El Banco Central publicó en su espacio Página Abierta una nota de su Departamento de Tesorería titulada “Flotación, madurez y transparencia: formación de precios y gestión del mercado cambiario”. Explica con datos lo que muchos discuten con impresiones: el mercado cambiario dominicano de 2026 no es el de hace siete años, y las reglas con las que hoy funciona son las que exigen los estándares internacionales. Quien ha tenido el privilegio de servir en la Tesorería del Banco Central sabe que detrás de cada cotización hay infraestructura, normas, supervisión y un equipo técnico de primer nivel.
Los números hablan por sí solos. El volumen promedio diario negociado pasó de US$ 87.92 millones en 2019 a US$ 258.71 millones en 2026, es decir, se triplicó desde que entró en operación la plataforma cambiaria BCRD. En ese mismo período, el peso de las operaciones de contado dentro de las participaciones cambiarias del Banco Central bajó de 93.06 % a cerca de 10 %, y durante este año la institución se ha limitado a comprar divisas para absorber excedentes. A esto se suma que el 92 % de las entidades de intermediación financiera y cambiaria ya se adhirió al Código Global de Conducta del Mercado Cambiario (FX Global Code), y que el Fondo Monetario Internacional reclasificó en 2025 nuestro régimen como de libre flotación. Son resultados verificables, alcanzados en un año en que el peso acumula una apreciación cercana a 4 % y las reservas internacionales rondan los US$ 15,200 millones.
Por eso conviene poner en su justo lugar las críticas recientes. El debate técnico es legítimo, pero atribuir las actuaciones del Banco Central a intereses particulares no resiste el contraste con los datos. Una institución que reduce su presencia en el contado, publica la tasa mayorista dos veces al día en Bloomberg y en su portal, informa los volúmenes al cierre de cada jornada y promueve que los participantes se rijan por un código internacional de conducta está demostrando con hechos su apego a las reglas, a la transparencia y a su misión institucional.
El hallazgo más valioso de la nota es la distinción entre volatilidad y tendencia. La desviación estándar de la variación diaria del tipo de cambio pasó de 0.11 % a 0.38 % desde finales de 2024, pero el análisis estadístico no encuentra un cambio en la tendencia de mediano y largo plazo. En otras palabras, el dólar se mueve más de un día para otro, pero eso no significa que el peso se esté depreciando más rápido. Llevada a términos anuales, esa volatilidad equivale a cerca de 6 %, una cifra moderada para una moneda que flota libremente. Un precio que se mueve es un precio que informa, y que ese movimiento ocurra con orden es mérito de una transición que el Banco Central ha conducido de manera gradual, prudente y bien comunicada.
La propia nota cierra anunciando que el Banco Central continuará impulsando la competencia, las buenas prácticas y nuevas herramientas para la gestión de riesgos. En esa misma dirección, y con el ánimo de sumar desde el sistema financiero, me permito proponer cuatro aportes que acompañan la ruta trazada por la autoridad monetaria.
Primero, que las entidades financieras acompañen la nueva realidad en su gestión de riesgos. El Banco Central ya señaló que la mayor flexibilidad ofrece condiciones para fortalecer las herramientas de estimación de volatilidad. Corresponde ahora a bancos y entidades actualizar sus mediciones de valor en riesgo, sus límites de posición y sus pruebas de estrés con los nuevos parámetros, incluyendo la evaluación de los deudores en dólares que no generan divisas. La Superintendencia de Bancos, con la experiencia técnica del Banco Central como referencia, puede acompañar ese proceso con lineamientos de buenas prácticas.
Segundo, que las coberturas lleguen a la empresa mediana y pequeña. El programa de contratos sin entrega (NDF) del Banco Central ha sido un acierto y abrió el camino. El siguiente paso le corresponde al mercado: que los bancos diseñen productos de cobertura con montos accesibles y documentación sencilla para el importador mediano o el exportador agrícola, que todavía se protegen comprando dólares por adelantado. Para facilitarlo, sería valioso que la DGII aclare el tratamiento fiscal de las coberturas y que el Congreso dé certeza jurídica expresa a la compensación anticipada (close-out netting) en caso de insolvencia. Así, la herramienta que el Banco Central construyó podría multiplicar su alcance.
Tercero, que los beneficios lleguen a la ventanilla. La nota explica que un mercado más líquido, transparente y digital produce márgenes más estrechos. Ese logro merece llegar a quien cambia sus remesas o paga una matrícula en el exterior. Las entidades que operan con el público pueden contribuir mostrando con claridad sus tasas de compra y venta, y la tasa mayorista que
publica el Banco Central es la mejor referencia para que cada usuario compare. Con remesas que crecieron 6.74 % en el primer semestre, la educación financiera sobre este punto tendría un impacto directo en cientos de miles de hogares.
Cuarto, que Página Abierta se convierta en tradición. Notas como esta elevan la calidad del debate público. Sería una excelente noticia que el Banco Central continúe compartiendo periódicamente análisis del mercado cambiario como el que hoy comentamos, porque cada explicación técnica de la autoridad fortalece la confianza y ancla las expectativas. Del mismo modo, el gremio financiero puede hacer su parte para completar el camino hacia la adhesión total al FX Global Code, honrando el compromiso que la Junta Monetaria dispuso.
La flotación no es ausencia de banco central; es un banco central que deja hablar al mercado y se reserva para cuidar el orden. La credibilidad que hoy permite al peso dominicano moverse sin sobresaltos se construyó durante décadas de metas de inflación, reservas sólidas y decisiones técnicas. Reconocerla y defenderla con argumentos es una responsabilidad de todos los que participamos en el sistema financiero.
Un tipo de cambio que se mueve con el mercado no es señal de debilidad; es la prueba de que la confianza ya no necesita muletas.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram.
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