La coproducción industrial entre la República Dominicana y Haití ha sido impulsada gracias a los beneficios de la legislación HOPE-HELP. Acento acaba de publicar un amplio recuento de esa relación y de las implicaciones que tiene esa legislación, pendiente de aprobación nuevamente por el Congreso de los Estados Unidos.

Estos programas, aprobados por el Congreso de los Estados Unidos, proveen acceso preferencial, es decir una tasa de cero-arancel para una gran mayoría de productos de confección que cumplen con flexibles reglas de origen. Esta ley tiene como uno de sus más atractivos beneficios la creación de una cadena de insumos en la que República Dominicana y Estados Unidos juegan un rol critico: tejidos de origen norteamericano o elaborados en molinos textiles operando en nuestro territorio, componentes como material de empaque de fabricación dominicana, servicios logísticos y de transporte marítimo, así como el movimiento de contenedores a través de los puertos de la Florida.

HOPE-HELP trasciende las fronteras de Haití constituyendo un eje neurálgico ya que no solo refuerza la seguridad nacional del vecino país, sino que consolida la estabilidad fronteriza y de toda la región caribeña. Para la República Dominicana, que ha hecho tantas concesiones últimamente a Estados Unidos, es vital que se insista en su aprobación.

Actualmente, y muy a pesar de las múltiples situaciones que impactan la estabilidad socioeconómica de Haití, ese país sigue siendo un destacado fabricante de productos de confección. El 90% de sus exportaciones a los Estados Unidos lo componen prendas de vestir que se fabrican en diferentes partes de su geografía.  A pesar de todas las dificultades que la nación enfrenta, miles de haitianos acuden a fábricas que concentran la manufactura de diversos productos textiles para reconocidas empresas norteamericanas. Es así como CODEVI, por ejemplo, un parque industrial ubicado en Juana Méndez, región prácticamente aislada de los conflictos que perturban a Puerto Principe, a la fecha emplea a más de 16,000 haitianos, así como a un considerable número de dominicanos (por cada tres empleos generados en Haití uno se crea en RD), según han confesado los ejecutivos de esa empresa dominicana, y que opera en la frontera haitiana con la dominicana, próximo a Dajabón.

Este contraste es la respuesta a las necesidades de la industria textil y de la confección mundial, la cual demanda de bondades muy propias de Haití: abundante mano de obra y en muchos casos cercanía con el mercado, fundamentos que lo presentan como opción idónea a las empresas que enfrentan las dificultades de operar en los países del eje asiático.

Más importante aún, Haití es prácticamente el único país que en el caso de una emergencia sanitaria puede colocar en hospitales de EE. UU. y la región, equipo de protección personal en muy pocos días, como así lo hiciera durante la pandemia del COVID.

Este ensamblaje logístico-industrial es solo factible gracias a los beneficios que recibe Haití bajo la legislación HOPE-HELP, la cual concede una tasa de cero arancel a una gran mayoría de productos de confección que cumplen con flexibles reglas de origen. Ese programa fue renovado a principios de este año para vencer en diciembre del 2026.

Pero a pesar de los beneficios innatos de Haití, extender por tan solo un año la variable, quizás las más importante para dinamizar la ecuación, no incentiva el traslado de operaciones desde oriente hacia Haití. Es por lo que se requiere y se plantea una extensión de largo tiempo; o mejor aún, una permanencia de estos programas, convirtiéndolos de inmediato en el único y principal respaldo para garantizar cualquier gestión en favor de la estabilización de ese país.

La legislación HOPE-HELP puede ser la plataforma para el establecimiento de un programa como el que el congreso de EE.UU legislara en favor de Egipto y Jordania en 1996, para establecer los llamados “Qualifying Industrial Zones (QIZ)”,  con el propósito de promover la estabilidad y el desarrollo económico en esa región. Un programa similar, enfocado en la dinamización de la cadena de valor que hoy genera HOPE-HELP, tendría un impacto trilateral, fortaleciendo el intercambio comercial entre Haití, Estados Unidos y la República Dominicana, generando un eje para proteger el equilibrio geopolítico regional, y de manera muy particular nuestra frontera con el país vecino. El gobierno dominicano lo entiende, y solo falta que se establezcan las comunicaciones correspondientes para que el gobierno dominicano solicite ese apoyo, al gobierno del los Estados Unidos, que ha dicho y reiterado que es nuestro aliado.