Para Jorge Núñez, de 28 años, cuidar a sus hermanas desde niño le permitió conocer de cerca la responsabilidad de criar. Aunque no tiene hijos, considera que tenerlos implica mucho más que dinero: “Tener un hijo no es cualquier cosa”, sostuvo, al mencionar también la responsabilidad sobre su salud, educación y valores.

Julio Rosario, de 48 años, tiene un hijo de casi 16 años y calcula que destina alrededor de 100 pesos a su manutención. “Todo está caro. Es difícil mantener un hijo”, afirmó. Por el costo de vida, no contempla tener más hijos.

Emmanuel Fermín, de 21 años, estudiante de Medicina, quiere tener cinco hijos, pero espera hacerlo entre los 28 y 30 años, cuando haya avanzado en su carrera. Ariela de la Rosa, también estudiante de Medicina, contempla una decisión distinta: quiere esperar alrededor de 10 años y, si finalmente decide ser madre, tendría dos hijos.

República Dominicana registra 2.22 hijos por mujer, por encima del promedio de América Latina y el Caribe de 1.8; sin embargo, los nacimientos siguen descendiendo y las decisiones sobre cuándo y cuántos hijos tener están cada vez más vinculadas con ingresos, vivienda, educación y estabilidad laboral.

El costo de formar una familia no pesa igual en todos los hogares

La relación entre fecundidad y condiciones económicas adquiere relevancia en República Dominicana por las diferencias de ingresos que existen entre hogares y territorios.

La tasa de pobreza monetaria fue de 18.98 % en 2024, según las estimaciones del Ministerio de Hacienda y Economía.

El promedio nacional, sin embargo, según la región bajará o aumentará: Enriquillo registró una pobreza de 28.92 %, seguida de El Valle, con 26.2 %, y Ozama, con 22.73 %. También estuvieron por encima del promedio Higuamo, con 21.96 %, y Cibao Noroeste, con 19.89 %.

En el otro extremo estuvieron Cibao Nordeste, con 14.5 %; Cibao Norte, con 14 %; Valdesia, con 13.91 %, y Cibao Sur, con 12.3 %.

“Esta desigualdad económica es relevante para analizar la fecundidad porque la región latinoamericana muestra precisamente un patrón en el que la maternidad temprana y las mayores tasas de fecundidad se concentran con mayor frecuencia entre los grupos de menores ingresos y menor nivel educativo”, señala Clara Báez, demógrafa.

La especialista advierte que los procesos de reducción de la fecundidad han ocurrido de manera diferente entre grupos sociales.

En los sectores de menores ingresos, estos cambios han tardado más en producirse, incluso con políticas públicas dirigidas al control natal.

“Tal vez la racionalidad de la reproducción social es diferente para ricos y pobres y es necesario identificarla, analizarla para conocer sus motivaciones que, como todo hecho social, es complejo y multidimensional”, plantea.

Los datos muestran esa diferencia. Para 2019, República Dominicana registró una tasa de fecundidad de 3.3 hijos por mujer entre las mujeres del quintil I, el de menores ingresos, mientras que en el quintil V, el de mayores ingresos, fue de 1.9, una brecha de 1.4 hijos por mujer.

No es solo cuánto cuesta tener un hijo

El dinero es una parte de la ecuación, pero no explica por sí solo el descenso de la fecundidad.

Belquis Rodríguez, madre de tres hijas, tuvo a su primera hija a los 15 años y tuvo que interrumpir sus estudios para criarlas. Aunque reconoce las dificultades, recomienda tener hijos “en el tiempo indicado” y cuando existan mejores condiciones para asumir la maternidad.

El informe América Latina y el Caribe ante la baja fecundidad: tendencias y dinámicas emergentes, del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), vincula la reducción con una combinación de factores: mayor escolarización, especialmente de las mujeres; mayor participación femenina en el mercado laboral; acceso a métodos anticonceptivos y avances en igualdad de género.

Estos cambios han ampliado la capacidad de decidir cuándo y cuántos hijos tener y han favorecido la postergación de la maternidad.

El problema aparece cuando esas nuevas posibilidades de elección chocan con las condiciones materiales para formar una familia.

