Los trabajadores mejor remunerados y con más experiencia están adoptando la inteligencia artificial (IA) en sus empleos mucho más rápido que el resto, en una brecha que amenaza con acentuar la desigualdad a medida que la tecnología se extiende por el ámbito laboral.
Una encuesta del Financial Times (FT) realizada entre 4000 trabajadores de EE. UU. y del Reino Unido muestra que la adopción se inclina fuertemente hacia los trabajadores mejor pagados: más del 60 por ciento utiliza la IA a diario, en comparación con solo el 16 por ciento de los que tienen ingresos más bajos.
Los datos —la primera publicación de un nuevo rastreador de la fuerza laboral en IA elaborado por el FT y la compañía de investigación Focaldata— también apuntan a la existencia de una persistente brecha de género, con los hombres siendo significativamente más propensos que las mujeres a utilizar herramientas de IA en sectores que van desde la tecnología hasta la educación y el comercio minorista.
La encuesta mensual cubre cómo los trabajadores están utilizando la IA, los cambios en la productividad, las barreras para su adopción y los impactos en el mercado laboral. Además ofrece un panorama de cómo la tecnología se está extendiendo por EE. UU. y el Reino Unido, y quiénes son los que tienen más probabilidades de beneficiarse.
"La retórica predominante es que estas herramientas van a ser democratizadoras. Pero la realidad es que se necesitará un cierto nivel de formación educativa, habilidades abstractas y cuantitativas, y familiaridad con las computadoras y la programación para poder utilizar los modelos", afirmó Daron Acemoglu, premio Nobel de Economía y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés). "La IA va a aumentar la desigualdad entre el trabajo y el capital. Eso es casi seguro. Yo diría que nos está preparando para un total desastre".
La encuesta reveló que los trabajadores con mayor nivel de conocimientos eran los que hacían un uso más intensivo de la IA entre los empleos de oficina, pero que las principales diferencias en el uso se daban entre ocupaciones particulares, más que dentro de ellas.
Los abogados, contadores y desarrolladores de software están utilizando estas herramientas en proporciones similares, ya sean principiantes o experimentados, pero las están utilizando mucho más que las personas en ocupaciones con salarios más bajos en las mismas industrias.
La estrecha correlación entre el salario, la educación y el uso de la IA sugiere que la tecnología podría aumentar la desigualdad de ingresos al impulsar la productividad de los trabajadores en los cargos más altos, pero no la de los de la base.
Los economistas señalaron que los trabajadores con habilidades técnicas y con mayor autonomía eran, naturalmente, los primeros en adoptar complejas tecnologías.
"Cuanto más inteligente es la tecnología que inventamos, más importa tu inteligencia", afirmó Chris Pissarides, profesor de Economía de la Escuela de Economía de Londres (LSE, por sus siglas en inglés) y ganador del Premio Nobel, quien ha estudiado los efectos de la automatización en el empleo. "Cuando la tecnología que inventábamos era más simple, tu coeficiente intelectual no importaba mucho. Pero ahora importa cada vez más con estas tecnologías más avanzadas".
El historiador económico Carl Benedikt Frey señaló que el mismo patrón se había observado durante la revolución de la computación personal, pero que la disparidad se había nivelado a medida que el uso de las computadoras se generalizaba.
"La desigualdad se resolverá por sí sola con el tiempo", dijo Frey, profesor del Instituto del Internet de Oxford (OII, por sus siglas en inglés). "Depende de cuánto tiempo tarde en cerrarse la brecha; si son una o dos décadas, entonces es más preocupante".
La brecha de género concuerda con los datos que muestran que las mujeres son un 20 por ciento menos propensas a usar la IA que los hombres, según Fabien Curto Millet, economista jefe de Google, aunque las causas siguen sin estar claras.
Hay oportunidades para cerrar esa brecha, dijo, refiriéndose a una investigación realizada por su equipo en 2025 que mostró que una sesión de capacitación sobre IA para trabajadores del Reino Unido había aumentado significativamente la adopción entre las mujeres mayores de 55 años. "La intervención llevó a triplicar el uso diario", dijo Curto Millet.
Esto concuerda con los datos del FT, los cuales muestran que la capacitación corporativa es el principal factor que impulsa el uso de la IA en el ámbito laboral.
Los expertos se sorprendieron al descubrir que los mayores usuarios de la IA en el trabajo no eran los más jóvenes, sino aquellos en su treintena y con más antigüedad, indicando que la IA puede resultar más útil para quienes ya cuentan con conocimientos especializados.
El economista jefe de OpenAI, Ronnie Chatterji, señaló que esto concuerda con las propias observaciones del fabricante de ChatGPT, según las cuales la IA complementa la competencia, permitiendo que los expertos consolidados sean más productivos.
Los hallazgos ponen de relieve la preocupación de que la IA pueda erosionar la base de la pirámide profesional, ya que algunas tareas que antes realizaban los empleados júnior ahora las lleva a cabo la IA a instancias de los trabajadores sénior, dejando a los nuevos empleados sin la posibilidad de desarrollar habilidades y experiencia.
Google y OpenAI reconocieron los datos recientes que muestran una desaceleración en el mercado laboral para quienes están iniciando su carrera, aunque señalaron los factores macroeconómicos, más que la IA, como la causa principal.
"Tenemos que volver al sistema educativo y pensar en cómo vamos a establecer el tipo de incentivos necesarios para que las personas adquieran ese tipo de experiencia y desarrollen el pensamiento crítico", dijo Chatterji. "Se necesita una especialización profunda en lugar de ser un sustituto, donde se está tercerizando el pensamiento a una máquina".
(Madhumita Murgia y John Burn-Murdoch. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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