"Forever trusting who we are"

Nothing Else Matters

Canción de Metallica ‧ (1991)
James Alan Hetfield / Lars Ulrich

A ritmo de un solo de guitarra, entre la furia de las notas y ampollas en los dedos, Yaissa Jiménez, desvaina la palabra. El brillo de su filo comienza a cortar de raíz lo que pudo ser, alguna vez, la poesía.

En la lápida de Charles Bukowski (Alemania, 1920, Estados Unidos, 1994), uno de los representantes del llamado "realismo sucio", aparece cincelada la frase: "Don’t Try", palabras que para algunos serían una advertencia, para otros, una invitación explicita a crear todo, sin tapujos, a partir de  lo cotidiano; nuestra poeta las acata, lo trata, lo logra.

"Ritual Papaya", Zemí Book, Colección Montra, 2018, Yaissa Jiménez (Santo Domingo, 1986) es un llamado a las raíces, a nuestra condición humana. Es una fotografía instantánea de lo que somos. La edición en que baso éste artículo, quizás por un problema de compaginando, no permite disfrutar al cien por ciento de todos los títulos. Sin embargo, la muestra poética a la que tuve acceso fue más  que suficiente para apreciar el gran trabajo de la escritora y poeta.

Para leer a la también guionista, se debe tener la mente en blanco, borrar los parámetros establecidos y empezar a navegar un mar turbulento que nos hará zozobrar en medio de versos que al mismo tiempo nos mantendrán con vida.

Su identidad galopa en cada una de las páginas del libro. Se mantiene allende las fronteras. Sus venas portan el Caribe, el barrio y la sinrazón de la razón:

"[…] Soy como esta isla que me parió:

Una guarida de cimarrones.

Imposible de ubicar.

Una tendencia a la genialidad

y la tumba de ese concepto del ego

El desapego a lo que no procure placer.

La la tendencia a no olvidar el cómo olvidar.

No siempre quiero ser tan Caribe.

Y estado más caribeño no hay". ("A medio camino") Fragmento. Pág.86.

La realidad desgarra los harapos de los días. Desnuda de manos y de cuerpo atraviesa las sombras que no tienen luz de origen, solo otras sombras y un lápiz de carbón número dos entre los dedos:

"[…] Lo buscaban pa' matarlo al bendito.

Todos los días en la puerta

un cimarrón tocando madera,

loco por desgarrar su garganta.

Claro, a mano pelá,

porque hasta mañas adornaban la venganza.

Querían sangre brotando, ojos saltones,

comerse sus sesos y tragarse su aliento.

El varón abría tranquilo la puerta,

sin miedo y los fantasmas se esfumaban.

Pero de qué querían de sajarlo, sí que querían". ("Y viví con una leyenda") Fragmento. Pág.45

Nuestra autora se pregunta quién es. Pero, ¿Para quién?, no es para ella, es para nosotros. En "Piropo", desdibuja por completo lo que creímos ser, para darnos cuenta de lo que somos en tan solo dos versos:

"No, no soy un poema.

Soy una sátira, y me gusta" (Pág.56)

Y se agiganta, su poesía posee el poder de un conjuro que poderosamente va oscureciendo los caminos del papel en  blanco y recita sus hechizos y el embrujo de su magia nos atrapa en una cadena de repeticiones y ritmo:

"Carente de miedo.

Andando los prados azules

del sol y sus verdades.

Vehemente y humana.

Salpicada de vuelo.

Simple y resistente,

como el aire, no como el oro.

Eterna y amplia.

Dátil dulce, sal de siempre.

Compendio de muchos versos.

Versos de una letra, estrofa en construcción.

Oportunidad en el tiempo.

Tiempo sin resistencia a la lucha.

Lucha sin resistencia a la fe.

Amor.
Creencia sin dolor,

dolor que muta en Esencia.


Rocío de todos los prados.

