La poesía es sentido y la posibilidad de salvación. Ella habita en lo cotidiano y nos fecunda de esperanza, fe y motivos. Es construcción íntima de la totalidad de lo humano; entre las sombras del pasado y la claridad que promete el porvenir, parece estar la verdad escondida en ella. Y es lo que buscan estas líneas: elevar la mirada ante la grandeza y riqueza que hay en la obra del poeta y narrador Noé Zayas, con el fin de dar cuenta en su creación poética de cómo la poesía es un pilar que le imprime la serenidad de vivir poéticamente los abismos y las alturas, las realidades y las ficciones que tejen esto que llamamos vida.
Frege (1984), en Sentido y referencia, encarna la idea de que el sentido es un modo de darse de los signos en sus contextos. La noción de modo de darse referido al ser y el habitar el escenario existencial de lo cotidiano ha de rescatarse en la antología poética Navegar en lo seco (2009), pieza eje de este análisis y que se inscribe en una búsqueda del significado ontológico de la vida que encarga diferentes modos: la duda que deviene en escepticismo, rebeldía que se convierte en ruptura, certezas radicales que desbordan lo místico, referentes culturales que elevan la poesía y una lucidez que pone en jaque a la realidad en su componente social y espiritual.
Navegar en lo seco (2009) es búsqueda y respuesta. Adviértase que este navegar es paradójico, pero también es metafórico y sugerente. Lo seco reivindica la falta y, en el navegar, la salida. Es un modo de conducirse en el mundo. Como quien decide crear sus posibilidades y conducir en consciencia su destino. Cosa interesante, que el título sin más sea un discurso que hable alto de la obra. Y su metáfora implique al timonel (registro según la filología de gobernanza), que es, espero demostrar, el propósito de la antología.
La duda es el paso necesario de todo proceso de transformación. Dudar es poner como supuesto lo establecido. Agarrar con pinzas y en los filos de la razón las ideologías. Esto es lo que sucede en el poema El Mesías, que tanto emula al símil de las transformaciones que hace Nietzsche (1997) en Así habló Zaratustra, donde ilustra que la emancipación del hombre es la metamorfosis del camello en león y de león en niño.
El Mesías
No quiero perecer en un remolino de dudas: Turbios pasadizos
donde tambalea mi mirada de mentiras
ni que la certeza: Camisa de fuerza que me exilia del sueño
me preste amparo.
Pero oigo la voz y atrás, muy atrás el murmullo de la multitud
que me persigue desde siglos.
Yo aún corro entre bosques de piedras amarillas:
Ocres, pardas como panteras agazapadas
Alaridos, gritos, rostros entre neblina llenos de miedo:
El suelo es un espejo de sangre que refleja el techo de los árboles
del otro lado del corazón hace falta un cuchillo más agudo
que el odio
para romper los vínculos reales
(Zayas, 2009).
Este es un poema que cuenta la historia del hombre universal que persigue formar una narrativa del mundo. Al buscar un punto en que no lo consuma la duda, ni que la certeza se convierta en ceguera, por eso va a decir: «Yo aún corro entre bosques de piedras amarillas: ocres, pardas como panteras agazapadas. Alaridos, gritos, rostros entre neblina llenos de miedo» (Zayas, 2009, p. 41).
El Mesías es una crítica en la que se expresan la duda y la certeza. Da cuenta de una transformación del espíritu. Es desprenderse de todo el peso de la tradición como certeza; representa la transmigración del camello en el león. Un quitarse los supuestos no asumidos desde la razón y construidos en la fe y el miedo. Lo hace con la rebeldía del león. Con la firmeza que se agudiza como filo que traspasa multitudes para llegar al miedo, ese arquitecto de narrativas y miserias humanas.
¿Cómo no pensar en el filósofo y místico Bergson (1962), quien en Las dos fuentes de la moral y de la religión penetra en lo más hondo de las creencias al establecer que estas son una reacción al miedo? Cuánta verdad hay en los versos de Zayas (2009) al hablar de alaridos, miedos del Mesías. Y sí, hace falta un cuchillo más duro que el odio para romper vínculos reales; quizás la indiferencia tenga ese metal para deshacer el vínculo que hay en lo real, porque el amor se sitúa más allá del bien y del mal (Nietzsche, 2005), incluso del miedo y los sistemas de ideas, que han condenado más de lo que prometen salvar.
