El fenómeno de El Niño podría pasar de un riesgo principalmente climático en 2026 a una mayor presión sobre los costos de las empresas y las economías de Centroamérica, Panamá y República Dominicana durante 2027, principalmente a través de la energía, los alimentos y la logística, según Deloitte Econosignal.
El estudio “El fenómeno de El Niño y su impacto económico en Centroamérica, Panamá y República Dominicana” identifica que los efectos más relevantes podrían producirse con rezago. Aunque durante 2026 comienzan a observarse señales relacionadas con el estrés hídrico, la reducción de los niveles de los embalses y las afectaciones agrícolas, Deloitte señala que 2027 podría concentrar mayores impactos sobre las cosechas, la generación eléctrica, el Canal de Panamá y los precios.
Deloitte advierte que el impacto no sería uniforme. La estructura productiva, la dependencia de generación hidroeléctrica, la exposición agrícola y la relevancia de la infraestructura logística determinan dónde se concentra el riesgo en cada economía.
República Dominicana presenta una exposición moderada en los principales sectores evaluados, con riesgos relacionados también con precios de productos importados y turismo.
- Guatemala y Honduras: concentran un nivel crítico de riesgo en agro y alimentos, debido a su mayor exposición de la producción agrícola a las condiciones del Corredor Seco.
- El Salvador: combina riesgos altos en sequía, agroalimentos y energía, lo que amplía las vías por las cuales El Niño podría trasladarse a la economía.
- Costa Rica: presenta una exposición alta en sequía y energía, debido particularmente a la relevancia de la generación hidroeléctrica.
- Nicaragua: registra una exposición alta en sequía y agroalimentos, con potenciales efectos sobre producción e ingresos rurales.
- Panamá: concentra un riesgo crítico en el Canal y la logística, por la relación entre disponibilidad de agua, calado, capacidad de carga y operación de la vía interoceánica.
La planeación preventiva será determinante
La relevancia económica está en cómo la falta de agua puede trasladarse a distintas estructuras de costos. Una menor generación hidroeléctrica puede requerir mayor generación térmica, generalmente más costosa; la sequía puede reducir la producción de granos básicos y otros cultivos; y menores niveles de agua pueden afectar la capacidad operativa del Canal de Panamá. En conjunto, estos canales pueden ejercer presión sobre alimentos, energía, transporte
y márgenes empresariales.
“El principal riesgo económico de El Niño para la región no está únicamente en la falta de lluvia, sino en cómo esa menor disponibilidad de agua puede trasladarse a los costos de producir, transportar y abastecerse. En 2026 todavía existe una ventana para prepararse, pero nuestro análisis identifica que parte importante de esas presiones podría hacerse más visible durante 2027”, señaló Daniel González, responsable de Análisis Económico para Centroamérica, Panamá y República Dominicana de Deloitte Spanish Latin America.

Para las empresas, el análisis plantea aprovechar el resto de 2026 para identificar dependencias críticas en agua y energía, revisar la exposición de proveedores y clientes, evaluar inventarios y alternativas logísticas y construir escenarios financieros que incorporen posibles variaciones en alimentos, electricidad, combustibles y transporte.
“No todas las empresas ni todos los países enfrentarán el mismo riesgo. Para algunas organizaciones el punto crítico estará en la energía; para otras, en materias primas agrícolas o logística. La preparación empieza por identificar dónde puede entrar El Niño en la estructura de costos y en la cadena de suministro antes de que los efectos rezagados se intensifiquen en 2027”, agregó González.
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