Con el foco puesto en acelerar inversiones para enfrentar los impactos de la crisis climática, este miércoles 22 de abril se realiza Climate Bonds CONNECT 2026 en el Hotel Real Intercontinental, a partir de las 8:00 a.m., con Scotiabank como patrocinador principal.
El evento regional reúne a representantes del sector financiero, corporativo, público y multilateral con el objetivo de impulsar soluciones que incrementen la inversión en resiliencia climática en América Latina y el Caribe, en un contexto en el que los fenómenos extremos y la variabilidad del clima presionan infraestructura, costas, producción y ordenamiento territorial.
Entre los participantes figuran Paíno Henríquez, ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales; Daniel Gracian (Scotiabank); Germán Deffit (Caribbean Development Bank); Iván Carvajal (BVRD); y Anniete Cohn-Lois (IFC), entre otros.
Durante sus declaraciones en el marco del encuentro, el ministro Henríquez sostuvo que la discusión sobre el cambio climático dejó de ser una advertencia a futuro para convertirse en una realidad cotidiana marcada por una creciente “incertidumbre climática”. Recordó que, aunque la crisis climática lleva décadas en desarrollo, sus efectos se están manifestando con mayor frecuencia e intensidad.
Climate Bonds CONNECT 2026 busca articular a actores que pueden diseñar y canalizar capital hacia soluciones concretas, ante lo que Henríquez describió como un “mundo totalmente cambiante”.
En ese sentido, mencionó como ejemplo episodios recientes de lluvias fuera de temporada, como las registradas en noviembre, y la pérdida de patrones más definidos que antes separaban con claridad la temporada lluviosa de la seca. “Recordamos las aguaceras de mayo, y era muy clara la temporada de lluvia, la temporada de sequía”, planteó, al describir un escenario en el que un mes como enero puede presentarse “muy seco” o con “mucha agua”.
Para el ministro, esta variabilidad obliga a tomar medidas de adaptación y a modificar prácticas que en el pasado resultaban efectivas. Entre los puntos que enfatizó está el ordenamiento alrededor de ríos, cañadas y zonas propensas a inundación, al advertir que los eventos extremos pueden repetirse y que, por tanto, deben respetarse las áreas de riesgo.
Henríquez también subrayó una paradoja clave para el caso dominicano: pese a que el país “apenas” contribuye un 0.1% de las emisiones, enfrenta una alta exposición a los efectos del calentamiento global. En sus palabras, la República Dominicana no es responsable en gran medida de la crisis planetaria, pero aun así podría ubicarse entre los 20 países más impactados, un planteamiento que refuerza la urgencia de preparar infraestructura, comunidades y sectores productivos.
En su intervención, el ministro incorporó además el fenómeno del sargazo como una de las consecuencias visibles del cambio climático que presiona directamente las costas. Señaló que la problemática no se limita a una sola área de origen, y que la academia continúa identificando nuevos patrones: “no solo era el mal de los sargazos”, dijo, aludiendo a acumulaciones provenientes también de otras zonas, como África. A la vez, advirtió que el volumen del sargazo estaría creciendo de forma acelerada —“diez, veinte veces más”—, con efectos sobre las costas.
A ese cuadro sumó los cambios de corrientes y la erosión de playas, una combinación que afecta ecosistemas y activos turísticos, y que incrementa los costos de respuesta. Frente a ese panorama, el funcionario planteó que la discusión central del foro es justamente cómo movilizar recursos para enfrentar estos desafíos: financiamiento desde el sector público, apoyo de la cooperación internacional y participación activa de la banca y los sectores financieros.
“Esto obliga a buscar financiamiento. Y es de esto que venimos a hablar”, resumió el ministro, al conectar la urgencia ambiental con la necesidad de instrumentos, proyectos y alianzas que permitan sostener inversiones de adaptación. En esa línea, Climate Bonds CONNECT 2026 busca articular a actores que pueden diseñar y canalizar capital hacia soluciones concretas, ante lo que Henríquez describió como un “mundo totalmente cambiante”.
