Desde su publicación en 1980, es mucho lo que se ha escrito sobre "El fabulador" de don José Enrique García (Santiago,  1948). Sin embargo, este océano inmenso de poesía nos permite descubrir cada día nuevos temas qué tratar de tan importante obra de la literatura hispanoamericana. No sin razón  el mismo autor dice de su obra lo siguiente: "[…] es una pieza viva, que partió de una masa cósmica donde se manifiesta el principio de lo absoluto, o si quieren llamarle tejido vocal impuesto por un ser superior, divino, que parte del andar humano para transformarse en polvo cósmico"(¹).

En su nueva edición realizada por Editora Nacional, 2026, impreso en Editora Amigo del Hogar, con un extraordinario prólogo del intelectual español Jorge Urritia, donde afirma que la "Tragedia del fabulador es saberse necesariamente reflejo del otro, de la multitud y, aunque busque aislarse, aunque intente ser el mismo, su propio destino de compromiso lo devuelve al sueño colectivo". (Pág.10); el constante renacer del hombre contrasta con la constante expiración de lo humano. La mente tiene formas de escapar de ese ciclo perpetuo utilizando el “trastorno poético compulsivo” para hacerlo. La poesía, como la locura, o la ausencia de cordura,  hilvanan  la condición del ser, siendo la “psicología positiva de las letras” el camino predominante para salir de los delirios de la realidad imperante:

"Instante, único, irrecuperable,
agotadora luz, sombras oscuras
que en medio de los muros de la casa
se han disputado los cuerpos
por tantos siglos como siglos han visto los ojos de la tierra.
Instante único de los instantes
que a fuerza de vivir ya son historias
de una luz que se persigue
y de una sombra que viene persiguiendo.
Pero todo sucumbe al mismo tiempo
en el espacio donde la otra luz
se trueca en sombra de comprensiva presencia
y donde el sueño se erige dios salvador
de lo que cae irremediablemente". (Pág. 76).

Más allá del mero hecho de existir, existe el hecho de crear, en "El Fabulador" la creación no para, es una máquina aceitada que engrana sus dientes hacia los sueños y de los sueños la metástasis de lo real invade la materia y se expande como un universo donde lo creado crea:

"Yo soy el fabulador
soy el que soy
el tejedor de dichas y desdichas
Vienen hasta mí las palabras que se dijeron
y las que no se han dicho todavía
Soy en mí y en los otros
reúno en mis ojos los tiempos
y en mi voz las canciones que se cantaron en los trabajos
reúno las ciudades los hombres los caminos
Fabulador me hice me hicieron
nadie quiso tomar este trabajo
o no tuvieron tiempo para hacerlo
me lo echaron a los pies a los hombros
alguien tenía que ser dijo la multitud
uno bastaba y ese era yo de cuerpo entero". (Fragmento). Pág.21

Dr. José Enrique García.

José Enrique García, Premio Internacional Pedro Henríquez Ureña  2025, primer dominicano en obtenerlo, en su referente obra escritural, es más que un hacedor de palabras, es un dador de significados Pero ¿Cuál es el objeto del significado? Sucumbir ante las repuestas:

"Otro niño vendrá de madrugada cuando ya esté viejo, y cuando no me quepan más años y andanzas en la memoria que se ha ido poniendo vaga y borrosa. Y ese niño anunciará con su mirada tierna el final que comienza con su primer llanto". (Pág.75).

El moldeo de las ideas en la obra galardonada con el premio Siboney (1979), concretiza la acción “psico-coyuntural” del pensar. Don José Enrique no escatima recursos lingüísticos que estimulen lo neo poético de su decir:

"Vuelve al rostro el rostro,

                             el agua su íntimo fondo

                   recupérese la sombra en la sombra


Nada cae definitivamente,

               la muerte se engaña

                         al extenderse en otras muertes

                        La alegría que reflejan los ojos

                      en un instante

                                      lo sorprende lo triste


El naufragio del agua

              la luz

              la sombra

              y de la sangre

sostiene y justifica la esencia primaria

                                  de la vida". (Pág.95).

La concreción de ese trastorno poetizante insurrecto que  lleva más allá los límites de la cordura, traspasa los linderos de un mundo lógico que cae ante los embates de una “seudo-locura literaria” donde el otro es él mismo y él mismo es el otro. Lo sideral de esa concepción del "yo" donde lo inmenso puede sobrevivir en tan solo "una gota de agua en  otra gota de agua" desdibuja lo creado y al mismo tiempo lo creado se dibuja. Cada creación habita una creación superior, un movimiento perpetuo que crea y descrea lo sido:

"El mar que a los pies regresa
es el mar que encerramos en la mirada.
Enfurecido a veces, en estado de calma tantas otras,
más siempre en nosotros, en vigilia.

Si compañero se hace del cielo en la distancia
en el hombre vuélvese sueños, lejanas tierras.

