Polonia cuenta con una rica tradición poética que ha dado al mundo dos premios Nobel de Literatura: Czesław Miłosz y Wisława Szymborska. Sus versos, junto a los de otros autores fundamentales como Adam Mickiewicz y Adam Zagajewski, combinan la ironía, la profundidad filosófica y la memoria histórica.

Czesław Miłosz (1911-2004) Es una de las voces más influyentes del siglo XX,  sobresale por su testimonio de los horrores de la guerra y la reflexión moral desde el exilio. Poeta, traductor y escritor polaco, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1980. Nacido en una familia de origen lituano-polaco, vivió en un contexto marcado por los conflictos nacionales en Europa del Este y mantuvo una profunda conexión con la historia y cultura de su región. Estudió Derecho en Vilna y debutó en la literatura en los años 30, formando parte del grupo literario Żagary.

Durante la Segunda Guerra Mundial, fue testigo del horror en Varsovia y apoyó a los perseguidos por el régimen nazi. Tras la guerra, trabajó en el servicio diplomático de Polonia, pero en 1951 solicitó asilo en Francia para escapar del comunismo. Vivió en Estados Unidos, en Berkeley, desde 1960, donde fue profesor y continuó escribiendo poesía con temáticas variadas, incluyendo la política y la historia. En 1990, volvió a Polonia y residió en Cracovia, donde falleció en 2004. Su obra combina un profundo humanismo, reflexión filosófica y compromiso social, y es considerada una de las más importantes de la literatura del siglo XX.

Czesław Miłosz.

Miłosz escribió “Campo dei Fiori”, uno de sus más grandes poemas de juventud, en Varsovia en 1943. Empieza con la imagen de la plaza romana Campo de’ Fiori, en la cual dice que "quemaron a Giordano Bruno."  En la descripción que hace el poeta de esta plaza, se puede percibir en primer plano un colorido mercado repleto de flores, frutas y demás. La plaza está llena de vida, hecho en el que hace hincapié el autor. Mientras tanto, en el fondo, un solitario Giordano Bruno espera su destino: la muerte. Este hecho no consigue estorbar ni molestar la alegre atmósfera que domina en la plaza. Esta imagen está relacionada en el poema con un periodo de tiempo en especial de Varsovia, especialmente abril de 1943. Ese año los nazis llevaban a cabo la masacre de los guetos creados por ellos, y de sus habitantes. En este momento también, la alegre atmósfera sigue sin interrupciones.  Continúa una tarde de primavera, con un cielo claro, un carrusel, música, rodeados de enamorados, y de gente feliz. Pero, en algún lugar del fondo, está teniendo lugar la tragedia del gueto ardiendo. Estas imágenes constituyen eventos de gran proximidad; la atmósfera feliz convive con el horror de los muertos. Y nadie se interesa por los asesinatos de inocentes, porque las tragedias del hombre (tanto en el pasado como hoy en día), incluyendo la mayor de ellas, la muerte, son desconocidas, raras, para la vida.

"Campo dei Fiori", de Czeslaw Milosz. Versión de Juan Carlos Villavicencio

En Roma en el Campo dei Fiori

canastas de aceitunas y limones,

adoquines salpicados con vino

y restos de flores.

Los vendedores cubren los caballetes

con pescados color rosa;

brazadas de uvas oscuras

apiladas junto a las pelusas de duraznos.

En esta misma plaza

Giordano Bruno fue quemado.

Sus seguidores encendieron la pira

presionados por la multitud.

Antes de que las llamas murieran

las tabernas estaban llenas de nuevo,

otra vez sobre los hombros de los vendedores

canastas de aceitunas y limones.

Pensé en el Campo dei Fiori

en Varsovia por el cielo en forma de carrusel

un claro anochecer de primavera

al compás de una tonada del carnaval.

La brillante melodía ahogó

los truenos en la pared del ghetto,

y las parejas volaron

alto en el cielo carente de nubes.

A veces el viento de la quema

avienta cometas oscuros

y los jinetes en el carrusel

atraparían pétalos suspendidos en el aire.

