La vida es un viaje inconcluso que ni la misma muerte detiene. Ese viaje, después de la muerte, sigue… desde otra dimensión espiritual.
Esa dimensión espiritual de la vida, después de la muerte, encuentra su fundamento en la palabra, en la lengua, a partir del plano estético del decir, en su cobertura pluridimensional, desde el discurso poético.
Eso es lo que ha hecho este sujeto-autor al presentarnos sus poemas, recogidos bajo el título de Viajero sin destino (Poemas, primera edición diciembre-2025. Talleres gráficos de Nelson Soto, Santo Domingo, R.D.).
La obra consta de treinta y un (31) poemas. La edición y corrección estuvieron a cargo de Rafael J. Rodríguez Pérez, con la coordinación editorial de Editorial Santuario, dirigida por Isael Pérez. Incluye prólogo del reconocido escritor César Sánchez Beras, Premio Literatura Infantil 2026 de la Biblioteca Nacional “Pedro Henríquez Ureña”.

Entrando al fondo del discurso poético que atraviesa esta obra, nos encontramos con la proyección de una voz de angustia que recorre estos poemas, haciendo del viaje la manifestación del reclamo del poeta por el vivir y la paz espiritual de los otros.
Aunque el sujeto-autor sostiene que el Viajero no tiene destino, hay aquí una marca que señala sus puntos de búsqueda o encuentros desde su viaje. “Viajero sin destino”, como expresión simbólica desde la lengua, marca su destino, aunque no sea su llegada, el final de su travesía.
Aquí, el poeta mira hacia un horizonte de penurias y proclama ser parte de la construcción de nuevos senderos en el existir y el sentir de su gente.
El poeta quiere fundar la orden de los poetas andantes, pretendiendo omitir que él es parte inicial de estos desencuentros, porque su voz es huella del caminar del Viajero, marcando la identidad de que el real viajero es él, desde su poetizar.
Nuestros campos y su gente son partes, también, de este viaje, por lo que el llanto y la agonía fluyen como parte de los rituales de la mochila del Viajero.
Desde esta obra, el sujeto-autor emprende su viaje interminable hacia la aurora de los olvidados de esta tierra que es su tierra.
Es un poetizar en… y desde la agonía. Y esto hace de esta obra una expresión estética de solidaridad y convivencia libertaria, ante los espejos de la miseria y los despojos del ser humano.
El poeta pretende ser misionero alrededor del mundo “y aun debajo del sol” y buscar luz con sus propios ojos… (Ver poema “Misionero en el mundo”, págs. 15-19, obra citada).
Desde esa mirada, el canto del poeta se asume como parte de una estrategia expresiva íntimamente vinculada a lo humano, al hombre y sus vicisitudes.
Entonces, en este viajero hay un destino que está signado en esta poética, por lo que su fin está registrado en el reclamo del paraíso de los olvidados de este mundo. Veamos:
«Ni en silencio/ ni en secreto/ a todos esos hermanos/ prisioneros del mundo de todos los tiempos/ con reverencia/ con acordes de notas musicales/ con sonido estridente de trompeta barroca/ los saludo y abrazo».
(Ver poema “Misionero en el mundo”, pág. 15, más arriba citado).
Sorprende la nota lírica que brota de esta obra poética. Me refiero al poema “Tu gloria”, pág. 23, donde el recuerdo abraza la memoria del poeta, desde el frenesí de la memoria. Veamos:
«Recuérdame los tiempos en que te conocí/ Retórname al dulce silencio de esa historia/ Devuélveme a la madrugada del día que aconteció/ a nuestro primer beso/ al brotar la aurora».
Lo romántico, en este poemario de la agonía y el trajinar de la agonía, nos induce a un discurso situado en el amor que florece más allá de la miseria humana.
Aquí, el viajero encontró su destino, por lo que «Varado en la fantasía/ de la arena de tus labios/ soy marinero y mi barca/ la derrite el sol del día». (Ver poema “Viaje hacia mi corazón”, págs. 31-32, obra citada).
Y es que del tono de reclamos brota una voz filosófica que pregunta o cuestiona en torno a qué es la vida. Entonces, este canto se instala en el filosofar de la existencia del hombre y su destino, extendiendo la simbología de su decir hacia el vivir y el morir del Ser. Veamos:
«Hay vidas que son eternas:/ la vida de las ideas/ la vida del pensamiento/ ¿De dónde surgió el decir?:/ Todo lo que vive muere».(Ver poema titulado “¿Qué es la vida?”, págs. 35-37, obra citada).
Y como si quisiéramos cerrar desde la ironía, el poeta nos presenta su abierta confesión de cuando quiso ser poeta. Y desde esa intención, define qué es ser un poeta. Veamos:
«Yo quise ser poeta/ y quizá pude serlo/ pero tuve miedo/ Aferrado a sutiles suspiros de ilusiones/ veía las noches y los días inciertos/ y el futuro borroso/ Tuve miedo de que esas percepciones/ fueran parte del quehacer del hombre poeta/ y me dio miedo/ Me quedé siendo hombre».
«El poeta es un ser elegido/ un intermediario entre humano y el universo/ tiene que ser un sabio/ tiene que ser fuerte/ tiene que ser libre/ y no tener miedo/ yo no pude serlo». (Ver poema “Quise ser poeta”, págs. 63-66, obra citada).
En su definición del poeta, la ironía es el núcleo que marca su decir poético, para registrar el supuesto no tener la “fuerza espiritual-sublime-”.
Y yo me pregunto y le pregunto a usted, amigo o amiga lector o lectora, si será cierto que este sujeto-autor no es un poeta. Yo no tengo la potestad de responder ni de designar el ser o no ser un poeta; pero su expresar y la armonía rítmica que de él brota lo delatan como un cantor de sueños y letanías…
Entonces, en esta poética de la memoria y del andar, nos queda pendiente seguir su trajinar… hacia el vivir… teniendo como destino la esperanza. Entonces… sabremos que el poeta es… realmente… un indetenible viajero.
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