Introducción
Esta tierra que recibió poetas y escritores como parte del proceso colonizador y además encontró espacios para la poesía oral en las culturas aborígenes y africanas. Brindó un soporte inicial a lo que es hoy la República Dominicana. Por lo que se puede decir que los vientos poéticos han surcado estas tierras desde siempre.
Pero en rigor literario, la poesía dominicana nace después de la independencia con la presencia formal de escritores como Jose Joaquín Pérez, Salomé Ureña y Gastón Fernando Deligne, para mencionar a quienes en el siglo XIX junto a otros, crearon los cimientos líricos en que se sustenta nuestra poesía.
El siglo XX reafirmará este género con mayor fuerza, continuidad y madurez dentro de los géneros literarios que occidente acepta como tales.
El vedrinismoy el postumismo buscarán, cada uno desde su óptica, caminos en que sustentar la estructura textual que se presenta como innovadora y de ruptura. Los sorprendidos reaccionarán contra el nacionalismo literario postumista haciendo un llamado a juntar nuestra poesía con el hombre universal. Al mismo tiempo, varios poetas independientes completaron el momento más alto de nuestra historia literaria. Cada uno fortaleciendo senderos individuales hacia la excelencia.
Vendrá la Generación del 48 con vocación integradora y nuevos poetas independientes consolidarán una tradición que tomó ribetes de fuerte contenido social. El trasfondo de este proceso es la caída de la tiranía y cuatro años después la insurrección popular de abril que generará contenidos contestatarios que tendrán rn la generación del 80 reflexiones críticas hacia mundos innovadores , los cuales se extendieron hasta nuestros días con una interacción poética que se trasladará a la internet sin abandonar los libros que seguirán expresando la búsqueda constante de lo poético.
Pero siempre pensé que en esta historia de contenidos y formas cambiantes donde lo nacional dialoga con las experiencias internacionales a través del flujo de imágenes, metáforas y versos rimados o libres se escondía una sensibilidad muy especial a través del tema de las madres, en el cual existirán las más variadas formas y contenidos artísticos en una antología.
Hice los primeros esfuerzos a través de un opúsculo y pensé que era poco, por lo que le expresé mi idea de un proyecto mayor a la Dra. Margarita Cedeño de Fernández. El cual, en una primera edición, incluiría 51 poemas a las madres desde Salomé Ureña hasta nuestros días.
Encontré en lo inmediato el respaldo entusiasta y al otro día recibía el llamado de su despacho para emprender la tarea. El estímulo directo de la Primera Dama permitió que hoy estemos poniendo en circulación esta Antología poética dominicana. Homenaje a las madres.
Hoy por razones entendibles hacemos una selección con el compromiso de ampliar junto a Efémerides Patrias una antología más extensa para el 2027.
Mateo Morrison/Compilador / Editor
Antología poética dominicana. República Dominicana, 2010
A mi madre
Salomé Ureña
Aquí, a la sombra tranquila y pura con que nos brinda grato el hogar, oye el acento de la ternura
que en tus oídos blanda murmura la dulce nota de mi cantar.
La voz escucha del pecho amante que hoy te consagra su inspiración, a ti que aún eres tierna, incesante, de amor sublime, de fe constante, raudal que aliento da al corazón.
Mi voz escucha: la lira un día un canto alzarte quiso feliz,
y en el idioma de la armonía débil el numen ¡o madre mía! No halló un acento digno de ti.
De entonces, madre, buscando en prenda, con las miradas al porvenir,
voy en mi vida, voy en mi senda,
de mis amores intima ofrenda 9
que a tu cariño pueda rendir.
Yo mis cantares lancé a los vientos, yo di a las brisas mi inspiración;
tu amor grandeza dio a mis acentos: que fueron tuyos mis pensamientos en esos himnos del corazón.
Notas dispersa que en libres vuelos y a merced fueron del huracán, pero llevando con mis anhelos
los mil suspiros, los mil desvelos con que a la Patria paga mi afán.
Hoy que reunirlas plugo al destino, quiero que abrigo y amor les des: esa es la prenda que en mi camino al soplo arranco del torbellino,
y al colocarla vengo a tus pies.
Oración a la madre ida
Manuel Llanes
Ayer, hoy, mañana, y siempre aquí; muerto de hambre sin hambre, he abierto las
alas de un grito…
tu espíritu es un perfume de mi nostalgia que queda
hasta en la noche. En el triste aposento mis pasos cautelosos
eran como el enigma de la muerte.