Cúrcuma de todas las tierras". ("Luna de plata") Pág.16

'Ritual Papaya': Cuando el poema es acento y furia

"No soy dueña de lo que escribo", declaró Yaissa en algún momento. Sin embargo, tampoco es dueña de sí. Es una esclava de los versos que la escriben a ella  y a su sentir. A pesar de la opinión, acertada y sustentada de nuestro gran intelectual Basilio Belliard, sobre "que existe una crisis en el uso de la metáfora, que se ha popularizado el cinismo y la ironía a la hora de escribir el texto poético y que el poeta privilegia el contar sobre el cantar, que distinguía a ese género anteriormente". Jiménez   , con su literatura actual y contemporánea acompaña a su decir de puntuales metáforas que hacen que su escritura sea respirable y cantable:

"Ocultarme de los días sin gloria.

Salir del aire y no regresar hasta solo ser polen.

Retroceder.
Volver a la matriz de mi madre y cerrar la puerta.

Devolver el ciclo.

Des-inhalar, des-exhalar.

Destejer mis tejidos.

Deshinchar los glóbulos y desteñir mi sangre.

Planchar las venas con un filo tan opaco

que desaparezcan en su delgadez.

Roer ni médula.

Polvo fino,

huesos en desíntegro retorno,

sin humedad que les una,

sin compactación que les comande a ser.

Y caer en el suelo literalmente vacía,

piel ceniza y desinflada entre hojas secas. Como una costra

de lo que nunca debió ser o estar.

El caparazón sin alma de un tiempo

que me cubrió sin mi permiso.

Y que la tierra me trague". ("Sinfonía de los días opacos") Pág.33

Le escribe a la tierra y en su ritual, como una sacerdotisa andina, ofrece sacrificios de versos, estrofas que se elevan hasta las nubes, rapsodias que grita con furia su acento:

"La tierra negra, fértil y plena, habló:

"Yo le pertenezco a quien me cuida".

Ese es el grito que se escucha en el subsuelo

si entierras las orejas en medio del cultivo.


Las manos del campo abrazaron dos veces

el alma de la semilla y nunca se escuchó canción tan plena.

Nunca se abrió tanto el sonido

intrauterino de Pachamama,

y solo los fieles sin capital escucharon

el canto de agudo sonido:

"Quiero hijos con las manos repletas de mí,

con las uñas negras y pintadas de vida,

quiero hijos que ves en mis hojas con celo, quiero hijos que retornen

mis alimañas acariciadas

y devueltas a mis entrañas con caminitos de sol,

quiero solo con mis hijos

a quienes me mineralizan

con el sudor de su frente,

de quienes me sé los pasos,

de quienes mis capas tienen memoria".


Y cuidado con no perseguir

el sonido de la patrona

Cuidado con deshacer de la memoria

su determinado reclamo.

Canten la canción ejecute en el mandato.

Que los hijos de la tierra

deben obtener

por fin

su herencia y su legado".( "Tierra negra"). Pág.38

En su andar poético, la fortaleza de su poesía está presente en cada palabra. Su reclamo envía señales de alerta hacia un mundo cada vez más radicalizado y fragmentado que nunca. En "Adrede" su voz es un muro construido entre  templanza, madures e irreverencia:

"El ácido de los días lentos

invade con acidez estomacal y neuronal:

así los días lentos fraccionan la tortura,

se diluyen con calma y provocan la tempestad.


El colmo de los días lentos,

y se colman de momentos aptos

para acelerar y dejar de ser tan inmaduros  pero no lo hacen,

se detienen en el segundo del despegue.


La broma de los días lentos,

y bromean con tu humor;

con tu estampa y con tu paciencia

hacen chistes que no van,

golpean coyunturas sin cosquillas

y se regodean de momentos complicados.

Días babosos que no quieren madurar adrede". (Pág.59)

"Ritual Papaya", nos demuestra que la poesía se mantiene en constante evolución y cual "enzima papaína" aporta un efecto de renovación y contemporaneidad. Es por ello que, con publicaciones como éstas, el poema,  los y las poetas, entre el  acento y la  furia, permanecerán.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

Ver más