Realidad que se lleva en el cuerpo,
pues ese viaje que lo hagamos temprano en la memoria es la imagen perfecta del mar yendo y viniendo,
es la vida que está anclada en nosotros
como un perpetuo naufragio hasta la vida". (Pág.89).

"El fabulador", que a decir del poeta e intelectual Enegildo Peña  "es una obra maestra que debemos reconocer y admirar por su alta poeticidad, por su modernidad y vanguardismo, los cuales asumió sin recodos, a través de diferentes líneas y formas poéticas"(²), provoca su propio eco. Se repite en el vacío, por eso en sus ediciones posteriores a la primera edición, parecen un libro nuevo. Es una novedad al momento de ser leída, reelegida, recitada; es una comunión del tiempo:

"Dicha no fue el conocer temprano

el esperado oficio de tejedor de sueños

El corazón

       las manos

              los ojos

                          -desgraciados miembros míos-

abiertos al mundo desde niño

advirtieron la dura luz las adultas horas

de los tantos días iguales transcurridos

y la precisa urgencia de los hombres

                         la obligación

                                               los hábitos

y hacia el barro del sueño me fui

a darle claridad a la imaginación

                   asombro al sueño

                                      vigencia al engaño". (Pág.23).

El autor de "Las huellas del olvido", en su confinamiento mental,  realiza  un ritual poético donde no queda duda de su compulsión creativa: No deja de poetizar. La poesía es neoplasia  que no para, una condición que  permite la multiplicación de millones de células invasivas en el texto, es una eternidad que trastorna todo intento por dejar de crear:

"Lleno de dudas detuve mi trabajo de hacedor de sueños
para mirar lo que hacían las manos
y miré hilos y madejas y a veces nudos
y la primera punta del hilo hecha ya un punto
y la segunda en espera del punto último
que cerraría felizmente el tejido
y que en la noche lo destejería el silencio
                         la oscuridad". (Fragmento). Pág.64.

La creación es lo dominante en el fabulador, ese dominio escritural lírico-épico-místico es la base fundamental del proceso creativo del doctor García. Cuanto más nos acercamos a una conclusión lógica de su poesía, más nos alejamos. Es un espejismo del conocimiento “grafo-gramatical”, las reglas están allí pero no de forma visible. "El fabulador" es un laberinto que debemos sortear para abrir la jaula que nos encierra y que nos libera al mismo tiempo:

"De qué se aferró el primer hombre
sino del vacío que guardaba dos labios
los labios de la compañera,
del engaño y encanto de una carne temblando en lujuria
                                           aún no sentida.
Con su cuerpo la mujer sacudió la calma del hombre
y violentó la furia que guardaba en la sangre
                                     y le enseñó el olvido,
abriéndose en cuerpo, entregándose en labios.
Y el hombre aprendió que después del instante
supremo de dos cuerpos solo queda el vacío,
el más hondo vacío que existe sobre el mundo:
una desgracia nació en el primer beso
que solo la borra el último beso
que un día habrán de darse dos amantes
en un lugar impreciso del mundo". (Pág.70).

Esa “psicastenia literaria”, donde lo compulso nos adentra a terrenos difíciles de concebir, pero que misteriosamente nos llama hacia ese mencionado dominio creativo del poeta, es el hilo conductor de una historia que, en opinión del multipremiado periodista y narrador Gustavo Olivo Peña: "[..]busca arrancarle respuestas a la vida, que interpela al universo, dentro o fuera de su propio ser. En algún modo todos somos esa persona que necesita satisfacer sus ansias de certidumbre en los caminos de la existencia, y esa persona es todos nosotros"(³), se cuenta desde todos los principios y  decanta todos los finales, La dismetría en los versos de don José, es la desmedida pura de la vida. No hay dos vidas iguales ni dos poemas, aunque la vida y el poema sean su viva imagen:

"En mí tomaron forma las formas
de los hombres que tocaron mi cuerpo
la arcilla y la luz se refugiaron en mi carne
la imagen última y primera se ocultó en mi sombra
Solo yo el fabulador poseyó el oficio de soñar
por todos los hombres y todas las mujeres
por eso su voluntad sus ojos su esperanza
y su identidad de humanos se abandonaron bajo el hechizo
de mi poderío de mago
Fui la única forma pura
los otros se hicieron a imagen de mi imagen". (Pág.80).

Notas:

(¹) García, José Enrique, "Palabras para “El fabulador” y España, con motivo de la nueva edición del poema para la XXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo", Acento  5/10/2026.

(²) Peña, Enegildo, 'El fabulador' de José Enrique García: un paradigma de la poesía dominicana", Acento, 4/10/2026

(³) Olivo Peña, Gustavo, "El fabulador, de José Enrique García, otro agradable reencuentro". Acento,  6/01/2022.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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