de principios del siglo XX —Ercilia Pepín, Petronila Angélica Gómez Brea, Abigaíl Mejía—, quienes rescataron el legado de María Trinidad Sánchez como inspiración para la lucha por la ciudadanía femenina. "Para ellas, el pensamiento de María Trinidad Sánchez era como el de la hermana mayor", explicó Rosario.
Una memoria sin la cual no hay identidad
La historiadora cerró con una reflexión que trasciende la efeméride: el sesgo androcéntrico de la historiografía dominicana no es solo una omisión académica, sino una herida en la identidad colectiva.
"Eso significa que las mujeres no tenemos una memoria de la identidad femenina, porque la historiografía nos ha dejado sin esa memoria. Crecer, formarse sin ese relato identitario de qué hacían las mujeres en estos tiempos es sumamente limitante, porque se tiene la idea de que las mujeres estaban metidas en una casa."
No solo estaban en la casa. También escribieron poesía revolucionaria "que estremecía a la sociedad y hacía a la juventud ir a organizarse y enrolarse y luchar". Estuvieron en todos los roles. Y cuando la república las necesitó, no dudaron en dar la vida.
Gloria Reyes: "Hombres y mujeres juntos lucharon por la libertad"
La ministra de la Mujer, Gloria Reyes, envió un mensaje en el marco de la conmemoración: "En este 27 de febrero, cuando conmemoramos nuestra independencia nacional, es justo recordar que también las mujeres fueron parte esencial de este proceso. Hombres y mujeres juntas, juntos, lucharon para lograr la libertad y la soberanía."
A través de Mirada Fémina, Reyes mencionó a Rosa Duarte, Concepción Bona y María Trinidad Sánchez como mujeres que "junto a nuestros padres fundadores construyeron con coraje y determinación ese ideal de libertad e independencia", y llamó a honrar su memoria y el legado "desde el cual se construyó nuestra patria".
Zoraima Cuello: "Un legado de dignidad, valentía y visión de futuro"
La excandidata a la vicepresidencia Zoraima Cuello reflexionó sobre el significado vigente de la independencia: "Para mí la independencia nacional es mucho más que una fecha histórica, es un legado que vivimos todos los días, donde todo el que participó real y efectivamente nos deja un ejemplo de dignidad, de valentía y de visión de futuro."
Cuello destacó que la participación femenina "fue fundamental en todo este proceso" y recordó que mujeres como María Trinidad Sánchez, Concepción Bona y Rosa Duarte "en algunos casos pusieron en riesgo su vida, sus pertenencias, porque también creían en que una mejor patria era posible". Su invitación fue a que "como mujeres sigamos siempre poniendo en alto, enalteciendo nuestra República Dominicana". Este mensaje también fue compartido a través de Mirada Femenina.
Virginia Rodríguez: "La lucha pendiente nos recuerda la independencia"
La excandidata presidencial Virginia Rodríguez aportó una mirada que conecta la gesta de 1844 con los desafíos actuales: "Todas las grandes conquistas de derechos que realizan los pueblos las realizan en unión, en colectivo. Y por eso en la independencia el rol que jugaron tanto las mujeres como los hombres fue fundamental".
Rodríguez señaló que la independencia "nos invita a repensar la mejor versión de la República Dominicana que podemos ser, que en muchos sentidos sigue pendiente", y llamó a que "cada uno, hombres y mujeres, juguemos el rol de avanzar hacia esa mejor República Dominicana".
Mirada Femenina se transmite de lunes a viernes, de 7Am a 8AM, a través de Acento TV, canal 38.
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