La "Fortaleza Norteamérica" es la respuesta de Ottawa después de ser excluida de las negociaciones para un nuevo pacto con EEUU y México.
Canadá ha pasado de una postura desafiante a promover la idea de una "Fortaleza Norteamérica" para ganarse al presidente estadounidense Donald Trump, quien ha excluido a Ottawa de las conversaciones sobre el bloque comercial más valioso del mundo.
El primer ministro Mark Carney y el primer ministro de Ontario, Doug Ford —quienes han criticado abiertamente las políticas comerciales de Trump— están promoviendo los beneficios de la integración económica regional de cara a la fecha límite del 1 de julio para revisar el Tratado entre México, EEUU y Canadá (T-MEC).
El lunes, Ford viajará a Washington para reunirse con funcionarios estadounidenses y "lanzar la iniciativa de la Fortaleza Norteamérica", descrita por su oficina como "una visión audaz sobre cómo Canadá, EEUU y México pueden trabajar juntos".
Canadá está señalando que desea una colaboración más estrecha con EEUU, su mayor socio comercial, y que está dispuesta a aceptar condiciones más estrictas para el comercio en la región. La estrategia anterior de Ottawa se centraba en duplicar el comercio con socios distintos a EEUU, como Europa, Asia o los países del Mercosur.
Aunque EEUU ya ha iniciado conversaciones con México, Canadá ha permanecido al margen desde que Ford, de Ontario, lanzó una campaña publicitaria contra los aranceles que molestó a Trump en octubre.
La semana pasada, Trump emprendió una serie de acciones comerciales mientras su administración buscaba reimponer nuevos aranceles a sus socios comerciales, después de que el máximo tribunal de EEUU anuló los gravámenes anteriores del presidente.
A finales del mes pasado, Carney les dijo a ejecutivos de Wall Street que "una Canadá fuerte ayudará a hacer grande a EEUU otra vez", en un momento en que aumentaban las tensiones por los planes estadounidenses respecto al T-MEC.
En abril, el secretario de Comercio de EEUU, Howard Lutnick —quien ha criticado reiteradamente a Canadá— describió al T-MEC como un "mal acuerdo" que debe reformularse cuando comiencen las nuevas negociaciones en julio.
El T-MEC abarca un volumen anual de comercio de bienes y servicios entre Canadá y EEUU de aproximadamente CA$1,3 billones (US$933 mil millones) y protege una gran parte de las exportaciones canadienses de los aranceles de Trump.
Combatir la hostilidad estadounidense
Tras ganar las elecciones con la promesa de combatir la hostilidad estadounidense, Carney declaró a principios de mayo que "Canadá sigue abierta a una integración más profunda, incluyendo opciones para establecer una Fortaleza Norteamérica en sectores seleccionados".
Este cambio de enfoque se produce después de que Steve Verheul, exjefe negociador comercial de Canadá, declarara recientemente ante un comité del Senado que el país podría quedar "estancado durante un periodo considerable" en lo que respecta a la revisión programada del T-MEC.
México también se enfrenta a presiones de EEUU, que ha propuesto nuevas normas estrictas destinadas a excluir los componentes chinos del mercado automotriz norteamericano.
Michael Camuñez, exsubsecretario de Comercio de EEUU, afirmó que la posición negociadora de Ottawa era "inherentemente más difícil" que la de México.
"México y EEUU parecen haber encontrado una vía de trabajo más práctica, mientras que Canadá sigue lidiando con una relación política mucho más fría con Washington", señaló.
La Casa Blanca ha criticado a Carney por reactivar las relaciones con China y ha expresado su malestar por el elogiado discurso que pronunció en Davos, Suiza, en el que describió una ruptura global provocada por las políticas estadounidenses.
Brian Kingston, presidente de la Asociación de Fabricantes de Vehículos de Canadá, declaró que el T-MEC es fundamental para que su industria pueda competir a nivel mundial.
"Canadá necesita sentarse a negociar lo antes posible", afirmó.
Por su parte, Goldy Hyder, presidente del Consejo Empresarial de Canadá, señaló que, a pesar de las tensiones, los negociadores mantienen conversaciones a puerta cerrada.
Pese a los esfuerzos de Ottawa por congraciarse con Washington, la semana pasada Trump volvió a referirse a Canadá —como suele hacer habitualmente— como el "estado número 51″ de EEUU.
El miércoles, Ottawa anunció un cambio de política respecto a un impuesto adicional del 15 % aplicado a los servicios de streaming estadounidenses, destinado a financiar la producción de contenido local para el público canadiense.
En junio del año pasado, Carney había eliminado un impopular "impuesto a los servicios digitales" que estaba dirigido a empresas estadounidenses como Meta, Netflix y Amazon, en un intento por suavizar las relaciones con EEUU.
Sin embargo, retirar dicho impuesto solo dio lugar a "una lista interminable y mal definida de condiciones previas por parte de EEUU para iniciar las conversaciones", comentó Kenneth Frankel, presidente del Consejo Canadiense para las Américas.
"Para el gobierno canadiense resulta muy difícil luchar contra sombras frente a ese tipo de régimen en Washington", afirmó Stephen de Boer, exrepresentante permanente de Canadá ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Independientemente de con quién hablen los negociadores canadienses, "todo lo decide Trump", afirmó.
(Ilya Gridneff. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
Compartir esta nota