A medida que el fútbol se globaliza, muchos jugadores y entrenadores se han convertido en políglotas.
Cuando Roberto Lopes, un futbolista que jugaba en su ciudad natal de Dublín, recibió un mensaje en portugués a través de LinkedIn, lo ignoró pensando que podría ser un correo basura. Meses más tarde, el remitente se puso en contacto con él de nuevo, esta vez en inglés. Fue entonces cuando Lopes pegó el mensaje original en el Traductor de Google y descubrió que era del director técnico de Cabo Verde, el país natal de su padre, preguntándole si estaba interesado en jugar en su selección nacional. «Le respondí lo más rápido que pude», recuerda Lopes. Ahora él está en el Mundial como miembro de la selección de Cabo Verde.
Este es un Mundial propio de la era de la globalización. El idioma es un tema central en muchas selecciones. La mayoría de los países africanos reclutan jugadores de sus diásporas europeas. Incluso las selecciones europeas incluyen a hombres que no hablan con fluidez el idioma de su equipo, como el extremo francés Michael Olise, un londinense de madre francoargelina, o el defensa polaco Matty Cash, un inglés con abuelos polacos. Algunos países, como Bélgica, tienen varios idiomas. ¿Cómo se las arreglan los equipos?
Los clubes de fútbol se convirtieron por primera vez en lugares de trabajo multilingües después de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó en 1995 que los ciudadanos de la Unión Europea (UE) podían participar en el deporte profesional en cualquier país de la UE. Algunos de los primeros equipos multinacionales estaban divididos por idiomas. A principios de este siglo, el centro de entrenamiento del Chelsea contaba con seis pequeños vestuarios. La «sección inglesa» incluía al islandés Eidur Gudjohnsen. Más allá de eso, según relató el mediocampista inglés Frank Lampard, «había un vestuario italiano, uno francés y el resto del mundo. Era una configuración terrible… y no ayudaba en lo absoluto a construir y promover el espíritu de equipo». El técnico italiano del equipo brasileño, Carlo Ancelotti, recuerda su etapa como entrenador del París Saint-Germain (PSG) entre 2011 y 2013: «Primero se les dice a los italianos, en italiano; luego a los brasileños, en un pseudoitaliano; y después a Beckham, con gruñidos y gestos».
Pero, a medida que el fútbol se profesionalizó, los clubes y los jugadores se dieron cuenta de que un idioma común era una herramienta de trabajo casi imprescindible. Boudewijn Zenden, un exfutbolista holandés cosmopolita al que una vez vi hablando indonesio, dice: «Todo va de la mano del idioma». Los jugadores tendrán dificultades durante las semanas de aislamiento en la concentración del equipo usando solo aplicaciones de traducción.
De vez en cuando, los equipos contratan traductores: José Mourinho tuvo su gran oportunidad como joven intérprete del técnico inglés Bobby Robson en el Sporting de Lisboa, mientras que el entrenador soviético de Camerún, Valery Nepomnyashchy, dirigió la trayectoria de su selección hasta los cuartos de final del Mundial de 1990 comunicándose a través de un traductor camerunés que trabajaba como chofer en la embajada del país en Moscú. Pero, según se dice, los jugadores de Camerún con frecuencia ignoraban las instrucciones traducidas. El fútbol sigue siendo un ámbito de comunicación directa, de persona a persona.
Incluso los futbolistas que juegan en su país de origen pueden beneficiarse del multilingüismo. Kylian Mbappé aprendió español con fluidez en el PSG mucho antes de incorporarse al Real Madrid. Eso le ayudó con sus compañeros sudamericanos, según me dijo. «Es importante hablar varios idiomas si juegas con futbolistas de dimensión internacional». Él señaló que los idiomas también le ayudaron a lidiar con los árbitros.
Romelu Lukaku, delantero de la selección belga, dijo al mudarse a Italia: «Para mí es importante expresarme ante mis compañeros de equipo. Cómo quiero el balón. Dónde quiero el balón… Tengo que saber esas palabras exactas en italiano porque los matices son diferentes en cada idioma».
Lukaku creció en Bruselas, donde, según él, solía «empezar una oración en francés y terminarla en holandés, intercalando algo de español, portugués o lingala, dependiendo del barrio en el que estuviéramos». El multilingüismo ha ayudado a los belgas a triunfar en el fútbol de clubes, argumentó su anterior entrenador, el español Roberto Martínez, quien ahora es entrenador del equipo de Portugal. «Cuando yo dirigía en la Premier League, sabías que podías fichar a un belga y que se adaptaría al vestuario de inmediato». Bajo la dirección de Martínez, el idioma de trabajo de la selección belga era el inglés. Su actual entrenador, el francés Rudi García, prefiere el francés, pero los jugadores a menudo siguen hablando en inglés entre ellos. Su lema oficial también está en inglés: «We are Belgium» (Somos Bélgica).
Incluso los futbolistas británicos, quienes antes eran famosos por ser monolingües, ahora aprenden idiomas. El capitán de Inglaterra, Harry Kane, ha trabajado arduamente en su alemán estando en el Bayern de Múnich, mientras que el extremo Anthony Gordon habló un buen español durante su presentación con su nuevo club, el Barcelona, el mes pasado. El mediocampista escocés Scott McTominay, quien juega en el SSC Napoli, al menos ha logrado decir algunas palabras en italiano durante las entrevistas.
La excelencia lingüística ha sido clave en las carreras de algunos de los principales entrenadores. Ancelotti aprendió varios idiomas tras marcharse de Italia a los 50 años. El entrenador alemán de Inglaterra, Thomas Tuchel, habla mejor inglés que muchos técnicos ingleses.
Por lo tanto, la mayoría de los entrenadores y jugadores de esta Copa Mundial son multilingües, pero también se adaptan fácilmente. Algunas selecciones imponen el idioma nacional: en el caso de Cabo Verde, donde el portugués es el idioma oficial, Lopes ha aprendido el criollo nacional de Cabo Verde, o «kriolu». Su entrenador, Bubista, dice: «A veces los muchachos tratan de hablar otros idiomas entre ellos, pero no lo permito para mantener intacta nuestra identidad caboverdiana». Otras selecciones son más flexibles. Marruecos y Argelia usan el francés y el árabe, a veces mezclados (incluso en la misma oración) con otros idiomas.
Algunas empresas multinacionales podrían aprender de la sofisticación lingüística de los equipos de fútbol.
(Simón Kuper. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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