El informe de Celade advierte que las mayores oportunidades educativas y laborales de las mujeres no siempre han estado acompañadas de condiciones suficientes para conciliar empleo y familia.

La insuficiencia de servicios de cuidado infantil, las licencias de maternidad y paternidad y las dificultades para regresar al mercado laboral después de tener un hijo pueden elevar el costo económico y profesional de la maternidad.

Pero el demógrafo José Miguel Guzmán advierte que tampoco debe asumirse que mejorar las condiciones materiales o la igualdad de género hará aumentar automáticamente la fecundidad.

La experiencia reciente de países europeos y asiáticos con altos niveles de igualdad, así como los programas de apoyo a las familias implementados en países nórdicos, muestra que la fecundidad puede mantenerse baja incluso cuando existen políticas destinadas a facilitar la crianza.

Por eso, de acuerdo con los demógrafos, mejorar las condiciones para que las personas puedan formar una familia no necesariamente significa que aumentará el número de hijos.

República Dominicana todavía tiene más hijos por mujer que el promedio regional

En 2024, la tasa global de fecundidad dominicana se situó en 2.22 hijos por mujer de entre 15 y 49 años, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). El país ocupó así el sexto lugar entre los territorios de América Latina y el Caribe con mayor fecundidad, detrás de Haití (2.6), Bolivia (2.5), Honduras (2.5), Paraguay (2.4) y Guatemala (2.3).

Aunque República Dominicana está por encima del promedio regional, que fue de 1.8 hijos por mujer en 2024, también ha experimentado una reducción importante: pasó de 3.41 hijos por mujer en 1990 a 2.22 en 2024, una caída de 35.4 %.

La reducción regional ha sido todavía mayor. América Latina pasó de una tasa de fecundidad de 3.24 hijos por mujer en 1990 a 1.80 en 2024, equivalente a una disminución de 44.4 %.

La región ya se encuentra por debajo del nivel de reemplazo de 2.1 hijos por mujer, considerado por los demógrafos necesario para mantener una población estable si no se toma en cuenta la migración.

En República Dominicana, aunque la tasa todavía supera ese umbral, la tendencia apunta hacia una reducción.

Cada vez habrá menos nacimientos

Las proyecciones de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) muestran cómo esa menor fecundidad puede traducirse en una reducción progresiva de los nacimientos en República Dominicana.

Para este año se estiman 179,605 nacimientos. La proyección baja a 177,354 en 2027 y a 175,140 en 2028, una disminución de 1.3 % y 2.5 %, respectivamente.

Para la década de 2030, la ONE estima 171,135 nacimientos, alrededor de 10.6 % menos que en 2020, cuando se registraron 191,340; 12.3 % menos que en 2010, cuando fueron 195,235, y 18.9 % menos que en 2000, cuando alcanzaron 211,008.

La perspectiva de largo plazo es todavía más marcada. La ONE proyecta 147,507 nacimientos para 2050 y apenas 51,180 para 2100.

Si se compara esta última cifra con los 128,544 nacimientos registrados en 1950, los nacimientos proyectados para 2100 serían aproximadamente 60.2 % menores.

Menos nacimientos significan también una transformación en la estructura de la población. La reducción de la fecundidad se combina con una mayor esperanza de vida y acelera el envejecimiento poblacional.

En América Latina y el Caribe, la mitad de la población tenía menos de 18 años en 1950. Para 2024, la edad mediana había aumentado a 31 años y las proyecciones apuntan a que llegará a 40 años en 2050. En paralelo, la población de 60 años o más pasaría de representar 14.5 % en 2025 a 25.1 % en 2050.

El crecimiento será particularmente rápido entre las personas de 80 años y más, fenómeno conocido como “envejecimiento del envejecimiento”.

Para República Dominicana, el desafío será prepararse para una estructura poblacional con proporcionalmente menos niños y jóvenes y más adultos mayores. Esto tendrá implicaciones sobre el mercado laboral, la productividad, el sistema de pensiones, la salud, los cuidados y la demanda de bienes y servicios.

José Miguel Guzmán y Antonio Morillo advierten que el país no solo debe prepararse para que haya menos nacimientos, sino también para una sociedad con menos madres jóvenes y más madres mayores. Ese cambio modificará la familia y la distribución de las responsabilidades de cuidado.

EN ESTA NOTA

Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

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