El debate sobre la expansión de la energía fotovoltaica cobra fuerza en el país en momentos en que el exceso de producción mundial, principalmente desde China, abarata los costos y plantea una oportunidad sin precedentes para acelerar la transición energética.
La discusión sobre el futuro de la energía solar en República Dominicana ha entrado en una nueva etapa. Mientras empresarios del sector renovable consideran que el país debe aprovechar la caída mundial de los precios para acelerar la instalación de paneles solares, responsables del sistema eléctrico advierten que ese crecimiento requiere inversiones paralelas en infraestructura para preservar la estabilidad de la red.
El debate ocurre en un contexto internacional marcado por una sobreproducción histórica de paneles solares en China, cuya capacidad industrial supera ampliamente la demanda global y ha provocado un desplome de los precios de esta tecnología, como lo destacó Financial Times en las últimas horas.
Además, la transición energética dominicana continúa respaldándose en un marco regulatorio orientado a facilitar la generación distribuida y en proyectos destinados a incorporar nueva capacidad renovable con sistemas de almacenamiento, una combinación que busca acelerar la integración de energía limpia sin comprometer la confiabilidad del sistema eléctrico nacional.
Visiones sobre una misma oportunidad

Para Carlos Janáriz, presidente de la Asociación de Empresas de Energía Renovable y Eficiencia Energética (ASEEFER), el nuevo marco regulatorio representa una oportunidad para democratizar el acceso a la energía solar.
El dirigente empresarial sostiene que la simplificación de los procedimientos permitirá una expansión acelerada del autoconsumo eléctrico en hogares, comercios e industrias, reduciendo costos para los usuarios y disminuyendo la dependencia de combustibles fósiles importados.
Una posición distinta mantiene Celso Marranzini, presidente ejecutivo del Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), quien insiste en que la masificación de los paneles solares debe ir acompañada de una actualización del modelo de financiamiento de la red eléctrica.
Su argumento parte de que, aunque miles de usuarios produzcan parte de su electricidad, las distribuidoras continúan obligadas a mantener disponible una infraestructura capaz de responder cuando la generación fotovoltaica disminuye por condiciones climáticas o durante las horas nocturnas.
A estas posiciones se suma la visión del economista José Lois Malkun, quien desde hace años ha defendido en sus artículos la necesidad de que las políticas energéticas combinen eficiencia económica, sostenibilidad ambiental y planificación estratégica.

Desde esa perspectiva, la reducción del costo de los paneles solares constituye una oportunidad para mejorar la competitividad del país y disminuir la factura petrolera, pero advierte que las decisiones regulatorias deben garantizar un equilibrio entre el interés privado, la estabilidad financiera del sistema eléctrico y el interés público.
Para Malkun, las grandes transformaciones económicas solo generan beneficios duraderos cuando van acompañadas de reglas claras e instituciones capaces de administrar sus efectos sobre el conjunto de la economía.
Un debate que revive el llamado «impuesto al sol»
Las diferencias de criterio recuerdan la controversia surgida hace algunos años en torno al denominado «impuesto al sol», expresión utilizada por sectores empresariales y usuarios para cuestionar propuestas regulatorias que, según denunciaban, reducían la rentabilidad de instalar paneles solares conectados a la red.
Mientras los defensores de la generación distribuida sostienen que cada nuevo sistema fotovoltaico reduce la demanda sobre las plantas convencionales y contribuye a la descarbonización, las distribuidoras argumentan que la infraestructura que respalda a todos los consumidores debe mantenerse operativa y requiere una fuente sostenible de financiamiento.
China produce más paneles solares de los que el mundo puede absorber
El debate dominicano coincide con un fenómeno sin precedentes en la industria energética mundial.
Tras una ola de inversiones iniciada en 2020, China desarrolló una capacidad de producción cercana a los 1.000 gigavatios anuales de paneles solares, una cifra superior a la demanda internacional.
La consecuencia ha sido una guerra de precios que ha llevado a la quiebra o reestructuración de decenas de fabricantes, pero que, al mismo tiempo, ha reducido el costo de acceso a la energía fotovoltaica para millones de consumidores alrededor del planeta.
Paradójicamente, el mundo dispone hoy de tecnología limpia más barata que nunca mientras numerosos proyectos continúan retrasándose por barreras regulatorias, limitaciones en las redes eléctricas y falta de capacidad de almacenamiento.
República Dominicana cambia su matriz energética
La transformación del sistema eléctrico dominicano ha sido significativa durante la última década.

En 2016, las fuentes renovables representaban apenas el 11,56 % de la generación eléctrica nacional, concentradas principalmente en la hidroelectricidad, mientras los combustibles fósiles aportaban cerca del 88 % del total producido.
Para 2026, la realidad es muy distinta. La expansión de parques solares y eólicos, junto con el crecimiento de la generación distribuida, ha permitido que las energías renovables representen alrededor de una quinta parte de la capacidad instalada nacional, con una participación creciente en la generación efectiva del sistema.
El proceso continúa acompañado de iniciativas para incorporar almacenamiento energético y fortalecer la infraestructura eléctrica, con el objetivo de facilitar una mayor penetración de fuentes renovables intermitentes.
Este cambio ha reducido parcialmente la dependencia del petróleo y del carbón, aunque el país continúa enfrentando el desafío de modernizar sus redes de transmisión y distribución para integrar mayores volúmenes de generación intermitente.
Ventajas para el país

La reducción del precio internacional de los paneles solares podría traducirse en una disminución de los costos energéticos para familias y empresas, impulsar nuevas inversiones, fortalecer la seguridad energética y reducir las emisiones contaminantes.
Asimismo, una mayor participación de fuentes renovables disminuiría la exposición de la economía dominicana a la volatilidad de los mercados internacionales de combustibles fósiles.
Los desafíos pendientes
El rápido crecimiento de la energía solar también plantea retos importantes.
La producción fotovoltaica depende de la radiación solar y requiere sistemas de almacenamiento o respaldo convencional para garantizar el suministro continuo. A ello se suma la necesidad de invertir en redes inteligentes y establecer mecanismos regulatorios que distribuyan equitativamente los costos de mantener la infraestructura eléctrica nacional.
Para economistas y especialistas del sector, el desafío ya no consiste en demostrar la viabilidad tecnológica de la energía solar, sino en diseñar un modelo que permita integrar masivamente esta fuente de generación sin comprometer la estabilidad financiera y operativa del sistema eléctrico.
La sobreoferta mundial de paneles solares representa una oportunidad difícilmente repetible para países con altos niveles de radiación como República Dominicana.

Las opiniones de Carlos Janáriz, Celso Marranzini y José Lois Malkun, entre otros, coinciden en un punto esencial: la energía solar será protagonista del futuro energético nacional. La diferencia radica en la velocidad y en la forma de administrar esa transición.
Si el país logra combinar inversiones, regulación moderna y planificación de largo plazo, el actual excedente mundial de tecnología fotovoltaica podría convertirse en uno de los principales motores de competitividad económica y sostenibilidad ambiental de la próxima década
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