Hay en el poeta Noé Zayas una capacidad única para identificar los impulsos primarios del hombre y cómo estos toman cuerpo en las acciones. De ahí, el filo de su pensamiento y de esa duda punzante que adorna con la justa dosis de escepticismo que ha de haber en toda persona que decide hacerse cargo de su vida, que es una gran responsabilidad para quien no delega el pensamiento al modo ingenuo de la conciencia y vendedores de sueños, porque el miedo es un gigante del alma, un mecanismo capaz, al igual que el amor, de sacar lo peor del hombre.
En el poema El miedo, se profundizan las nociones expresadas en el párrafo que antecede a este uso de escritura. Es un texto que une dos planos, el psíquico y el espiritual. Es una respuesta y la elección de un modo de conducirse e ir siendo. Aquí el poeta nos presenta una de las vías de la libertad; solo cuando desaparece el miedo, el hombre se emancipa de su minoría de edad. Comienza a ser y a sentirse dueño de sí mismo. Disfrutemos del siguiente fragmento del poema aludido.
El miedo
Si fuéramos polvo
si soñáramos ser polvo
ya no habría miedo
no sentiríamos nada al cruzar ya sin forma
las paredes de la casa vacía
(Zayas, 2009).
El texto expresa lo que, a su modo, dice Mira y López (1957), el gran psiquiatra español, que a propósito colinda con el área de formación de Noé Zayas. Mira y López (1957) expresa en Los cuatro gigantes del alma, que el miedo es un núcleo energético que orienta, pero que también impulsa y limita a la razón, siendo el más ancestral de las emociones, al venir antes de los seres pluricelulares. En Noé, este gigante se vive en consciencia y le es uno de los caminos de emancipación y de espiritualidad.
La sabiduría que se esconde en cada verso perpetrado por el poeta referido es como la gota de vino destilada que va llenando la copa en la álgida sed de la mirada preparada para ver el alma desnuda en su realidad. Los versos donde la figura mitológica Minerva es el numen esconden una sentencia y certeza radical. Y qué propicia es la musa que le nombra, diosa de la sabiduría, artes, educación y defensa. Minerva es la versión romana de Atenea, protectora de Atenas.
Minerva
Estatua de piedra. Siglo IV a. C.
Al despertar
piedra o sal mi cuerpo: polvo mis palabras mi aliento cuando abro mi boca
De piedra o sal: ¡qué importa!
por mis venas de polvo corre el secreto deseo de ser otra:
Así transmigro
no huyendo hacia lugares de acechanzas
ni languideciendo en mi prisión, en las formas.
Así soñé este lugar en otros tiempos: siendo bosque, prado florecido,
fruto caído por gravedad y comido sin prisa
y los que hemos despertado no dentro de la casa,
sino en los linderos de su ruina,
¿no aprendemos?
Nosotras que hemos perdido nuestras manos
no sobre la espada, no sobre la tierra fértil,
sino sobre la CASA-TUMBA:
nuestro habitat primero y último.
(Zayas, 2009).
Solo una verdad irrefutable hay y es que, de todas las posibilidades del hombre, es la muerte la absoluta de todas ellas, conclusión de Heidegger (1997) en Ser y tiempo. La comprensión de esta verdad otorga libertad y convierte al esclavo en amo. Es una dialéctica y así de ello da cuenta Hegel. El amo se libera cuando asume su destino y no existe espacio al miedo. La naturaleza humana es tirana en su vulnerabilidad; se eleva a la libertad o desciende a la servidumbre. El sentirse uno u otro, es ser consciente de los mecanismos instintivos y primitivos de la mente humana.
Este poema, además de señalar una verdad radical, también entraña una comprensión de lo sucesivo y la finitud, de esa sabiduría que se sitúa al fondo de las andanzas y preocupaciones del hombre. La verdadera sabiduría es la que prevé la finitud en la infinitud y la infinitud que hay en nosotros. Sal y polvo, dos elementos que evocan a la nada, a quedar sin forma, quizás solo en energía y recuerdo. Así, como la petrificada Estatua de piedra. Siglo IV a. C. de Minerva, de polvo y sal; quizás esté atrapado el hombre en sus afanes y ruinas.
