Sentado en el fondo del Aula Magna de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), febrero de 2026, oía su discurso, en el cual explicaba, con trazos apretados, y con esa seguridad que la adorna, el proyecto Inafocam digital, que forma parte, según declaró, de un programa estructural que pretende expandir la tecnología a través del sector docente y estudiantil, haciendo más factible el trabajo académico. Y entre su decir y mi interior, fueron tejiéndose estos párrafos en su nombre.

Uno

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Clara Joa. Dibujo de Segundo Reynoso.

La primera vez que oí hablar de Clara Joa, fue de boca de Pablo Rodríguez Núñez, con quien mantengo una amistad que se inició en la década del 70, en Santiago, y se prolonga hasta hoy. Así, un día me habla de ella, y de lo que me dijo, dos condiciones, resaltó: su condición intelectual, y la honestidad cabal y probada en su hacer. Hace unos días, a propósito de estas líneas que escribo sobre ella, lo llamo y le pregunto: Pablo, como tú ves hoy a Clara Joa, y sin titubeos me dice: es un genio, José, un genio. Ahora, esta imagen que diseña Pablo Rodríguez, me la ratificaron Fernando Álvarez Bogart, Luís Martínez, José Rijo del mundo de la economía y la política, donde me involucré por largo tiempo. Y esa genialidad que ellos testifican, a mi modo, y desde mi ángulo, la testimonio en estas líneas que puesto en su nombre y en su trabajo acumulado, le entrego al lector.

José Rafael Abinader .

Como mi vida transcurría, por años, entre economistas y políticos, el nombre Clara era frecuente, mas no la conocía, si llegué a verla de lejos. Pero una noche apareció en la tertulia que conducía en su casa, en lo alto de la Torre Azul, el doctor José Rafael Abinader. Iba a la tertulia desde que mi amigo, el autor de la novela Los que falsificaron la firma de Dios, Viriato Sensión, me dijo que tenía que conocer al Doctor José Rafael Abinader, que era un hombre de excepcionales condiciones intelectuales y humanas. La relación del Doctor Abinader con mi persona fue larga. Trabajé con él en la edición del libro El globo: una moneda mundial, que antecede a muchas publicaciones que después trataron sobre las iniciativas de monedas únicas globales.

DOS

Clara Joa.

Clara Joa llega a la tertulia. La observo metódica, cordial, dinámica y con aquel mirar definido, propio de aquellas escritoras francesas de mediados del siglo XX. Veo, con sus movimientos, que es conocida, muy relacionada y bien aceptada dentro de ese núcleo. Llama mi atención el brillo de sus ojos y la movilidad entre aquellos hombres, que eran, dentro de los encuentros, mayoría.

Una vez terminada esa sesión en el instituto, el Doctor José Rafael Abinader y yo subíamos a la azotea a seguir trabajando con el libro Verdades históricas. En ese espacio de la torre azul, todo un piso abarrotado de libros, El Doctor Abinader me dice: mira, José, he nombrado a clara Joa como secretaria de la tertulia, es una mujer de altas condiciones intelectuales, alta honorabilidad y honestidad, una joya para este país. En ese momento, respondo: bueno, Doctor, yo lo ratifico en este sentido, he tenido noticias de ella desde hace tiempo en el mundo de la economía y de la planificación, donde me he desenvuelto, y la mejor imagen que tengo de un funcionario público y sobre todo mujer, especialmente mujer, la tengo de ella, desde luego, que yo, personalmente, no la conozco, nunca he hablado con ella, sencillamente la he visto desde lejos, y ahora que usted está aquí, nombrándola, es lo más cercano al encuentro con esta dama. El Doctor José Rafael Abinader me dice, que ella es totalmente confiable, inteligente y capaz.

Debo agregar que el Doctor José Rafael Abinader me ratifico en nuestra conversación, allá arriba, en la azotea las condiciones de dos personajes que iban a estar en esa tertulia, y tengo que dar fe de eso, se trataba, además Clara Joa, de Leonte Brea. En ese sentido, sé quién es Leonte Brea porque he leído su libro El político, y conversando con él, un día me dijo: José, el doctor Abinader era un erudito.

Retomando lo de Clara Joa, ella entra a participar en la tertulia como una de las personas más prominentes, desde el punto de vista del Doctor José Rafael Abinader.

Debo anotar aquí y aprovechar la oportunidad de escribir algo que, en cierto modo, es una especie de reciprocidad sobre Clara Joa León, no en el sentido del alago, sino, por justicia ante personas valiosas que como ella procuran tener aciertos en cada cosa que hacen y trabajan con integridad.

Luego en una ceremonia de conmemoración en el cementerio donde yacen los restos del doctor José Rafael Abinader, nos saludamos de manera efusiva Clara Joa y yo, desde ese momento tuvimos nuestro primer roce verbal. Compruebo que la imagen que mucha gente tiene de ella desde hace muchos años es inalterable. Y un día, Clara me llama y me dice:

José, tengo que hablar contigo, quiero verte, el asunto es que Nino Félix me ha recomendado que tú leas unos poemas míos. Le respondo: bueno, claro, no hay problema, nos tomamos un café.

Rafael Nino Félix.

Desde hace un tiempo, les doy clases a personas que quieran aprender sobre poesía; corrijo a gente que tenga valor. Entonces nos juntamos en ese momento Clara Joa y yo, porque Nino le dijo:  José Enrique es la única persona que puede hacer la corrección de ese libro de poemas.

