Como era previsible, el proceso venezolano tiene partes que no se entienden, cinco días después de la operación que condujo a la extracción del presidente Nicolás Maduro de una residencia de alta seguridad en Caracas, Venezuela.
La capital venezolana está en completa calma. Se palpa un silencio sepulcral en Caracas, como si la ciudadanía tuviera temor y estuviera a la espera de un desenlace de algo que comenzó pero no termina de concluir.
El chavismo y el madurismo parecen golpeados, pero la vigencia del régimen en vez de tambalearse parece estabilizarse, con Delcy Rodríguez, con el silencio de Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. Es como si todo el mundo quisiera estar tranquilo, hasta ver la próxima jugada del “adversario”, para determinar la siguiente movida. Hay temor, pero hay deseos de continuar dirigiendo el país. Es posible eso, porque las armas, las fuerzas armadas, el movimiento popular interno es de los chavistas y maduristas, sin Chávez y sin Maduro, en donde valdría la pena ser flexibles, recibir ofertas y transar cuando haya posibilidad de sobrevivir.
Trump es locuaz y lo dice todo, o casi todo. Marco Rubio es más radical que Trump respecto de Venezuela y Cuba, y tiene ambiciones de “libertador”. Trump ha puesto en evidencia el pacto de Delcy Rodríguez con el gobierno de Estados Unidos. Internamente ella y quienes le sigan son transitorios. Ni Diosdado ni Vladimir han querido referirse a ella y a las políticas que aplica desde ya, narigoneada por Estados Unidos, el gran adversario del que se burlaban hace apenas unas horas.
Mientras Venezuela espera para ver los claroscuros en sus aguas, al apaciguarse la tensión por la operación militar de extracción del 3 de enero, Colombia comienza a responder los ataques directos de Trump. Gustavo Petro dice estar dispuesto a tomar las armas de nuevo, y a defender la soberanía de su país. Cuba pasa por una situación de extrema carencia de energía eléctrica y alimentación. La pobreza extrema es palpable, y solo han pasado unos días. Venezuela, bajo el control de Estados Unidos con Delcy Rodríguez, no podrá continuar transfiriendo recursos para que Cuba sobreviva. México está en expectativa, y su presidenta se expresa con gran claridad sobre la soberanía mancillada en Venezuela. Nicaragua tiene también su barba en remojo.
Este mundo ha cambiado y está en transformación. Hemos vuelto a las cañoneras, y la diplomacia ha caducado para dar paso al poder de las armas, al poder del dinero y al poder de las nuevas tecnologías.
Las acciones de Trump y sus halcones han puesto en evidencia su intrepidez y arrojo, para poner en marcha políticas agresivas, como ya demostró cooperando con Israel y atacando directamente instalaciones atómicas de Irán. Su patio trasero, América Latina y el Caribe, serán escenario para la nueva política de Seguridad Nacional como nueva Doctrina de Monroe con perfil de Donald Trump.
Consuela en esta zona que Trump y su equipo pongan su mira sobre Groenlandia, un territorio que pertenece a Dinamarca, y que Trump quiere conquistar militarmente, según las declaraciones iniciales, pero que ahora Marco Rubio dice que sea comprarle a Dinamarca. Las potencias europeas, incluyendo Alemania, Francia, Reino Unido, entre otros países miembros de la OTAN, defienden la unidad territorial de Europa y protegen a Dinamarca, pero el presidente de Estados Unidos dice que Europa es parte también de los países que financia y protege.
Por tanto, nadie en occidente tiene soberanía garantizada. Estados Unidos ya no se preocupa por la democracia, se lleva mejor con dictadores y gobiernos autoritarios y extremistas de derecha, a los que bendice y estimula. Nadie puede garantizar estabilidad hoy día, si no es aliado incondicional de Estados Unidos.
Frente a estos extremos el multilateralismo ha muerto. Los organismos de cooperación y coordinación, las normas mundiales establecidas por los acuerdos posteriores al final de la Segunda Guerra Mundial, han cesado y carecen de validez para Estados Unidos. Asia, con China e India a la cabeza, y en parte con Rusia, están protegidos por su poderío, su tecnología y su poder militar. Para Estados Unidos se trata de “iguales”, que crecen y quieren ocupar su lugar en el mundo, con las armas, las monedas, la intervención e influencia y la redefinición de las normas que hicieron poderosos a los Estados Unidos. Naciones Unidas ya no sirve, ni siquiera como escenario de debate. Europa como conjunto solo puede autoprotegerse, como sea posible. Ucrania es parte de Europa, pero Rusia no le permitió ser parte de la OTAN, y está invadida y en guerra.
Somos testigos de una redefinición del mundo como lo conocíamos. Este mundo ha cambiado y está en transformación. Hemos vuelto a las cañoneras, y la diplomacia ha caducado para dar paso al poder de las armas, al poder del dinero y al poder de las nuevas tecnologías.
Venezuela ha sido sólo un ensayo, porque tenía un líder o protagonista que era una caricatura de un liderazgo que fue pasado, pero que ahora se ha transformado en cartones animados danzantes y cómicos, para hacer reír, cuando lo que se requiere es un liderazgo con calidad y capacidad para articular respuestas inteligentes y valientes, que pongan freno al desenfrenado liderazgo de un abusivo y desequilibrante.
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