Afanes, ruinas, continuidades y discontinuidades llevan a abrazar el poema Variación de la tarde, a la altura de la tercera parte. El aquí y el ahora, el pasado y el futuro, el ser y el no ser, quizás sean una red que hace prisionero al hombre. Le infunde esperanza, que en la mitología griega es el peor de los males del hombre.
III
Demasiado ha esperado el hombre para entender que esto es una trampa
Que no habrá manera de llevarnos la vida a ninguna parte,
ni al cielo de los místicos, ni al ciber hombre que promete la ciencia.
Ni una brizna de materia en nosotros resistirá hasta el fin.
Todo lo dejaremos cuando la luz nos llame a la orilla del tiempo
El mar, que ama las tardes, se esconderá de prisa en la última mañana
el paisaje nos cambiará de golpe
y perderemos el interés por el oro y por los cuerpos
olvidaremos los nombres de los hijos,
la forma de los autos, el Facebook, el WhatsApp, las naves espaciales
y el horroroso tiempo de oficina.
Sin embargo, Alejandra
Que extraña oscuridad acompaña el sueño que persiste en la esperanza
Demasiado dura el hombre resistiendo la tentación de desnudarse,
de quitarse el cuerpo y dar a la huida
al regreso.
(Zayas, 2009).
En estos versos puede verse como una gran síntesis de la creación poética de Noé. En sí, hay registros de los tópicos transversales a su universo poético. Aunque es un poema inédito, por todo lo que aporta, lo coloco en esta valoración. En él hay una pieza que evoca a la realidad, la espiritualidad y la experiencia del límite. El arte sirve para expresar las realidades existenciales y transontológicas.
En él, Noé sitúa su pensar social y humano e integra los problemas científicos y espirituales del siglo: no escapa ni las nuevas cavernas digitalizadas que van creando un modelo de hombre a la medida de la velocidad de la información y el tiempo. Agudizamos los sentidos y entramos en las aguas profundas de sus versos.
«Demasiado ha esperado el hombre para entender que esto es una trampa». Y sí, la realidad es una trampa. Esta carne, huesos, deseos y todo lo que respiramos no es más que una trampa. Atrapados solo en tres dimensiones y condenados a cinco sentidos. Condenados a elegir lo que otros eligen para nosotros. Y solo somos a partir de lo que han hecho de nosotros, tan preclaro piensa Sartre (1952) y tan pertinente es a propósito de lo dicho en Noé.
«No habrá manera de llevarnos la vida a ninguna parte, ni al cielo de los místicos, ni al ciberhombre que promete la ciencia». En el espíritu de la profundidad, diría Jung, la realidad es puesta en jaque. Es lo que logra el poeta en estos versos. Si no hay manera de llevarnos esto a ninguna parte, ¿qué sentido tiene la existencia, qué quimera es el hombre en el universo, acaso solo las errancias de los dioses y los hijos de la peor de las ilusiones? Dicho está, esto es una trampa.
El cielo de lo místico, el ciberhombre de la ciencia son relatos, narraciones y esperanzas que perpetúan la ilusión que somos. El aquí y el ahora que somos precisa más que la esperanza, que los miedos, que las posibilidades lejanas y que las promesas espirituales, místicas y científicas. Ante este quiebre de la realidad del agudo pensamiento, creo que la respuesta a esta búsqueda es la poesía y el arte. Es el vehículo, la vía y la forma de ascender a lo esencial.
«Ni una brizna de materia en nosotros resistirá hasta el fin». ¡Cuán vulnerable es el hombre, qué pequeño es el hombre, pero cuán grande y qué hermoso don le fue dado! La finitud le imprime sentido, le da los proyectos y es la norma. ¿Qué sería del hombre si infinito fuera? ¿Acaso podría resistir tanta continuidad, la angustia de ser siempre y no ir a ninguna parte? La consciencia de finitud es la responsabilidad radical del hombre; es una invitación a tomar el sentido profundo de la existencia, viviendo en la intensa negación de la productividad que desgasta lo humano.
El poema sigue diciendo que ni la brizna resistirá el fin; todo lo dejaremos a la orilla del tiempo. ¿Puede la metáfora «orilla del tiempo» traer esperanza a este fin abigarrado que describe en cristales rotos la realidad? Ir a la orilla del tiempo es la salida, el origen de todas las cosas. Él es, en él somos y no dejará nunca de ser. Y sigue el fin apocalíptico, el paisaje que cambia de golpe, el olvido de los hijos, el desinterés por el cuerpo, todo e incluso el horroroso tiempo de oficina.
