Los países de América Latina y el Caribe han comenzado, junto con la República Dominicana, a tomar medidas económicas y de protección de los ciudadanos más desprotegidos, ante la guerra en el Medio Oriente y sus consecuencias, con una escalada alcista en los precios internacionales del petróleo y de los fertilizantes y un comercio internacional afectado por la inestabilidad y la incertidumbre.

Era previsible que el inicio, en segunda versión, de esta guerra, patrocinada por Israel y los Estados Unidos, tendría consecuencias funestas para la economía mundial. En Estados Unidos el proceso inflacionario ha sido impactante, no solo en los combustibles, sino en los alimentos y servicios en general.

Sin mencionar los costos de una guerra de estas dimensiones. Hace apenas unos días el Pentágono solicitó al Congreso asignar, adicionalmente, a su presupuesto 200 mil millones de dólares para poder continuar con las acciones contra Irán.

Irán lleva muchos años en guerra. Tiene experiencia, y desde que los fundamentalistas chiitas tomaron en poder, al destronar al Chat Reza Pahlevi, en los años ochenta protagonizaron una prolongada guerra con Iraq, y aunque cesaron esas hostilidades, nunca han dejado de prepararse para repeler o empezar un posible conflicto bélico con Israel.

Como Israel posee armas atómicas, y para ser respetados y sobrevivir en un ambiente hostil, los líderes de Irán tuvieron muy claro que debían desarrollar armas nucleares. Lo han intentado. El gobierno de EE.UU, con Obama, pactó con Irán un acuerdo de no continuar desarrollando una posible bomba de alto poder, pero el 8 de mayo de 2018, Donald Trump, como presidente de los Estados Unidos, unilateralmente dejó sin efecto el acuerdo entre ambos países, dejando a Irán en libertad de continuar con el desarrollo de su poderosa arma de sobreviviencia.

Se recuerda que Trump anunció que Estados Unidos abandonaba el acuerdo y restablecía sanciones económicas contra Irán, deshaciendo el compromiso asumido en 2015 durante el gobierno de Barack Obama, quien había sido uno de los principales impulsores del acuerdo junto a otras potencias (Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China).

No es momento para demagogia ni populismo, la realidad demanda de un liderazgo consciente y responsable.

De modo que esta guerra se inició por errores cometidos por Estados Unidos, y en particular por su presidente Donald Trump en su primer mandato. El 13 de junio de 2025 pasado Israel inició ataques militares contra Irán, bombardeando instalaciones militares y nucleares. El 22 de junio Estados Unidos decidió intervenir directamente en apoyo a Israel, y atacó las instalaciones nucleares de Irán en tres lugares (Fordow, Natanz e Isfahan), y el 24 de junio se anunció un alto al fuego porque se había destruido toda la capacidad militar de Irán, y de producción de armas nucleares.

Y la guerra que en estos momentos enfrenta a EE.UU y a Israel contra Irán ha trastornado el comercio en la región de Oriente Medio, y sobre todo ha afectado el transporte de petróleo, gas y agroquímicos. Por vía de consecuencia han subido las tensiones y los temores y se ha afectado al comercio y a las economías en general.

Esa situación obligó al gobierno de República Dominicana a aumentar, en las últimas dos semanas, 15 pesos al precio de la gasolina. Como compensación, el presidente anunció numerosas medidas de protección de la economía popular, incluido 10 mil millones de pesos para subsidios, y mil millones para los fertilizantes que utilizan los productores agrícolas.

Pero República Dominicana no es un caso único ni aislado. Veamos:

El nuevo gobierno de Chile, encabezado por José Antonio Kast, anunció un alza histórica de combustibles por la guerra en Oriente Medio.

México, que es productor de petróleo, reactivó el subsidio a las gasolinas en medio del alza global del petróleo.

La estatal Sinopec, de la República Popular China, avisó a conductores ante la mayor subida del año del combustible en el país que más reservas ha acumulado en mucho tiempo.

Brasil, que también produce petróleo, ha dicho que el sector de combustibles pide más medidas al gobierno de Lula ante el riesgo de desabastecimiento.

Los países de Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Belice) están preocupados y han comenzado a tomar medidas preventivas ante la crisis en Oriente Medio con el alza del precio de las gasolinas.

En Europa prácticamente todos los países han comenzado a tomar medidas preventivas. Los daños a las refinerías de combustibles y gas en muchos países de Medio Oriente es grande, y las previsiones es que las reparaciones y restablecimiento de la producción se tomen meses y en algunos casos años.

No andamos descarriados, ni escurriendo el bulto. La crisis está planteada y hay que ser previsor como país ante una situación que nadie, en América Latina ni en el Caribe, puede detener. Las consecuencias en Estados Unidos, y la capacidad de resistencia de Irán, son factores clave en este asunto. Como cuando ocurrió la gran crisis financiera del 2008, o cuando surgió la crisis por la pandemia del Covid.

El país hace lo correcto para enfrentar una crisis que podría derivarse en una guerra más amplia. El deseo es que termine pronto y no haya mayores consecuencias que las ya previstas, que son muchas y desastrosas. No es momento para demagogia ni populismo, la realidad demanda de un liderazgo consciente, que enfrente los retos de esta crisis mundial con responsabilidad y firmeza.