La infraestructura que no vemos
Durante los últimos años hemos hablado de inteligencia artificial como si se tratara principalmente de aplicaciones como ChatGPT, Claude, Copilot o Gemini. Las empresas las utilizan para automatizar procesos, los estudiantes para resolver dudas y las organizaciones para analizar información. Esto crea la impresión de que participar en la revolución de la inteligencia artificial consiste simplemente en aprender a utilizar nuevas herramientas.
Sin embargo, detrás de cada respuesta generada en segundos existe una enorme infraestructura física compuesta por centros de datos, semiconductores avanzados, redes de fibra óptica, sistemas de almacenamiento, refrigeración y electricidad continua. La inteligencia artificial parece estar en la nube, pero la nube está construida sobre tierra, acero, cables, agua, chips y energía.
Esta realidad tiene profundas implicaciones para países como la República Dominicana. La próxima gran brecha económica podría no estar determinada únicamente por quién utiliza inteligencia artificial, sino por quién dispone de la infraestructura, los datos, el talento y la capacidad para adaptarla a sus propias necesidades. Un país puede adoptar herramientas avanzadas de IA y, al mismo tiempo, seguir dependiendo de proveedores extranjeros para generar valor económico.
La nueva brecha de resiliencia
El Banco Interamericano de Desarrollo ha señalado que una estrategia nacional de inteligencia artificial requiere mucho más que aplicaciones o programas de capacitación. También demanda conectividad, servicios en la nube, datos de calidad, ciberseguridad, capacidad de procesamiento, centros de datos, energía confiable, investigación y colaboración entre gobiernos, universidades y empresas. Todos estos elementos son interdependientes.
El Fondo Monetario Internacional ha descrito esta realidad como una “brecha de resiliencia de IA”: la creciente distancia entre los países que controlan o tienen acceso competitivo a modelos avanzados, capacidad de cómputo y ecosistemas de innovación, y aquellos que dependen de plataformas desarrolladas en otras partes del mundo.
La dependencia no es necesariamente un problema. Ningún país produce por sí solo todos los componentes de la economía digital. El problema surge cuando esa dependencia se convierte en vulnerabilidad. La resiliencia consiste en tener opciones, capacidad de negociación y conocimientos suficientes para decidir qué puede contratarse en el exterior y qué debe permanecer bajo control nacional.
La carrera ya no es solo tecnológica
Las principales potencias económicas ya entendieron que la inteligencia artificial es mucho más que software. Estados Unidos, China y Europa están realizando inversiones multimillonarias en centros de datos, capacidad computacional, semiconductores y sistemas energéticos para sostener el crecimiento de la IA.
La competencia global ya no gira únicamente alrededor de mejores algoritmos o investigadores más talentosos. También se libra en torno al acceso a electricidad, infraestructura digital, capacidad de procesamiento y cadenas de suministro tecnológicas. La inteligencia artificial se ha convertido en un asunto económico, industrial y geopolítico.
La oportunidad dominicana
La República Dominicana no parte de cero. Los acuerdos anunciados con NVIDIA para impulsar capacidades nacionales de inteligencia artificial y la colaboración con Google para fortalecer la conectividad internacional representan avances importantes para el ecosistema digital del país.
La construcción de nuevas infraestructuras de conectividad puede mejorar significativamente la posición dominicana como hub digital regional. Para una economía basada en servicios, turismo, logística y comercio internacional, disponer de conexiones rápidas y resilientes con los principales mercados del mundo constituye una ventaja estratégica.
Sin embargo, los cables transportan datos; no generan por sí solos innovación, software ni propiedad intelectual. Del mismo modo, un centro de excelencia puede formar personas, pero su impacto dependerá de que existan proyectos, empresas, investigación y capacidad computacional donde ese conocimiento pueda convertirse en valor económico.
El desafío de la energía
La energía constituye probablemente el principal desafío estructural para cualquier estrategia dominicana de inteligencia artificial.
Los centros de datos requieren electricidad continua, estable, predecible a un precio competitivo. Una interrupción ocasional puede representar un inconveniente para una oficina tradicional, pero para una infraestructura digital crítica puede traducirse en pérdidas económicas significativas.
La expansión de las energías renovables ofrece oportunidades importantes para el país. Sin embargo, atraer infraestructura digital de gran escala también exige fortalecer las redes de transmisión, ampliar la capacidad de almacenamiento energético y garantizar un suministro confiable a largo plazo. Una estrategia nacional de inteligencia artificial que no esté coordinada con la política energética nacerá incompleta desde el principio.
El otro cuello de botella: el talento
El segundo gran desafío es el capital humano. La República Dominicana necesita mucho más que usuarios capaces de interactuar con ChatGPT u otras plataformas de IA. Necesita ingenieros de datos, especialistas en aprendizaje automático, arquitectos de nube, expertos en ciberseguridad, técnicos de centros de datos e investigadores capaces de transformar tecnología en productividad e innovación.
