La figura del crítico, desde tiempos inmemoriales, ha jugado un papel crucial en la definición de qué es bueno y qué es malo en el ámbito cultural, literario, y artístico. Sin embargo, resulta pertinente cuestionar quién le otorga la autoridad para emitir juicios definitivos y por qué sus opiniones aparentemente tienen tanto peso. El verdadero propósito de la creación artística no debe ser satisfacer a los críticos, sino conectar con los lectores y / o espectadores.

Biblioteca. Imagen de IA.

Coincido plenamente con lo que afirma el Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez al decir: «A diferencia de los novelistas, los críticos no buscan en los libros lo que realmente está allí, sino lo que desean encontrar». Asimismo, cuando afirma: «Los críticos son personas muy serias, y la seriedad dejó de atraerme hace tiempo. Más bien, me divierte verlos intentar encontrar su camino en la oscuridad», Márquez expresa una visión crítica hacia la forma en que los críticos abordan la literatura.

Gabriel García Márquez.

Para entender el impacto de los ungidos, primero debemos examinar cómo se construye su autoridad. Tradicionalmente, los críticos se presentan como expertos que poseen un conocimiento profundo y una habilidad especial para discernir la calidad en una obra. Sin embargo, este supuesto poder a menudo se basa en un conocimiento que, si bien puede ser extenso, no necesariamente es infalible o universal. La autoridad se deriva, en gran medida, de una tradición cultural que ha valorado la opinión experta sobre la expresión individual.

Según Brendan Francis Behan «Los críticos son como los eunucos en el harén: saben cómo se hace, lo ven todos los días, pero no saben cómo hacerlo»

Un aspecto preocupante es que el reconocimiento de los críticos a menudo se otorga sin un examen riguroso de sus propios logros. Es decir, los críticos son expertos en identificar fallos, pero rara vez tienen que demostrar su superioridad mediante la creación de sus propias obras. Su habilidad radica en señalar defectos, más que en generar algo nuevo. Esta situación plantea una pregunta fundamental: ¿cómo podemos confiar en la evaluación de alguien que no ha demostrado su capacidad en el campo que critica?

Pintura de Picasso.

Por ejemplo: la obra de Pablo Picasso Las señoritas de Avigñón fue una pieza revolucionaria y polémica que suscitó reacciones negativas entre varios de sus amigos y cercanos, quienes llegaron a prever que acabarían encontrando a Picasso sin vida, colgado detrás del cuadro. Esta obra estuvo influenciada por Cézanne, El Greco y el arte primitivo expuesto en el Museo del Trocadero de París.

El pintor Henri Matisse la calificó como una broma de mal gusto, y ciertos círculos artísticos la rechazaron de manera tajante.

Otro ejemplo que me gustaría traer a colación es el de ocho grandes novelas que hoy son consideradas obras maestras de la literatura, pero no siempre gozaron de la fama que ostentan. Estas obras fueron rechazadas por la crítica de su época, pero con el tiempo lograron alcanzar la gloria.

Moby Dick – Herman Melville: Considerada hoy como una de las grandes novelas de la literatura mundial, Moby Dick fue un completo fracaso comercial y crítico durante la vida de Melville. El autor murió creyendo que su obra había sido un error, pero con el paso del tiempo, la novela se reconoció como un hito de la literatura americana, abordando temas como la obsesión y la lucha humana contra lo incontrolable.

El ruido y la furia – William Faulkner: Faulkner es uno de los escritores más grandes del siglo XX, pero sus obras, como El ruido y la furia, fueron inicialmente rechazadas por su estilo complejo y la oscuridad de sus tramas. La novela fue considerada por el propio autor como su obra maestra, y hoy se considera uno de los pilares de la literatura contemporánea, admirada por su innovador uso del monólogo interior y su profunda exploración de la psique humana.

El gran Gatsby – F. Scott Fitzgerald: Aunque hoy es un clásico, El gran Gatsby fue un fracaso de ventas y crítica en su momento. Fitzgerald no logró el reconocimiento que deseaba en vida, y la novela fue vista como una historia superficial sobre el amor y la ambición. No obstante, el tiempo ha dado la razón a la obra, que ahora es considerada un retrato incisivo de la desilusión americana y el sueño de la riqueza.

Lolita – Vladimir Nabokov: Lolita fue duramente criticada en su tiempo por su controvertido tema de la pedofilia y la relación entre un hombre adulto y una niña de 12 años. El escándalo fue tal que Nabokov enfrentó grandes dificultades para encontrar editoriales dispuestas a publicarla. A pesar de la controversia inicial, Lolita se ha consolidado como una de las novelas más influyentes y complejas del siglo XX, apreciada por su profunda exploración de la obsesión y la moralidad.

La metamorfosis – Franz Kafka: A pesar de que Kafka no valoraba La metamorfosis como una de sus mejores obras, hoy se considera un pilar fundamental de la literatura moderna. Rechazada inicialmente tanto por la crítica como por el propio autor, esta novela corta ha dejado una huella indeleble en la cultura literaria, con su impactante retrato de la alienación humana y la angustia existencial.

Un mundo feliz – Aldous Huxley: En su momento, Un mundo feliz fue recibido con escepticismo y rechazo, principalmente porque su visión distópica del futuro resultaba aterradora y demasiado sombría. Incluso autores como H.G. Wells criticaron la obra, considerándola una «traición». Con el paso del tiempo, la novela ha sido reconocida por su atinada predicción de un futuro marcado por la tecnología y el control social, y sigue siendo una obra de referencia dentro de la ciencia ficción.

