La semana de rendición de cuentas ha llegado y con esta uno de los momentos más trascendentes en la vida institucional de la República Dominicana.
No se trata únicamente de un discurso presidencial, que es de trascendental importancia, sino de un ejercicio que reafirma la esencia de la democracia: el deber de los gobernantes de informar y el derecho de los ciudadanos de exigir transparencia.
Entre 2021 y 2026, el presidente Luis Abinader ha realizado cinco rendiciones de cuentas, una por cada año, siguiendo el mandato constitucional que establece que cada mandatario debe dirigirse al país cada 27 de febrero. Es una fecha más que simbólica que coincide con la conmemoración de la Independencia Nacional, que alcanza el próximo viernes 182 años de fraguada.
La democracia se mide no solo por la celebración de elecciones, sino también por la calidad de sus instituciones y la transparencia de sus gobernantes. La rendición de cuentas es un recordatorio de que el poder no es un privilegio, sino una responsabilidad.
Esta coincidencia no es casual. El 27 de febrero representa la soberanía y la libertad conquistada por los dominicanos, y es también el día en que se recuerda que el poder político debe estar siempre subordinado al pueblo. La rendición de cuentas, en ese sentido, es un acto de respeto a la historia y a la ciudadanía.
La democracia se fortalece cuando los gobernantes rinden cuentas de manera clara, detallada y honesta. Si bien se deben enumerar cifras y proyectos; se requiere explicar los avances, reconocer los desafíos y asumir responsabilidades frente a los problemas que aún persisten.
El discurso presidencial que se avecina debe incluir temas clave: la economía, la educación, la salud, la seguridad ciudadana, el medio ambiente y la política exterior. Cada uno de estos ámbitos impacta directamente en la vida de los dominicanos y merece ser abordado con profundidad y transparencia.
La ciudadanía espera escuchar compromisos concretos, más allá de promesas generales. Quiere saber cómo se enfrentarán los problemas cotidianos: el costo de la vida, el desempleo, la inseguridad, la corrupción y la desigualdad. La rendición de cuentas es la oportunidad de responder a esas inquietudes.
Es decir, la rendición de cuentas no es un acto unilateral. Es un diálogo entre el poder y la sociedad. Por eso, la ciudadanía debe sentirse parte de este proceso, con la posibilidad de evaluar, criticar y exigir que las palabras se conviertan en acciones.
La democracia se mide no solo por la celebración de elecciones, sino también por la calidad de sus instituciones y la transparencia de sus gobernantes. La rendición de cuentas es un recordatorio de que el poder no es un privilegio, sino una responsabilidad.
En definitiva, cada 27 de febrero es más que una fecha histórica: es un compromiso renovado con la democracia. La rendición de cuentas debe ser vista como un acto de respeto al pueblo dominicano, un ejercicio de memoria y un paso hacia un futuro más justo y transparente.
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