También necesita reforzar la investigación universitaria. Sin laboratorios, acceso a capacidad computacional, proyectos de investigación y carreras profesionales atractivas, muchos de los profesionales más capacitados terminarán trabajando a distancia para empresas extranjeras. Eso puede generar ingresos individuales importantes, pero no necesariamente construye un ecosistema nacional de innovación.
La verdadera medida del éxito no será el número de certificados otorgados, sino la cantidad de empresas creadas, soluciones desarrolladas, investigaciones producidas y problemas nacionales resueltos mediante inteligencia artificial.
Donde la IA puede generar valor
La oportunidad dominicana no consiste en construir el próximo ChatGPT ni en competir con los gigantes tecnológicos globales. Consiste en aplicar inteligencia artificial a sectores donde el país posee conocimiento, experiencia y acceso a datos que otros no tienen.
Las ventajas competitivas del futuro no provendrán únicamente de los algoritmos. Cada vez más provendrán de los datos con los que esos algoritmos se entrenan y de la capacidad para adaptarlos a contextos específicos. Los grandes modelos globales son poderosos, pero suelen estar diseñados para responder a necesidades generales. Comprenden menos las particularidades económicas, culturales y operativas de países pequeños o de regiones específicas de América Latina y el Caribe.
Ahí existe una oportunidad para la República Dominicana. Un sistema entrenado con datos dominicanos sobre turismo, logística portuaria, fraude financiero, agricultura tropical, gestión del agua o respuesta ante fenómenos meteorológicos puede ofrecer resultados más precisos para estos sectores que un modelo genérico desarrollado en otro continente. Lo mismo ocurre con soluciones construidas a partir de datos regionales de América Latina y el Caribe, donde los patrones económicos, regulatorios y sociales difieren significativamente de los observados en Estados Unidos, Europa o Asia.
En turismo, por ejemplo, la República Dominicana dispone de décadas de experiencia y grandes volúmenes de información sobre preferencias de visitantes, ocupación hotelera, movilidad y comportamiento del consumidor. En el sector financiero existen datos valiosos para fortalecer modelos de prevención del fraude, evaluación de riesgos e inclusión financiera. En logística y puertos pueden desarrollarse sistemas optimizados para las cadenas de suministro del Caribe. Y en áreas como agricultura, salud pública, gestión del agua o respuesta ante huracanes pueden generarse soluciones especialmente diseñadas para condiciones tropicales y economías insulares.
La economía de la inteligencia artificial probablemente recompensará más a quienes dispongan de datos relevantes y capacidad para convertirlos en soluciones especializadas que a quienes simplemente consuman herramientas desarrolladas por terceros. La oportunidad para la República Dominicana no está en crear el modelo más grande del mundo, sino en desarrollar algunos de los mejores modelos y aplicaciones para resolver problemas concretos del Caribe y de América Latina.
De esa manera, el país podría pasar de ser únicamente usuario de inteligencia artificial a convertirse también en creador de conocimiento, propiedad intelectual y servicios exportables.
Una agenda realista para avanzar
El siguiente paso debe ser convertir los acuerdos tecnológicos existentes en una hoja de ruta pública, medible y orientada a resultados.
La estrategia nacional debería coordinar energía, conectividad, datos, talento, investigación e infraestructura digital. También debería facilitar el acceso compartido a capacidad computacional para universidades, emprendedores, startups, instituciones públicas y pequeñas empresas que no cuentan con los recursos de los grandes grupos económicos.
Igualmente importante será avanzar hacia una política nacional de datos que permita aprovechar responsablemente la información disponible, garantizando calidad, interoperabilidad, seguridad y gobernanza. Sin datos confiables y accesibles, no habrá inteligencia artificial dominicana, aunque dispongamos de la mejor infraestructura tecnológica.
La verdadera pregunta
La República Dominicana tiene ante sí una oportunidad excepcional para convertirse en un nodo regional de conectividad, innovación y servicios digitales. Su ubicación geográfica, sus vínculos con Estados Unidos, la expansión de las energías renovables y las recientes alianzas tecnológicas ofrecen condiciones favorables para lograrlo.
Pero un cable submarino no crea automáticamente un ecosistema tecnológico. Un centro de excelencia no garantiza innovación. Y una estrategia de inteligencia artificial no puede sostenerse sobre una infraestructura energética insuficiente, sin investigación, sin datos de calidad y sin talento especializado.
La pregunta ya no es si utilizaremos inteligencia artificial. Eso ya está ocurriendo.
La verdadera pregunta es cuánto valor económico, conocimiento y propiedad intelectual permanecerán en la República Dominicana cuando la utilicemos.
Porque sin energía, datos, talento y capacidad de cómputo podremos tener inteligencia artificial en la República Dominicana, pero difícilmente tendremos una inteligencia artificial dominicana.
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