El entierro prematuro – Edgar Allan Poe: El entierro prematuro es solo uno de los relatos de Poe que enfrentó críticas mixtas durante su vida. La naturaleza morbosa y melancólica de sus historias, junto con su vida personal llena de escándalos, hicieron que muchos no apreciaran su talento. No obstante, hoy Poe es considerado uno de los más grandes narradores de la literatura estadounidense, y su influencia en el género del horror y el cuento corto sigue siendo crucial.

El Señor de los Anillos – J.R.R. Tolkien: A pesar de ser ahora una de las trilogías más icónicas de todos los tiempos, El Señor de los Anillos fue recibido con escepticismo cuando se publicó. Muchos lo consideraron como una obra trivial escrita por un lingüista y no por un escritor de ficción. Con el tiempo, no solo la crítica se inclinó a favor de Tolkien, sino que las adaptaciones cinematográficas contribuyeron a elevar su estatus como una obra literaria trascendental.

Estas obras, aunque inicialmente subestimadas o rechazadas, han logrado, con el paso del tiempo, consagrarse como algunas de las más importantes de la literatura universal.

Según James Gibbons Huneker, «El crítico es un hombre que espera milagros». En mi opinión, uno de los problemas fundamentales de la crítica radica en que los críticos suelen evaluar una obra basándose en su propia experiencia y en comparaciones que no siempre son válidas. Esto se debe a que cada obra, cada contexto histórico y cada autor tienen características únicas y particulares que influencian su expresión creativa. La dimensión temporal y espacial de una obra artística es fundamental y no siempre se puede juzgar con los mismos criterios.

El verdadero objetivo de la creación artística, literaria o cultural no debe ser simplemente satisfacer los gustos y expectativas de los críticos, sino establecer una conexión genuina con los lectores, espectadores o audiencias. Los creadores se esfuerzan por transmitir ideas, emociones y visiones que resuenen profundamente con su público. El éxito de una obra se mide más auténticamente por la manera en que impacta y se relaciona con su audiencia, en lugar de depender de la validación de terceros que pueden tener prejuicios personales o una perspectiva limitada. La autenticidad de la creación y su capacidad de resonar con quienes la experimentan es el verdadero criterio de su valor.

Los lectores y espectadores son quienes realmente se benefician de la creación artística. Ellos encuentran valor en las obras a través de su propia experiencia y perspectiva. La recepción de una obra por parte del público es lo que define su impacto, y no la validación o el rechazo de los críticos. La interacción genuina entre la obra y su audiencia es lo que finalmente decide su relevancia y significado.

Dr. Diógenes Céspedes.

Comparto en toda su dimensión el comentario emitido por don Diógenes Céspedes, escritor, crítico, analista del discurso literario poético en una entrevista que le realizara Fausto Rosario Adames en acento hablando sobre la identificación de la sociedad dominicana con sus poetas: «En el ámbito de los escritores, que son los que leen a los escritores y los que se supone que valoran a los escritores, la identificación es contradictoria… ¿Por qué no hay identificación?, porque cada quien quiere ser el primero. Cada quien, forma su propia capilla de admiradores, y así es imposible establecer tabla de valoraciones en cuanto a quién es el mejor, y así sucesivamente hasta llegar a una escala»

Cuando muchas personas eligen un regalo para alguien, a menudo se centran en sus propios gustos y preferencias en lugar de considerar la personalidad y las preferencias del destinatario. Este enfoque también se refleja en la crítica literaria: evaluar una obra solo por su estructura técnica es diferente a emitir juicios de valor sobre si es buena o mala. Cada obra literaria lleva consigo la esencia única de su autor, que refleja su experiencia personal y perspectiva. Por ello, considero que, siempre y cuando el escritor respete las normas ortográficas y estructurales adaptando el lenguaje a su audiencia, debe tener la libertad de expresar sus sentimientos auténticos. La valoración de la obra por parte de críticos, si bien en muchos casos puede sumar a la obra, no debería limitar la expresión del autor; el verdadero mérito de la literatura reside en su capacidad para transmitir la experiencia personal y conectar con los lectores, más allá de las opiniones.

La valoración se basa en gran medida en la subjetividad y el contexto cultural. Quienes emiten juicios de valor, no revelan sus propios prejuicios o las influencias que pueden afectar su juicio. Esta falta de transparencia lleva a evaluaciones más arbitrarias que objetivas. Dado que el criterio a menudo está en constante cambio, y puede ser influenciado por modas pasajeras, las opiniones críticas pueden ser, en última instancia, efímeras.

Los análisis realizados a una determinada obra suelen realizarse partiendo de estructuras y convenciones establecidas que limitan su capacidad para apreciar obras innovadoras o no convencionales. La tendencia a valorar lo que ya está en el canon hace que las obras realmente originales sean desestimadas. Esto demuestra la necesidad de una visión más inclusiva y diversa en la apreciación artística.

Esteban Tiburcio Gómez

Investigador y educador

El Dr. Esteban Tiburcio Gómez es miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Licenciado en Educación Mención Ciencias Sociales, con maestría en educación superior. Fue rector del Instituto Tecnológico del Cibao Oriental (ITECO), Doctor en Psicopedagogía en la Universidad del País Vasco (UPV), España. Doctor en Historia del Caribe en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), entre otras especializaciones académicas.

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