En un artículo publicado en Project Syndicate y reproducido por medios como Taipei Times y Perfil, el reconocido economista James K. Galbraith —profesor de la Escuela de Asuntos Públicos LBJ de la Universidad de Texas en Austin— plantea una pregunta que resuena con fuerza en el debate internacional: ¿cómo es posible que Estados Unidos haya lanzado una guerra contra Irán apenas tres meses después de publicar una Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) que expresaba una "clara preferencia por la no intervención en los asuntos de otras naciones"?

El artículo, titulado "La madre de las derrotas eternas" (The Mother of Forever Defeats), disecciona lo que Galbraith considera una brecha abismal entre la estrategia declarada y la política ejecutada, y advierte que sus consecuencias podrían ser irreversibles para la posición global de Estados Unidos.

Una estrategia "extraordinaria" hecha trizas

Galbraith recuerda que la ESN publicada en noviembre de 2025 fue un documento "extraordinario, de gran alcance y diferente a cualquier otra" desde la era de George H. W. Bush. En ella, la administración Trump fundamentaba la grandeza estadounidense en sus ideales fundacionales y citaba la Declaración de Independencia para establecer una preferencia por la no intervención.

El documento era explícito sobre Medio Oriente: "A medida que esta administración aumente la producción energética estadounidense, la razón histórica por la que Estados Unidos se centra en Oriente Medio irá desapareciendo". Más aún, proclamaba que la región estaba "emergiendo como un lugar de colaboración, amistad e inversión".

Sin embargo, el 28 de febrero de 2026, Estados Unidos atacó a Irán. Como señala Galbraith, se trata de un país "4,6 veces más grande que Alemania, con más de 90 millones de habitantes", un "Estado civilizado con un amplio arsenal de misiles y drones, y un profundo compromiso patriótico y religioso". Atacarlo, advierte, "equivale a iniciar la guerra más larga de todas".

El Golfo Pérsico: una expulsión consumada

El análisis de Galbraith se apoya en hechos que la cobertura internacional ha documentado ampliamente en las últimas semanas. El estrecho de Ormuz —por donde transita aproximadamente el 20% del crudo y gas natural del mundo— quedó efectivamente cerrado al tráfico marítimo occidental, japonés, surcoreano e israelí, según reportó NPR.

Irán logró el cierre no mediante una armada convencional, sino con drones de bajo costo y el minado del estrecho, como confirmó CNN. Más de 200 petroleros quedaron varados y el precio del crudo Brent se disparó por encima de los 100 dólares el barril, según Eagle Intelligence.

Las bases estadounidenses en la región del Golfo Pérsico, señala Galbraith, "han sido parcialmente destruidas o inutilizadas". Su conclusión es tajante: "Estados Unidos ya ha sido expulsado, de una vez por todas, del Golfo, aunque esto quizás aún no sea evidente para los funcionarios estadounidenses ni para la opinión pública".

Tres hipótesis sobre el colapso estratégico

Ante la "enorme brecha entre estrategia y política", Galbraith plantea tres posibles explicaciones:

  1. El gobierno ya no funciona como tal: es incapaz de idear, anunciar, implementar y ejecutar una estrategia coherente, "algo que se supone que deben hacer los gobiernos de verdad".
  2. Un golpe de Estado silencioso: el gobierno que existía hasta hace tres meses habría sido reemplazado por un régimen diferente que utiliza a Trump como "figura decorativa". "Algo parecido a Venezuela, pero sin los helicópteros", ironiza Galbraith.
  3. La retirada forzada: que Estados Unidos termine exactamente donde preveía la ESN de noviembre —retirado de Medio Oriente, reconociendo los límites de su poder—, pero por la vía más costosa: "la humillación de una brutal derrota militar, la pérdida de aliados y el daño duradero a la economía global".

El impacto económico global ya se siente

El artículo de Galbraith cobra especial relevancia en un contexto donde las consecuencias económicas del conflicto son tangibles. Las reservas mundiales de petróleo han disminuido, y analistas advierten sobre una grave escasez de gas, fertilizantes y, eventualmente, alimentos.

The Conversation ha señalado que "geopolítica y geoeconomía van de la mano en 2026″, mientras que el Council on Foreign Relations ha dedicado múltiples análisis al frente oculto de la guerra: alimentos, agua y fertilizantes.

Este impacto fue, precisamente, uno de los ejes centrales de las masivas protestas No Kings del pasado sábado 28 de marzo, donde entre 8 y 9 millones de personas salieron a las calles en más de 3.000 ciudades de Estados Unidos para protestar contra la guerra en Irán y las políticas migratorias de la administración Trump.

¿Quién gobierna realmente en Washington?

La pregunta que subyace al análisis de Galbraith no es solo militar o estratégica, sino profundamente política: ¿quién tomó la decisión de ir a la guerra y por qué? Foreign Policy se ha planteado interrogantes similares al intentar descifrar la "Doctrina Trump", mientras que Foreign Affairs describió el ataque del 28 de febrero como una "guerra de elección" lanzada sin debate nacional significativo.

Como observa Galbraith, si el objetivo de la ESN era superar las elecciones de medio término de noviembre de 2026 reafirmando las promesas de campaña de Trump, "no tiene sentido exponer el fraude tan solo tres meses después".

La conclusión del economista es sombría pero directa: el resultado menos catastrófico —una retirada ordenada de Medio Oriente y el reconocimiento de los límites del poder estadounidense— "habría sido mucho más sencillo de alcanzar directamente, sin la humillación de una brutal derrota militar".

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