A pesar de todo, el sentido lo da el origen, establece el poeta, el engaño que da la esperanza al trazar proyectividad, cuando lo único real es la sucesión y el olvido, verdad que ya nos legó Borges; de ahí la tentación del hombre de integrarse al Ser. En sus palabras: «Qué extraña oscuridad acompaña el sueño que persiste en la esperanza. Demasiado dura el hombre resistiendo la tentación de desnudarse, de quitarse el cuerpo y dar a la huida al regreso».
Este es un poema que conecta con grandes pensadores de la humanidad. Platón, en la República, da cuenta del origen y del olvido al narrar el mito de ER, que, tras su alma transmigrar, regresa a otros planos lleno de olvido y así por la eternidad circular. También Nietzsche, en el eterno retorno, ofrece la idea de una serie circular que hay en el espíritu, la vida y el universo, y cómo no Camus, al reinterpretar el mito de Sísifo y cómo también en la vida y este plano nos hace querer volver al origen, sin la pesada roca de la carne y las trivialidades humanas.
Sin lugar a dudas, estamos delante de un texto importante al cuestionar las utopías del presente siglo, proporcionando las imprescindibles distopías, pero también reorientando e imprimiendo sentido. Al conectar con ámbitos dichos y no dichos, sobre todo al ofrecer esta síntesis de pensamiento en apenas la brevedad, esta pieza poética se hace fundamental al plantear la necesidad de un nuevo modelo de hombre para superar las miserias y el peregrinar adormecido en este plano en el que somos apenas una duda.
Puntualizar que es un poema que encarna una crítica. En la postmodernidad, los relatos del posthumanismo y de las tecnociencias parecen ser el camino de la salvación del hombre. Los relatos fuertes, es decir, las grandes ideologías, han muerto (como profetizó Fukuyama); de lo que se trata es de modos de vida. Buscar sentido de trascendencia que eluda todos los microrrelatos que tanto benefician a la economía de la atención y que nos bombardean a diario por distintos medios, como diría el Dr. Andrés Merejo.
El poeta Noé tiene estrechos vínculos con la mística. Con un pensamiento que se sitúa más allá de lo ontológico, es decir, lo transontológico. Se pregunta el maestro Jiménez: "¿Más allá de qué?" Más allá de las formas, de la energía que conecta la pluralidad en la unidad. Ese manto común que enhebra, al decir de Platón en el Parménides, que aúna lo diverso del ser. Monólogo del perro: dice tanto, pero también dice tan poco; mas no se elude la experiencia poco habitual para quien agudiza los sentidos y tiene una apertura a lo espiritual.
Monólogo del perro
Te sigo hacia la luz y me devuelvo
me falta una vejez como la tuya para entender la
oscuridad
el pequeño misterio que nos deja solos en todo esto de
la sed y el agua
quisiera defenderme y solo ladro
y todos me mandan a callar
y estoy callado.
(Zayas, 2009).
La preocupación por el límite y la finitud en el poeta es habitual. Es que es un creador que hace de la realidad su materia prima, esa que sucede al límite, en el límite, impactando y suspendiendo el pensamiento. Es como logra captar la cruda realidad y hacer de ella arte. Esa es la grandeza de Noé. En hacer de la poesía una herramienta aguda, crítica, pero también que encanta la realidad, quebrándose en cada producción. Eso es literatura, estremecimiento. Esa es la función de la poética, como plantea Jakobson, autoridad del funcionalismo, lo mismo que para el estructuralismo, principal representante del Círculo de Praga, antecedente de ambos movimientos.
El poema Monólogo del perro se inscribe dentro de una experiencia espiritual. Recuérdese que se evocó en las líneas que anteceden este uso de escritura a la crítica que hace al misticismo; faltó agregar a la fachada de trascendencia que hay en los hacedores de fortuna con estos relatos. En él las experiencias trascendentes son habituales, claro, las auténticas.