Ese mismo viento caliente

abrió las faldas de las niñas

y las multitudes reían

en Varsovia ese hermoso domingo.

Alguien leerá como moral

que el pueblo de Roma o Varsovia

regatee, ría, haga el amor

mientras pasa frente a la pira de los mártires.

Alguien más leerá

de la muerte de las cosas humanas,

del olvido

nacido antes de que murieran las llamas.

Pero ese día sólo pensé

en la soledad de los moribundos,

de cómo, cuando Giordano

subido a la quema

no pudo encontrar

en ninguna lengua humana

palabras de humanidad,

humanidad que sobrevive.

Ya habían vuelto a su vino

o vendían su blanca estrella de mar,

habían cargado a la feria

canastas de aceitunas y limones,

y él ya estaba lejos

como si hubieran pasado siglos

mientras que se detuvieron un instante

para ver su partida en el fuego.

Aquellos muriendo aquí, los solitarios

olvidados del mundo,

nuestra lengua se vuelve para ellos

el lenguaje de un planeta antiguo.

Hasta que, cuando todo sea leyenda

y muchos años hayan pasado,

en un nuevo Campo dei Fiori

la rabia se encienda en la palabra de un poeta.

Wisława Szymborska (1923-2012) fue una destacada poeta, ensayista y traductora polaca, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1996. Nació en Kórnik y vivió en Cracovia, donde estudió y desarrolló su carrera literaria. Durante su vida, publicó numerosos libros de poesía y ensayos, tradujo obras del francés y recibió diversos premios internacionales. Se caracterizó por mantener una vida privada reservada y por su estilo poético reflexivo y profundo. Su obra, relacionada con temas humanos, existenciales y filosóficos, la sitúa junto a autores como Czesław Miłosz y Zbigniew Herbert, y es considerada una de las más importantes de la literatura polaca del siglo XX. Su poesía se caracteriza por el uso de la ironía, el humor negro y una aparente sencillez para tratar temas filosóficos y existenciales de la vida cotidiana.

Este poema evidencia la ironía, el humor negro y una aparente sencillez para tratar temas filosóficos y existenciales de la vida cotidiana.

Primera fotografía de Hitler

¿Y QUIÉN ES ESTE NIÑO con su camisita?
Pero ¡si es Adolfito, el hijo de los Hitler!
¿Tal vez llegue a ser un doctor en leyes?
¿O quizá tenor en la ópera de Viena?
¿De quién es esta manita, de quién la orejita, el ojito, la naricita?
¿De quién la barriguita llena de leche? ¿No se sabe todavía?
¿De un impresor, de un médico, de un comerciante, de un cura?
¿A dónde irán estos graciosos piecitos, a dónde?
¿A la huerta, a la escuela, a la oficina, a la boda
tal vez con la hija del alcalde?

Cielito, angelito, corazoncito, amorcito,
cuando hace un año vino al mundo,
no faltaron señales en cielo y en la tierra:
un sol de primavera, geranios en las ventanas,
música de organillo en el patio,
u presagio favorable envuelto en un fino papel de color rosa.
Antes del parto, su madre tuvo un sueño profético:
ver una paloma en sueños, será una buena noticia;
capturarla, llegará un visitante largamente esperado.
Toc, toc, quién es, así late el corazón de Adolfito.

Chupete, pañal , babero, sonaja,
el niño, gracias a Dios, está sano, toquemos madera,
se parece a los padres, al gatito en el cesto,
a los niños de todos los demás álbumes de familia.
Ah, no nos pondremos a llorar ahora, ¿verdad?,
mira, mira, el pajarito, ahora mismo lo suelta el fotógrafo.

Atelier Klinger, Grabenstrasse, Braunen,
y Braunen no es una muy grande, pero es una digna ciudad,
sólidas empresas, amistosos vecinos,
olor a pastel de levadura y a jabón de lavar.

No se oye el aullido de los perros, ni los pasos del destino.
El maestro de la historia se afloja el cuello
y bosteza encima de los cuadernos.

Wisława Szymborska. Poemas