Ronca fuerte la demencia en la aurora con la dulzura que fallece
en el viento y en las hojas de otoño.
Un hálito me apagó en la mañana tu lámpara risueña;
y entre la casa,
somos los tres hermanos como púberes almas inocente
que coordinan la neurosis de los grillos; La casa de los muertos
es como un patíbulo a las seis.
Mi piedad dormida como los stradivarius En las serenatas de los arcángeles,
Y concuerda con mi tristeza un viento frío.
Sonríe la noche en mis labios Entre un coro de campanas, Pero de campanas dolientes,
En medio de la noche estruendosa.
Tu cruzas por mi memoria silenciosamente, como una púdica azucena virgen
entre mi voluptuosidad ya triste.
¡Oh la noche en la carne de los lirios!
¡Oh la noche que para mi se pudre!
¡Oh la noche con el rumor de mayo huérfano!
¡Y el aire frío del mar!
En una noche de la ciudad lóbrega. Con un beso salobre que avasalla, la muerta ciudad me da su calma
y a mis pies, sus largas calles en silencio.
Mi vieja se muere
Domingo Moreno Jimenes
I
En este momento en que escribo el día es pálido, blanco el papel en que trazo estas líneas,
y aun más blanca mi desolación fantástica.
II
¿Se creerá que duermo?
¿O que estoy loco?
¿O que me pasa algo anormal o absurdo?
¿Pensarán muchos que no puedo dialogar ni conmigo mismo?
Manso, Leve, Ardiente,
¿Plácido? (¡Ignoro si cabría aquí el dicterio de plácido!)
Sea como se desee, espero más que pienso… Se fue la noche sin rastro de lumbre…
La mañana en que he caldo me hace soñar demasiado
Despacio…
III
Cuando veía a los niños ante el pizarrón sudar,
trazar embelecos más o menos amables, callar o hacer preguntas,
importunar o continuar toda la clase quietos, me dije por más de diez veces: “esto vale de veras toda su alba, todo su anhelo y toda su sonrisa”
IV
Y el sábado tardaba… apenas la víspera
con su preludio de ilusiones
y el caos, ¡o el hosco caos del tedio! Sé distinguir los días que preceden a los faustos sucesos
y las noches que preceden a los días de luto; Los primeros son fríos, plomisos y grises;
las últimas tienen una muda elocuencia abismal que nos engaña, porque en su seno los astros
y las nubes brillan más y mejor.
V
¿Ha anochecido?
¿o ha amanecido?
¡Oh, sus trenzas bordadas!
Su nombre,
sus ternuras,
sus reproches, y su velada voz
me parece que no he aceptado a bosqueja un pensamiento ni a
formular una palabra.
VI
Hice a pie un trayecto muy largo, Vadeé un río,
Me flagelo el sol, Columbré una montaña…
¿Si para algo sirvieran estas escaramuzas y estas treguas?
Amar
O no haber amado nunca, ¿no es lo mismo? Sí, o tal vez;
Pero yo quería decir, “me demudé”,
pero al fin pude realizar todos mis sueños…” La inacción de los ideales, ¿no es una muerte?
VII
En fin: oí su risa
y tuve en mis manos,
Soporté las interminables esperas, fingí;
pero como las olas del mar,
volví a quedar por breves
horas quieto.
VIII
El baño en el arrollo perfumado por su cuerpo joven y tibio
Y los sordos clamores de la noticia cruel y horrible,
¡Oh dolor, que me obligas a buscar el amor como punto de apoyo
en el dédalo de las dóciles dudas humanas!
IX
Las monjitas de la caridad;
Su cama blanca, o mejor, su cama.
X
Que ensordezca;
¡Que no me lo digan!
XI
¡Ay! su apostolado, ¡oh! su sacrificio.
XII
Llegar,
Aunque me extravié Aunque pierda los frenos,
Aunque sobrenade en el vacío de
la espantosa noche, ¡habré de llegar!
Remate
Manuel del Cabral
Ay, madre, si tú me hubieras Interrogado: –Hijo mío,
¿Quieres ir o no a la tierra? Es el único permiso,
Ay, madre,
Que yo no hubiera querido que tú me dieras!
Los caballos de Suro vienen por el viento
Franklin Mieses Burgos
Ya llegó la vendimia
en los frutos sin nombres, por donde en cada germen que oculta la cimiente
hay un hálito macho gozando una doncella.
