Durante muchos años se pensó que la principal función de un consejo de administración consistía en revisar estados financieros, aprobar presupuestos y supervisar el cumplimiento de las políticas internas. Sin embargo, el mundo empresarial ha cambiado a una velocidad sin precedentes y hoy esa visión resulta claramente insuficiente.
La verdadera misión de un consejo moderno no es administrar el pasado, sino construir el futuro.
Esta reflexión cobra especial relevancia en un entorno marcado por la inteligencia artificial, la transformación digital, los riesgos cibernéticos, los cambios regulatorios, las tensiones geopolíticas y unas expectativas sociales cada vez mayores sobre el papel que deben desempeñar las empresas. En este nuevo escenario, las juntas directivas y los consejos de administración están llamados a evolucionar desde un rol eminentemente fiscalizador hacia uno mucho más estratégico.
Una organización puede exhibir excelentes resultados financieros y, al mismo tiempo, estar incubando los riesgos que comprometerán su supervivencia en cinco o diez años. De hecho, uno de los mayores enemigos de la institucionalización empresarial es precisamente el éxito del presente. Cuando las cifras acompañan, muchas veces disminuye la capacidad de cuestionar el modelo de negocio y de anticipar las disrupciones que ya se están gestando.
En el sector bancario esta realidad adquiere una dimensión aún mayor. Los bancos administran el ahorro del público y son piezas fundamentales para la estabilidad económica del país. Por ello, sus consejos de administración tienen una responsabilidad que trasciende el interés de los accionistas: deben preservar la confianza en el sistema financiero. Una mala decisión estratégica, una deficiente cultura de riesgos o una supervisión insuficiente pueden generar consecuencias que impacten no solo a una entidad, sino a miles de familias, empresas y a la economía en su conjunto.
La experiencia internacional demuestra que las grandes crisis financieras rara vez se originan por la falta de regulación. Generalmente tienen su origen en fallas de gobernanza. Consejos que no hicieron las preguntas correctas, que aceptaron niveles excesivos de riesgo o que permitieron que la presión por los resultados de corto plazo desplazara la prudencia que exige la actividad bancaria.
Por ello, un consejo efectivo debe reservar espacios específicos para hablar del futuro. No basta con revisar indicadores de rentabilidad, crecimiento de cartera o niveles de solvencia. También debe preguntarse si la entidad está preparada para enfrentar un ciberataque, una crisis reputacional en redes sociales, una transformación acelerada de los servicios financieros por la inteligencia artificial o cambios regulatorios derivados de nuevas amenazas globales.
La banca dominicana ha demostrado durante décadas una notable fortaleza institucional, apoyada en un marco regulatorio prudencial robusto y en una supervisión basada en riesgos que ha contribuido a mantener la estabilidad del sistema incluso en momentos de incertidumbre internacional. Sin embargo, precisamente porque el sistema goza de buena salud, los consejos de administración tienen el deber de evitar uno de los mayores riesgos de cualquier organización: la complacencia.
El futuro de la banca ya no dependerá exclusivamente del tamaño de sus activos o de su participación de mercado. Dependerá de la capacidad de sus órganos de gobierno para liderar la transformación digital, atraer talento, gestionar riesgos no financieros, fortalecer la ciberseguridad y mantener una relación de confianza con clientes cada vez más informados y exigentes.
La gestión integral de riesgos, en consecuencia, no puede seguir siendo vista como una función exclusivamente regulatoria o de cumplimiento. Debe convertirse en una herramienta estratégica para la toma de decisiones. Los mejores consejos no son aquellos que reaccionan con eficiencia ante las crisis, sino los que desarrollan la capacidad de identificarlas antes de que ocurran.
Existe además un aspecto que adquiere cada vez mayor relevancia: la responsabilidad fiduciaria ampliada. Tradicionalmente se entendía que el deber del consejero era proteger los intereses de los accionistas. Hoy el concepto ha evolucionado. La empresa genera compromisos con sus colaboradores, clientes, proveedores, reguladores, comunidades y con la sociedad en su conjunto. La sostenibilidad de una organización depende de mantener la confianza de todos esos grupos de interés.
En el caso de las entidades financieras, esa confianza constituye el principal activo intangible. Los clientes depositan sus ahorros porque creen en la solvencia de la institución; los accionistas aportan capital porque confían en la calidad de su gobierno corporativo; y los reguladores permiten mayores espacios de innovación cuando perciben una cultura sólida de cumplimiento y prudencia. En definitiva, la confianza es el verdadero capital de la banca.
Quizás la pregunta más importante que debería hacerse cualquier consejo de administración no es cuánto ganó la empresa este año, sino si las decisiones adoptadas hoy permitirán que la organización continúe siendo relevante dentro de cinco o diez años.
Porque los consejos de administración no administran únicamente activos, balances o indicadores financieros. Administran algo mucho más valioso: la confianza y el futuro de las instituciones.
En el caso particular de la banca, administran además uno de los bienes públicos más importantes para el desarrollo de cualquier nación: la estabilidad del sistema financiero. Allí radica la enorme trascendencia de una buena gobernanza corporativa y el papel insustituible de los consejos de administración como verdaderos guardianes del futuro.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram
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