En los últimos meses, las autoridades y las entidades financieras han intensificado las alertas sobre múltiples modalidades de fraudes electrónicos y estafas bancarias que están utilizando cuentas personales de terceros para mover dinero ilícito. Detrás de muchos de estos casos existe una realidad preocupante: personas que, por necesidad económica o desconocimiento, aceptan prestar su cuenta bancaria, recibir depósitos de terceros o abrir productos financieros para ser utilizados por otras personas a cambio de una comisión.
La modalidad parece simple e incluso “inofensiva”. Un tercero ofrece dinero por permitir depósitos en una cuenta, recibir transferencias, retirar efectivo o entregar tarjetas y accesos digitales. En otros casos, solicitan abrir una cuenta bancaria porque supuestamente tienen “problemas de documentación”, “van a recibir pagos del exterior” o necesitan mover dinero de un negocio. La oferta suele venir acompañada de promesas de ganancias rápidas y fáciles. Lo que muchas personas no entienden es que, desde el momento en que aceptan, pueden convertirse en participantes de un delito financiero.
Las redes criminales que realizan fraudes bancarios necesitan cuentas receptoras para dispersar fondos robados. Cuando una víctima cae en un esquema de phishing, robo de identidad o transferencia fraudulenta, el dinero normalmente pasa primero por cuentas de terceros antes de llegar a los responsables principales. A estas personas se les conoce internacionalmente como “mulas financieras”. Aunque algunos aleguen desconocimiento, las investigaciones terminan identificando al titular de la cuenta que recibió los fondos.
Hoy el sistema financiero registra absolutamente todo. Cada transferencia, retiro, acceso digital, dirección IP y dispositivo utilizado deja huellas electrónicas. Los bancos cuentan con sofisticados sistemas de monitoreo y prevención de lavado de activos que detectan movimientos inusuales, cuentas que reciben sumas incompatibles con el perfil económico del cliente o patrones sospechosos de transacciones.
Muchas personas creen erróneamente que, si no fueron quienes ejecutaron directamente la estafa, no tendrán consecuencias legales. Eso es falso. La legislación dominicana y las normativas internacionales sobre fraude financiero y lavado de activos establecen responsabilidades para quienes colaboren, faciliten o participen en el movimiento de dinero ilícito, aun cuando lo hagan “por favor” o a cambio de una comisión. Las consecuencias pueden incluir bloqueo de cuentas, cancelación de productos financieros, investigaciones penales, sometimientos judiciales e incluso penas de prisión.
Pero además del aspecto legal, existe otro daño muchas veces irreversible: la pérdida de reputación financiera. Una vez una persona queda vinculada a movimientos sospechosos, puede enfrentar dificultades para abrir cuentas, obtener préstamos, manejar tarjetas de crédito o mantener relaciones normales con entidades financieras. Por ganar un dinero rápido, algunos terminan destruyendo su historial financiero durante años.
Lo más preocupante es que estas redes criminales suelen enfocarse en jóvenes, estudiantes, desempleados o personas con necesidades económicas. Utilizan redes sociales, WhatsApp y plataformas digitales para ofrecer supuestas oportunidades de “trabajo”, “gestión de pagos” o “negocios rápidos”. En realidad, muchas veces están reclutando personas para mover dinero de origen ilícito.
Por eso resulta fundamental que las familias hablen de estos temas con sus hijos y con los jóvenes. Abrir una cuenta bancaria no es un simple trámite; representa una responsabilidad legal y financiera. Todo lo que ocurra a través de esa cuenta será atribuido inicialmente a su titular. Nadie debe entregar tarjetas, claves, tokens o accesos digitales, ni permitir depósitos o transferencias de desconocidos en sus cuentas personales.
El sistema financiero dominicano ha realizado importantes inversiones en tecnología y seguridad, pero ninguna herramienta sustituye la prudencia del ciudadano. Muchas estafas logran concretarse precisamente porque encuentran personas dispuestas a colaborar por desconocimiento o necesidad económica.
La realidad es simple: no existe dinero fácil cuando se trata del sistema financiero. Cuando alguien ofrece comisiones rápidas por usar una cuenta bancaria ajena, normalmente detrás existe una operación irregular o directamente criminal, y en esos casos, las autoridades no solo investigan al delincuente principal; también investigan a quien abrió la cuenta, recibió el dinero o permitió el movimiento de fondos.
La población debe entender que los delitos financieros ya no son ejecutados únicamente por expertos informáticos. Hoy muchas estructuras criminales utilizan personas comunes como parte de una cadena de fraude y lavado de activos. Precisamente por eso, la prevención comienza con educación financiera, conciencia legal y responsabilidad personal.
El mejor consejo sigue siendo el más importante: jamás preste su cuenta bancaria, jamás abra productos financieros para terceros y jamás permita que otra persona utilice su identidad dentro del sistema financiero. Lo que aparenta ser una comisión fácil puede terminar convirtiéndose en una investigación penal, una cuenta bloqueada y un futuro financiero seriamente afectado.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram
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