¿Cómo el país se prepara para enfrentar el cambio climático?
En la intervención, el ministerio sostuvo que el financiamiento sostenible no puede depender únicamente de buenas intenciones ni de esfuerzos aislados. La premisa es construir un ecosistema donde el capital—público y privado—pueda movilizarse con reglas claras, instrumentos adecuados y mecanismos de verificación que permitan demostrar qué se financia, bajo qué criterios y con qué resultados.
Pilar 1: marco institucional y de mercado robusto
El primer eje se centra en establecer “reglas claras”, “señales coherentes” y “marcos de clasificación confiables”. En esa línea, el ministerio ubicó como piezas fundamentales la taxonomía verde, la regulación, los estándares de divulgación y el desarrollo de un mercado de carbono.
El objetivo declarado es doble: orientar el financiamiento hacia prioridades ambientales nacionales y reducir el riesgo de greenwashing, un problema que puede erosionar la credibilidad del mercado y encarecer el costo del capital para iniciativas genuinamente sostenibles.
Pilar 2: instrumentos financieros innovadores para escalar inversión
El segundo pilar propone acelerar el uso de herramientas que permitan llevar recursos a sectores y proyectos donde el impacto climático sea demostrable. Entre los instrumentos mencionados se incluyen bonos temáticos, mecanismos de “branded finance”, garantías y la creación de un vehículo nacional de financiamiento verde-azul.
De acuerdo con la exposición, estas herramientas buscan ampliar de manera ordenada la participación del capital privado, reduciendo barreras de entrada y mejorando la estructuración financiera de proyectos que requieren plazos largos, medición de impacto y estándares de transparencia más exigentes.
Pilar 3: acceso a fondos climáticos internacionales con una “plataforma país”
El tercer eje apunta a fortalecer el acceso a fondos climáticos internacionales, especialmente relevante para “países vulnerables” de la región. El mensaje fue que el acceso no debería depender de iniciativas fragmentadas, sino de condiciones habilitantes: instituciones acreditadas, carteras de proyectos bien estructuradas y una plataforma país capaz de presentar ante socios internacionales una visión “coherente y ejecutable”.
En ese contexto, el ministro resaltó un hito: la finalización de un proceso que tomó siete años para acceder a fondos vinculados a REDD+ (en la transcripción se menciona como “REPP-R+”). Señaló que en diciembre pasado se recibieron por primera vez fondos de REDD+ no solo en República Dominicana, sino en todo el Caribe, lo que calificó como un logro “icónico” para el país.
Pilar 4: capacidades para convertir estrategias en proyectos bancables
El cuarto pilar subraya que las finanzas sostenibles no se construyen solo con normas. “Se construyen con personas”, dijo Henríquez, al describir la necesidad de equipos capaces de diseñar proyectos bancables, medir impactos, gestionar riesgos climáticos y estructurar emisiones con rigor.
Por eso, la estrategia incorpora acciones de formación, asistencia técnica y promoción del empleo verde como parte integral del plan para acelerar inversión y mejorar la ejecución.
Pilar 5: conocimiento y datos para credibilidad y trazabilidad
El quinto eje se enfoca en la infraestructura de información. La intervención fue directa: sin trazabilidad, métricas e inteligencia climática, no hay credibilidad. Según el ministerio, los mercados demandan información comparable, verificable y útil para la toma de decisiones, lo que obliga a fortalecer sistemas que permitan a inversionistas, instituciones financieras y ciudadanía entender con mayor claridad qué se financia, bajo qué criterios y qué resultados se obtienen.
Qué busca la estrategia: atraer más capital, con resultados medibles
En conjunto, los cinco pilares dibujan una hoja de ruta para ampliar el financiamiento sostenible con un enfoque de integridad: más reglas y estándares para ordenar el mercado; instrumentos para movilizar capital hacia proyectos medibles; acceso estructurado a fondos internacionales; capacidades para convertir ideas en proyectos financiables; y datos confiables para sostener la credibilidad del sistema.
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