Leí dos poemas de ella rápido, y le dije: vamos a hacer lo siguiente, yo te voy a dar una especie de entrenamiento rápido de cuáles son los fundamentos de la literatura y de la poesía y después que tú tengas esas informaciones,  te voy a dar observaciones muy concretas, muy concisas, y ella se reía y me miraba y después, le dije: después que tú tengas esas informaciones, veremos tus poemas porque yo no corrijo, yo sugiero, entiendo que nadie puede cambiar el pulso de nadie, y un autor es un pulso, una entidad. Y le expresé: bueno, yo te voy a dar todo esto, a partir de lo aprendido, empezaremos a analizar para que tú apliques exactamente lo que te estoy enseñando, lo que hemos discutido.

Una de las cosas que más me llamó la atención de Clara fue esa maravillosa forma de entrar al conocimiento rápidamente, era trabajar desde las 6 de la tarde hasta la hora que teníamos decidido terminar. Durante los encuentros, era puntual, a veces llegaba al café primero que yo, se sentaba al frente y yo empezaba a explicarle y ella se llenaba de esas explicaciones que a mí me tocaron años entender. De simple, las captaba rapidísimo, y luego que pasamos ese proceso, aquello se convertía en una especie de juego lúdico porque se iluminaba y veía y asentía precisamente lo que le decía. Mis prédicas son verdades que salen de la ciencia, la crítica y el análisis constituyen una ciencia, y como ella es una científica, se dio cuenta que yo lo que estaba haciendo era análisis objetivo.

Entonces clara fue entrando en una relación conmigo directamente en el análisis y en la creación literaria, eso duró mucho tiempo. Desde el análisis estudiamos sus poemas, llagamos bastante lejos. Ocurre también que ella mantuvo el ritmo poético y la línea de trabajo poético, pero también pasó a la prosa, porque la literatura es una, donde se manifiestan las vivencias, las sensaciones y el mundo en diferentes géneros.

Manuel Rueda, 1952.

Algo especial que quiero significar: Cierto día, llega para una de sus lecciones, yo estoy trabajando y releyendo, no sé por cuántas veces, el poema de Manuel Rueda, titulado La criatura terrestre, un conjunto versal que tiene 606 versos blancos en decasílabos, sin rima, una sola tirada y por eso es un conjunto versal. Estoy leyendo el libro y llega clara y se sienta al frente, en el café, sin perder tiempo, comienza a ver el poema. Le digo: tú puedes analizarme métricamente ese poema (tengo la edición primigenia de La criatura terrestre) y entra con esa cabeza brillante, y comienza a leerlo y me dice: José, estos son versos métricos de once sílabas, mira la sinalefa aquí, mira allá, pero desde luego, no tienen rima, y yo le pregunto, si ella sabía de eso, y respondió que sí, que ella sabía. Entonces, hace una muestra del poema La criatura terrestre a nivel de su estructura formal y va ejemplificándome y ratificando lo que ya yo tengo asentado es un libro, un poema enorme que está sustentado en verso endecasílabo, con todas sus diéresis y con todas sus sinalefas.

También, dejar dicho quiero algo que me conmovió de esa inteligencia superior de Clara, es lo siguiente: como yo estoy absolutamente seguro de que Luces de alfarero de Ana Almonte es una de las grandes novelas que se ha escrito en los últimos años en el mundo, yo le doy a Clara Joa un ejemplar y le digo: léete este libro, después te voy a adelantar algo y tú me excusas, pero es mucho mejor que Cien años de soledad. Ella me dice: tú estás seguro José, eso es mucho decir Y ocurre que ella lo leyó en un día y después que nos reunimos a trabajar, le pregunté si había leído, me dijo: No solo lo leí, lo voy a promover. Y es la persona que mayor venta directa e indirecta ha hecho de Luces de alfareros porque Clara Joa, desde mi punto de vista, asume totalmente la excelencia y el sentido de esa novela.

Portada de Luces alfareros.

Ahora bien, hay en Clara Joa algo que también llamó mi atención en el asunto del lenguaje, del manejo del lenguaje. Pero también hay en ella una especie de conexión entre el método científico del análisis del texto, que tiene que ver exactamente con la lectura expresiva. Para llegar al entendimiento de Clara Joa, usted tiene que haber pasado por unos planes de estudios, y para poder hacer esas relaciones se necesita manejo de la lengua.

En ese sentido, he declarado que me gusta hablar con Clara de literatura porque con ella es un juego, un juego sustancial y una risa. Esta mujer realmente piensa en las cuatro direcciones: bendición es trabajar con ella.

Dr. José Francisco Peña Gómez.

Subrayo algo que a Clara Joa y a mí nos unifica desde que la conocí en el sentido humano, esa devoción y reconocimiento al líder Dr. José Francisco Peña Gómez.

José Enrique García

Poeta y novelista

Nacido en 1948, Licenciado en Educación y Letras de la Universidad Católica Madre y Maestra, Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y Miembro de número de la Academia Dominicana de Lengua. Ganador de premios como Siboney de poesía con su obra El Fabulador, Premio Nacional de Novela con Una vez un Hombre. Escritor del Ritual del tiempo y los espacios, Un pueblo llamado pan y otros cuentos infantiles, ensayos como La palabra en su asiento y El futuro sonriendo nos espera.

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