Pues, en este monólogo está plasmada la reminiscencia platónica y pitagórica que bien retoman de los egipcios y otras tradiciones antiguas. ¿Será que las almas en determinadas circunstancias no se desprenden del todo de este plano? Recordaba Pitágoras, al decir de Diógenes Laercio (2007), ser hijo de Hermes, convertirse en Hermótimo, pescador, ser un árbol y diferentes especies. Cuánta verdad entraña el verso que generosamente nos regala Noé al decir: «Me falta una vejez como la tuya para entender la oscuridad, el pequeño misterio que nos deja solos en todo esto de la sed y el agua».
Sin lugar a dudas, el alma humana desde el punto de vista platónico es antigua. Digamos que antiquísima. Ella cobra identidad y la pierde, se incorpora en su origen para volver y tomar otras densidades y latitudes. El verso «el pequeño misterio que nos deja solos en todo esto de la sed y el agua» se fundamenta en el pensamiento platónico, cuando en el último libro de la República aparece Er, hijo de Armenio, que, tras morir en la guerra, emprende un viaje de mil años a un lugar energético llamado La pradera, donde es juzgado e inducido a elegir un alma nueva que ha de reincorporarse a los vivos, en mejores o peores condiciones que las de su vida anterior según actos, tras tomar del agua del río del olvido. Y sí, cuánto misterio hay en la sed, el agua y el olvido. Hay ceguera de lo espiritual, fenómenos que a los sentidos están vedados. Otros seres vivos pueden percibirla, quizás encarnarla. Y de eso da cuenta el texto.
La reflexión respecto al tiempo no está ausente en el poeta que hace objeto de estudio de este análisis. El poema La brevedad figura una teoría estética de lo breve. La brevedad es mostrar lo que preciso, justo, sin atosigamiento, a modo de vía para abrazar a la nada, el vacío. Dice:
La brevedad:
es un pájaro que se corta lo inútil,
plumas, carne, corazón
y se queda en los huesos, temblando en el vacío.
(Zayas, 2009).
Ante tanta narrativa de lo inútil, hay que reivindicar la brevedad como justicia a la poesía, que busca la esencia desde la forma, lo bello y la esperanza, porque, aunque sea un mal (la esperanza), es lo único que nos impulsa al horizonte de las utopías y de los sueños y diferencia al hombre del resto de la creación; envidia es incluso a los ángeles, como registra Pico de la Mirandola en la De La Dignidad Del Hombre al poner al hombre en el centro de la creación y permitirle descender a la bestia o elevarse al cielo.
Ese ascenso al cielo lo ha hecho Noé. Su obra es sentido, que logra en cada acto estético elevarse en consciencia a la mirada sutil de lo bello que hay en el filo de la realidad cortante. Lograr plasmar con belleza la cruda realidad, las experiencias cotidianas con las que se las arregla el hombre universal y que, aunque ilusorias, son esenciales a este teatro grande que es la vida y que se bifurca ya en lo social, espiritual y cotidiano. Sea este verso del poeta el agradecimiento de leer estas palabras, porque quizás la poesía sea el único sentido posible, porque: «Navegar en lo seco porque solo tú sabes cómo se engendra la destrucción o se repara el fuego» (Zayas, 2009) y eso solo es posible desde la poesía.
Referencias
Bergson, H. (1962). Las dos fuentes de la moral y de la religión (2.ª ed., M. González Fernández, Trad.). Buenos Aires, Argentina: Editorial Sudamericana.
Frege, G. (1984). Estudios sobre semántica (U. Moulines, Trad.). Barcelona, España: Ediciones Orbis. (Trabajo original publicado en 1892).
Heidegger, M. (1997). Ser y tiempo (JE Rivera C., Trad.). Santiago de Chile, Chile: Editorial Universitaria. (Obra original publicada en 1927)
Laercio, D. (2007). Vidas y opiniones de los filósofos ilustres (C. García Gual, Trad.). Madrid, España: Alianza Editorial
Mira y López, E. (1957). Cuatro gigantes del alma: El miedo, la ira, el amor, el deber (14.ª ed.). Buenos Aires, Argentina: Ediciones Lidiun.
Nietzsche, F. (1997). Así habló Zaratustra (A. Sánchez Pascual, Trad.). Madrid, España: Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1883-1885).
Nietzsche, F. (2005). Más allá del bien y del mal (A. Sánchez Pascual, Trad.). Madrid, España: Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1886).
Zayas, N. (2009). Navegar en lo seco: Antología 1990-2010. San Francisco de Macorís, República Dominicana: Papiros, S.A.
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