Los trabajadores estadounidenses muestran un pesimismo creciente sobre la economía del presidente Donald Trump. La combinación de una guerra en curso con Irán, precios de combustibles en alza y el agotamiento del impulso fiscal está erosionando el poder adquisitivo de millones de familias, especialmente las de menores ingresos, de acuerdo al experto Myles McCormick para The Financial Times.
Confianza en caída libre
El índice de confianza del consumidor de la Universidad de Míchigan cayó un 7,6 % en agosto, hasta ubicarse en 51 puntos, revirtiendo dos meses de recuperación desde el mínimo histórico de 44,8 registrado en mayo. La caída fue más pronunciada entre adultos mayores, personas sin título universitario y hogares de bajos ingresos.
"Los elevados precios de la gasolina están afectando de manera desproporcionada a los consumidores de bajos ingresos, mientras que el aumento de la riqueza financiera y una política fiscal más laxa están ofreciendo un impulso a los hogares de altos ingresos", señaló Sara Godfrey, de Oxford Economics.
En una señal de alerta política para Trump de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre, la caída fue más pronunciada entre los propios republicanos, cuya confianza se encuentra ahora un 19 % por debajo de los niveles previos al inicio del conflicto con Irán.
Ventas minoristas: la mayor caída en más de un año
Las cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos confirmaron que los consumidores redujeron su gasto en julio: las ventas minoristas cayeron un 0,6 % respecto al mes anterior, la mayor contracción en más de doce meses. El gasto en supermercados bajó casi un 2 % en términos reales interanuales, a medida que el alza en alimentos y energía, sumada a los recortes en programas de beneficios sociales, obliga a muchas familias a ajustar su consumo.
"Es difícil para los estadounidenses menos pudientes. La realidad es que la inflación es simplemente el impuesto más regresivo que existe", afirmó Diane Swonk, economista jefa para Estados Unidos en KPMG.
La guerra agrava la presión inflacionaria
El conflicto con Irán ha sido el principal motor del alza de precios en 2026. La inflación anual tocó un máximo de tres años del 4,2 % en mayo, y aunque retrocedió al 3,4 % en julio, los consumidores anticipan un nuevo repunte: esperan un aumento del 4,3 % en los precios durante el próximo año, frente al 3,4 % que proyectaban antes del conflicto.
Esa presión ha empujado a la Reserva Federal a elevar las tasas de interés, encareciendo el crédito a largo plazo y las hipotecas. El presidente de la Fed de Boston advirtió esta semana que los estadounidenses de menores ingresos tienen dificultades para "llegar a fin de mes".
Trump insiste en que la economía "está en auge"
El presidente ha rechazado las señales de alarma y atribuye la inflación a la administración anterior. Ha presionado a los supermercados para que bajen precios y acusó a las empresas energéticas de especulación. Sin embargo, los analistas advierten que lo peor podría estar por venir.
"El impulso a los flujos de caja de los hogares proveniente de las devoluciones de impuestos ya desapareció, los precios más altos de la energía seguirán presionando sus finanzas y la tasa de ahorro personal tiene poco margen para seguir cayendo", advirtió Oliver Allen, de Pantheon Macroeconomics. "Los datos sugieren que se avecina una desaceleración más pronunciada del gasto".
Compartir esta nota