Los profesionales de Wall Street solían menospreciar a los inversionistas minoristas tildándolos de "dinero tonto": aficionados que no sabían más que perseguir la más reciente operación de moda. Pero, últimamente, los pequeños inversionistas han obtenido impresionantes ganancias "comprando en las caídas" y, podría decirse, que se han convertido en el grupo de inversionistas más influyente del mercado bursátil. Impresionados por la forma en que los inversionistas minoristas simplemente siguen comprando a pesar de los titulares negativos, algunos profesionales han dejado de burlarse y han comenzado a seguir su ejemplo.
La participación de hogares estadounidenses que poseen acciones se ha disparado en esta década hasta casi el 60 por ciento, la proporción más alta de cualquier país. Los estadounidenses están totalmente volcados en el mercado y, por primera vez, tienen más riqueza en acciones que en sus viviendas. Además, los minoristas actualmente representan la clase de operadores más activa.
La participación de inversionistas minoristas en el volumen de negociaciones diarias de acciones estadounidenses se duplicó en los últimos 15 años hasta alcanzar el 36 por ciento, superando al de los grandes bancos o al de los fondos de cobertura, y convirtiéndolos en los que fijan los precios del mercado. El año pasado, el comercio minorista en EE.UU. superó los US$5 billones, excediendo el máximo alcanzado durante la pandemia, pero esta vez los estadounidenses no estaban confinados en casa ni rebosantes de ahorros; estaban buscando rentabilidad y el choque de la guerra contra Irán apenas los ha frenado. En lo que va de 2026, los inversionistas minoristas se han mantenido como compradores netos durante la mayoría de los días.
Existen tres factores que están alimentando la profunda confianza de los pequeños inversionistas en el mercado de valores: los estímulos, los rescates financieros y la tecnología. Las sumas récord de dinero que están inyectando los Gobiernos y los bancos centrales, destinadas a reactivar la economía real, han sido utilizadas en cambio por los hogares (especialmente los más ricos) para invertir en el mercado de valores. Dado que los legisladores se apresuran a impulsar la economía ante el más mínimo indicio de problemas, los inversionistas han llegado a creer que el Gobierno siempre los rescatará. Además, las plataformas de negociación móviles y de bajo costo les han brindado a las personas un fácil acceso a inversiones de todo tipo.
No es que la naturaleza de los inversionistas minoristas haya cambiado por completo. Ellos siguen siendo, en su mayoría, jóvenes, hombres y extremadamente entusiastas; persiguen las rentabilidades cuando los mercados suben rápidamente y son los clásicos inversionistas de "momentum", o impulso. Es por eso por lo que sus hábitos han encontrado terreno fértil en la actual carrera alcista de impulso, la cual es una de las más largas de la historia, con más de 15 años y contando, e interrumpida solo por breves pausas provocadas por choques como la pandemia y el drama arancelario del pasado abril.
En el pasado, cuanto más negociaban los inversionistas minoristas, mayores eran sus pérdidas. Los profesionales observaban a los aficionados solo para ver en qué dirección iban, de modo que pudieran apostar de manera opuesta. Ya no es así. Casi un tercio de las acciones en poder de los inversionistas minoristas también están en manos de instituciones "agresivas", como los fondos de cobertura y los fondos mutualistas centrados en el crecimiento, lo que representa un nivel de coincidencia sin precedentes. Últimamente, algunas instituciones incluso han comenzado a ofrecer fondos mutualistas que replican las acciones preferidas por los inversionistas minoristas.
Según la firma Empirical Research Partners, los inversionistas minoristas han "aplastado a los profesionales" al apostar con doble sobreponderación por las estrategias de impulso "más controvertidas", entre las que se incluyen, por ejemplo, aquellas que han experimentado subidas de precios "supernovas". Entre sus acciones favoritas se encuentran las de los metales preciosos y, sobre todo, las relacionadas con la inteligencia artificial (IA). El año pasado, los inversionistas minoristas superaron al S&P 500 por un sólido margen de 10 puntos porcentuales.
Las plataformas y productos tecnológicos preferidos por los inversionistas minoristas, como los fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés), están creciendo de manera explosiva para satisfacer la demanda. Los ETF ahora superan en número a las acciones cotizadas en EE.UU. (5.000 en comparación con alrededor de 4.000), y más de la mitad de ellos se lanzaron en los últimos tres años. Muchos de los ETF más recientes les ofrecen a los aficionados por primera vez acceso a opciones de alto riesgo que antes estaban reservadas a los profesionales, como las apuestas apalancadas sobre acciones individuales. A lo largo de la última década, los activos gestionados por los ETF apalancados se multiplicaron por siete hasta alcanzar los US$140 mil millones.
Estas tendencias están haciendo que el mercado sea más democrático, en el sentido de que es más accesible, pero no necesariamente más equitativo. El inversionista principiante típico posee pocas acciones y mueve minúsculas sumas de dinero. El 1 por ciento más rico posee más del 50 por ciento de las acciones estadounidenses y es el que más gana cuando el mercado sube. Pero cuanto más crece la comunidad de inversionistas minoristas, mayor es la presión sobre los políticos para que respalden el mercado. Lo que se dijo de los bancos de Wall Street tras la crisis de 2008 ahora se puede decir del mercado bursátil en su conjunto: es "demasiado grande para quebrar".
Aun así, los mercados no pueden seguir subiendo indefinidamente. La fiebre por las acciones de impulso estimuladas por la IA se disipará algún día. Un choque inflacionario o el reto de las crecientes deudas públicas podrían, con el tiempo, ralentizar o revertir el interminable flujo de liquidez, e incluso frenar el próximo rescate. Cuando eso suceda, sacudirá la confianza de los inversionistas minoristas y convertirá a estos compradores seguros de sí mismos en agresivos vendedores. Hasta entonces, este ejército seguirá avanzando, sin dejarse intimidar por los choques y envalentonado por su reciente historial.
(Ruchir Sharma. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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