El vertedero de Duquesa es el principal punto de disposición final de desechos sólidos del Gran Santo Domingo. Ubicado en el municipio de Santo Domingo Norte, recibe diariamente miles de toneladas de basura provenientes de hogares, comercios e industrias, convirtiéndose en un eje fundamental del sistema de recolección urbana en la capital dominicana.

Su función, en términos formales, es servir como destino final de los residuos recolectados por los ayuntamientos. Sin embargo, en la práctica, Duquesa es mucho más que un vertedero: es un espacio donde convergen dinámicas sociales, económicas y ambientales. Allí se activa una cadena de valor informal que permite hacer negocios con distintos materiales reutilizables, para la compra y venta de los mismos.

Camiones de desechos, camino a depositar la basura

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Camión de desechos entrando al vertedero de Duquesa, donde cada carga inicia una nueva cadena de clasificación y reciclaje informal. Imagen tomada por Nestor Piron.

Los “buzos”: quiénes son y cómo funciona su trabajo

Dentro de Duquesa operan los llamados “buzos”, trabajadores informales que se dedican a buscar y rescatar materiales con valor comercial directamente entre la basura. El término proviene de la forma en que se “sumergen” en los desechos recién descargados por los camiones, en una carrera contra el tiempo para asegurar lo más valioso.

El proceso inicia incluso antes de que los residuos lleguen al vertedero. Existe una red previa donde compradores e intermediarios establecen acuerdos con camioneros para identificar cargas específicas. Ya en Duquesa, los buzos vigilan la llegada de los camiones, especialmente aquellos provenientes de zonas comerciales o sectores de mayores ingresos, donde es más probable encontrar plásticos, metales y otros materiales reutilizables.

Compradores a la espera de desechos para la compra y venta

Compradores esperan la llegada de camiones para adquirir plásticos y otros desechos reciclables. Imagen tomada por Néstor Pirón.

Cuando el camión descarga, comienza la fase de trabajo. Los buzos se lanzan sobre los residuos mientras aún caen, utilizando herramientas como ganchos metálicos para romper bolsas y separar materiales. Plástico PET, cartón, aluminio y cobre son los principales objetivos. Luego, estos materiales se agrupan en sacos, se clasifican por tipo y se preparan para su venta.

Buzos recolectando desechos sólidos para luego venderlos a distintos compradores

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Tres buzos buscan materiales entre desechos en un vertedero. Imagen tomada por Néstor Piron.

El siguiente paso es el traslado a puntos de acopio ubicados en las periferias del vertedero. Allí, intermediarios pesan el material y pagan en efectivo, generalmente el mismo día. Este esquema permite ingresos inmediatos, aunque variables, dependiendo del volumen recolectado y del precio de mercado de los materiales.

Una economía paralela que sostiene comunidades

El sistema que se desarrolla en Duquesa no es improvisado, aunque lo parezca desde fuera. Existe una organización interna donde los trabajadores se distribuyen espacios, materiales y roles. Algunos se especializan en plásticos, otros en metales, mientras que los intermediarios manejan la compra, almacenamiento y reventa.

Se estima que más de 5 mil personas dependen directamente de esta actividad, incluyendo comunidades cercanas como Los Casabes. Para muchas de estas familias, el vertedero representa su principal —y a veces única— fuente de ingresos. La cadena económica incluye buzos, compradores, transportistas e incluso empresas recicladoras que adquieren los materiales para su procesamiento final.

El beneficio no se limita a quienes trabajan dentro del vertedero. Este sistema también impacta a industrias de reciclaje que obtienen materia prima a menor costo, así como al propio sistema de residuos, al reducir el volumen de basura que permanece en el vertedero. Sin embargo, esta economía opera al margen de regulaciones formales y en condiciones de alta vulnerabilidad.

Entre la sobrevivencia y el riesgo

Trabajar en Duquesa implica enfrentar condiciones extremas. Los buzos están expuestos a gases tóxicos, incendios provocados por metano, lixiviados contaminantes y maquinaria pesada en constante movimiento. La mayoría carece de equipos de protección adecuados, lo que incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias, infecciones y accidentes.

A pesar de ello, el vertedero sigue siendo una opción de subsistencia inmediata. La lógica es simple: lo que otros desechan puede convertirse en dinero. En un contexto de limitadas oportunidades laborales, esta actividad ofrece ingresos diarios, aunque inestables.

Con los proyectos de transformación de Duquesa hacia un modelo de relleno sanitario más controlado, el futuro de los buzos es incierto. La modernización del sistema podría restringir su acceso, planteando el desafío de cómo integrar a esta población en un modelo más formal sin eliminar su principal fuente de sustento.

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