El cierre del estrecho de Ormuz es uno de los "problemas imprevistos" más previsibles de la historia. Durante décadas, académicos y estrategas han especulado sobre la posibilidad de que, en caso de guerra, Irán pudiera bloquear esta estrecha vía marítima por la que transita el 20 por ciento de las exportaciones mundiales de petróleo.

Se le advirtió a Donald Trump del peligro que corría el estrecho mientras EE. UU. e Israel se preparaban para atacar a Irán. Pero el presidente estadounidense hizo caso omiso de estas preocupaciones, prediciendo en cambio que la República Islámica capitularía rápidamente.

Un conflicto con Irán que comenzó con objetivos bélicos vagos tiene ahora un objetivo claro y primordial: reabrir el estrecho de Ormuz. Irónicamente y de manera exasperante, la única razón por la que el estrecho está cerrado es porque EE. UU. e Israel entraron en guerra en primer lugar.

Trump no tiene el poder de reabrir este paso marítimo vital simplemente declarando la victoria y retirándose. En cambio, su guerra con Irán —y el tema específico del estrecho de Ormuz— definirá el resto de su presidencia y podría atormentar a sus sucesores.

Esto se debe a que el cierre del estrecho genera tanto una crisis inmediata como un dilema estratégico a largo plazo. El problema actual es que, cuanto más tiempo permanezca cerrado, mayor será la amenaza de una recesión mundial. El dilema futuro es que Irán sabe ahora que el control del estrecho de Ormuz le permite tener un dominio absoluto sobre la economía mundial. Aunque relaje su control a corto plazo, podrá volver a endurecerlo en el futuro.

Las dificultades para reabrir el estrecho ya son muy evidentes. Irán no tiene que hundir ni obstaculizar a todos los buques petroleros que intenten pasar. La oleada de ataques ya llevados a cabo —y la amenaza de nuevos ataques— ha sido suficiente para convencer a los armadores, las tripulaciones y las aseguradoras de mantenerse al margen.

Los bombardeos intensivos de la infraestructura militar iraní —o incluso una posible ocupación estadounidense de la isla de Jark, que es crucial para las propias exportaciones de petróleo de Irán— no resolverían directamente el problema de Ormuz. La República Islámica cuenta con muchas opciones militares para amenazar el tráfico a través del estrecho, incluyendo minas de aguas profundas, misiles, botes inflables equipados con minas lapa y drones. Irán tiene una experiencia particular en la guerra con drones. Sus drones Shahed han sido cruciales en la guerra de Rusia contra Ucrania.

Trump ahora les está pidiendo a los aliados de EE. UU. que envíen sus armadas para romper el control iraní sobre el estrecho. Incluso le ha hecho un llamamiento a Pekín. El Reino Unido, la Unión Europea (UE) y China tienen un interés real en la reapertura del estrecho de Ormuz. Pero es comprensible que se muestren reacios a poner en riesgo a sus propias fuerzas para resolver un problema que no han creado y que la marina estadounidense no puede solucionar por sí sola.

Un año de aranceles, amenazas e insultos por parte de la administración Trump hacia sus aliados europeos también ha mermado la buena voluntad hacia Washington. Además, saben que cualquier armada que opere en el estrecho de Ormuz sería muy vulnerable a los ataques iraníes y podría tener que mantener la operación durante muchos meses.

Quizás EE. UU. esté considerando el uso de fuerzas terrestres para intentar asegurar también las costas cercanas al estrecho. Pero la decisión de desplegar tropas terrestres en Irán significaría inevitablemente un mayor número de bajas estadounidenses y no garantizaría ni siquiera el objetivo limitado de abrir el estrecho.

Más allá de la crisis inmediata está el problema a largo plazo. Al asesinar a los líderes de Irán —y dejar claro que el cambio de régimen es un objetivo de la guerra— EE. UU. e Israel han cambiado de forma permanente la estructura de incentivos de Irán.

Antes de esta última guerra, el régimen iraní aún tenía un motivo para evitar la confrontación total con EE. UU. que sería la consecuencia inevitable del cierre del estrecho. Pero ahora el pensamiento de Irán ha cambiado. Como me comentó sir Simon Gass, exembajador británico en Teherán, el intento de Trump de derrocar al Gobierno iraní "es el momento en el que el régimen llega a la conclusión de que esta podría ser una lucha a muerte y que, por lo tanto, debe utilizar todas las herramientas a su alcance, y el cierre del estrecho de Ormuz es una de ellas".

Los iraníes moderados, que en su momento abogaron por la diplomacia con Occidente en lugar de una confrontación total, pueden haber quedado permanentemente debilitados por el ataque de EE. UU. mientras las negociaciones aún estaban en curso. Incluso aunque la República Islámica decida, en algún momento, que le conviene reabrir el estrecho de Ormuz, siempre querrá conservar la opción de volver a cerrarlo como una amenaza visible para ahuyentar a los agresores.

EE. UU. y los acaudalados vecinos de Irán en el Golfo —que siguen enfrentándose a ataques diarios con drones y misiles— enfrentarán, por lo tanto, un dilema a largo plazo. ¿Intentan llegar a un acuerdo con el actual régimen iraní de línea dura, con la esperanza de persuadirlo de que nunca vuelva a cerrar el estrecho? ¿O presionan aún más para lograr un cambio de régimen en Irán, aceptando todos los peligros asociados a un conflicto militar prolongado y al caos regional?

La República Islámica está sufriendo actualmente un duro golpe económico y militar. Pero tras haberle demostrado al mundo —y a sí mismo— que el cierre del estrecho de Ormuz es una amenaza real y viable, Irán ha descubierto un poderoso elemento disuasorio para el futuro que es totalmente independiente de las armas nucleares. Si el régimen sobrevive a esta guerra, quizás salga reforzado en el ámbito internacional.

(Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

Financial Times

El Financial Times (FT) es reconocido globalmente como una de las organizaciones de noticias más importantes, destacada por su autoridad e integridad editorial. Fundado en 1888, ha evolucionado de ser un diario enfocado en Londres a convertirse en una corporación mediática global. El 93% de sus lectores son digitales.

Ver más