En una economía abierta como la dominicana, que importa la totalidad de los combustibles que consume, cualquier aumento en el precio internacional del crudo se transmite rápidamente al costo de la vida y, por extensión, al comportamiento del crédito, la capacidad de pago de los hogares y la calidad de la cartera de los bancos. Por esa razón, más allá de las medidas fiscales o de subsidios anunciadas por el Gobierno, el sistema financiero dominicano y particularmente la banca debe comenzar a evaluar de manera preventiva una serie de medidas prudenciales que fortalezcan su resiliencia ante un posible deterioro del entorno económico.
Una primera medida que podría evaluarse desde la regulación o desde la propia iniciativa de los bancos es promover esquemas flexibles de trabajo remoto parcial para determinadas funciones administrativas. Una circular de la Superintendencia de Bancos podría incentivar este tipo de prácticas como mecanismo de eficiencia operativa.
La reducción de desplazamientos diarios de empleados no solo contribuye a disminuir el consumo de combustible en la economía, sino que también reduce costos logísticos y energéticos dentro de las propias instituciones financieras. En un contexto de presiones sobre la electricidad y los combustibles, el teletrabajo parcial puede convertirse en una herramienta simple pero efectiva de ahorro y eficiencia operativa.
Una segunda medida prudencial que merece ser considerada es el fortalecimiento de los esquemas de provisiones anticíclicas. Los bancos dominicanos han mostrado históricamente niveles adecuados de capitalización y provisiones, pero los episodios de choques externos como los provocados por alzas abruptas en los precios del petróleo suelen deteriorar la calidad de la cartera de crédito con cierto rezago. Diversos estudios internacionales muestran que los shocks energéticos pueden afectar la rentabilidad y la estabilidad del sistema bancario en el corto plazo al aumentar el riesgo crediticio de empresas y hogares.
En ese sentido, la autoridad supervisora podría recomendar, mediante lineamientos prudenciales, la constitución de provisiones adicionales o buffers anticíclicos en momentos de relativa estabilidad, con el objetivo de que el sistema tenga mayor capacidad para absorber eventuales deterioros de cartera en los próximos meses.
Una tercera acción relevante sería promover programas de refinanciamiento y consolidación de deudas dirigidos a clientes que actualmente se encuentran al día en sus compromisos financieros. Tanto la Superintendencia como los propios bancos, a través de decisiones de sus consejos de administración, podrían incentivar programas de reestructuración preventiva que permitan a los clientes consolidar préstamos, extender plazos y reducir cuotas mensuales antes de que aparezcan señales de morosidad. Este tipo de medidas fue utilizado con éxito en durante la pandemia y permite preservar la calidad de la cartera evitando que deudores solventes entren en procesos de deterioro por presiones temporales de liquidez.
Una cuarta medida recomendable sería reforzar los sistemas de monitoreo temprano del riesgo crediticio en sectores particularmente sensibles al aumento de los combustibles, como el transporte, la agroindustria, la logística y algunos segmentos del comercio. El incremento en los costos energéticos suele trasladarse rápidamente a la estructura de costos de estas actividades económicas, lo que puede afectar sus flujos de caja y su capacidad de pago. Fortalecer los sistemas de alerta temprana y análisis sectorial permitiría a los bancos anticipar posibles focos de deterioro y gestionar de forma más preventiva sus exposiciones crediticias.
Una quinta medida estratégica sería impulsar que los clientes bancarios utilicen los servicios bancarios digitalizados para reducir costos operativos y mejorar la eficiencia del sistema financiero. Cada transacción que se realiza de manera digital reduce la necesidad de desplazamientos físicos, consumo energético en sucursales y costos administrativos. En momentos de presión económica, acelerar la migración hacia canales digitales no solo beneficia a los bancos en términos de eficiencia, sino que también reduce costos indirectos para los clientes.
Una sexta recomendación consiste en reforzar las pruebas de estrés macroeconómico dentro de las instituciones financieras. Los bancos dominicanos ya realizan ejercicios de stress testing, pero en el contexto actual sería prudente incorporar escenarios más severos relacionados con aumentos prolongados del petróleo, presiones inflacionarias, incremento de tasas de interés internacionales o desaceleración del crecimiento económico. Estos ejercicios permiten evaluar con mayor precisión la capacidad del sistema para resistir choques externos y tomar decisiones anticipadas de capital y liquidez.
La experiencia internacional demuestra que los choques energéticos no solo afectan la inflación o el crecimiento económico, sino también el comportamiento del crédito y la estabilidad del sistema financiero. Por eso, el momento actual debe verse como una oportunidad para fortalecer la prudencia, la anticipación y la resiliencia del sistema bancario dominicano. Si algo ha demostrado la historia de las crisis económicas es que los sistemas financieros que actúan temprano, con visión preventiva y disciplina prudencial, son los que logran atravesar con mayor éxito los ciclos de volatilidad internacional.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram
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