Yo la vi desde el árbol donde el viento es nodriza de los retoños nuevos.
Y a llegado tan sólo porque el rosal crecido tiene todas sus manos llenas de voces blancas.
–¡Madre:
los caballos de Suro vienen por el viento! Un paso más, y ahora descolgarás la luna,
sin que nadie nos diga
que es una voz distante, una gardenia muerta
o una canción redonda clavada sobre el cielo.
–¡Madre:
los caballos de Suro vienen por el viento!
Únicamente aquellos que todavía no saben
que la tierra es muy grande y sólo de unos pocos, únicamente ellos
no abrirán el corazón a la mirada triste
de los niños sin pan
y los perros sin dueño.
–¡Madre:
los caballos de Suro vienen por el viento!
No le digas a nadie que los pinos son hechos con el canto crecido
de los pájaros muertos.
No le digas a nadie
que la tarde te hastía, con su mirada enorme de bestia fatigada.
La humanidad se cansa de la desdicha ajena, del llanto que no brota del fondo de sus ojos.
–¡Madre:
los caballos de Suro vienen por el viento,
y está lloviendo siempre
–siempre– una lluvia de cielo por la noche del aire!
A mi madre
Antonio Fernández Spéncer
Mi mamá está tan triste… que yo me asusto; ella toma las jóvenes telas, mientras canta
y sujeta los botones de mi camisa
con la paciente aguja. Ella le reza a Dios
Y le pide mañaneramente que yo sea bueno e inteligente, y que deje de volar
de rama en rama, como el pájaro salvaje todo el día bajo los cielos azules.
Mi mamá es una larga paciencia de aguja, de buena voluntad, hermosa y triste,
para coser la vida que se me rompe quieta y desesperadamente en el día.
Yo la veo como un gran campanario
en la pequeña casa familiar, buena y honrada, llamándose a la misa del pan cotidiano mientras borda una gran esperanza de sus ojos llorosos.
Mi mamá, como una miguita que picotean
los pájaros,
está volando con su ternura sobre las cosas humildes de la casa;
ella le pone a mi camisa unos dedos tan suaves que ya la tela se hace mansa como animal Doméstico.
mi mamá platica con las ropas blancas,
con la tranquilidad de las camas, al amanecer; ahora siento su organizado corazón de bondades ponerme en un nuevo beso en la frente cansada.
La casa
ERA su vientre mi pan de día y de noche.
Nueve meses habité en su amoroso oscuro nimbo que dejé desierto
cuando la carga de sangre y de pecado
dijo templando. ¡vete!, abandona esta casa, que es casa de hacer hijos.
Viví en oscuro monte. Luego la tierra se llenó de alabanza de aquel vientre
cuando llegué a la vida en busca de corderos cuando subí sobre los caballos,
cuando subí sobre los carros, cuando subí sobre las piedras, cuando bajé a la raíz del agua, o cubierta de harapos
la tropa de los mundos me descubrió en un canto.
Alzadas fueron las cabezas de los que trabajan
un campo de espigas
y allí nunca se hartaron hasta la voluntad.
Yo estaba ya hecha conforme a las palabras Antes fui sierva escondida,
Pero estaba contenta, contenta del espíritu.
Un vientre tal vez es el paraíso que se busca en la tierra.
He ahí lo que se hace conforme un mandamiento
ahora soy su hueso y su carne y su sangre, y en mí habita Ella.
¡Duele Enérsida!
Víctor Villegas
Duele eso, ¡qué vaina!
duele que no brille el sol para la pobre Enérsida, andariega en la casa y en sus trapos,
esposa viuda, y en la tuberculosis mansa para su prole polvorienta acuchillada día a día en la garganta,
en el agua de azúcar parda y en el casabe.
Ya lo había dicho antes, al calor de la cuaba,
en los víveres puestos a destiempo, en su voz ronca,
ronca,
remendada de catarro y de tisana, ¡cuidado con las bestias, muchacho!
ahora lo decía a puro macho,
a pura rabia, en la violencia que desátale desalmado, en
su desaliñado pelo, en las criaturas desnudas del invierno.
Ahora lo decía, gritándolo estaba desde que le echó el último puñado
de tierra donde lo enterraron,
y eso que sabia donde lo enterraron para que no quedara duda,
las bestias, no quedaba duda.
Duele eso, qué vaina!
le está doliendo a Enérsida, vuelta siempre hacia dentro de la casa en su vergüenza, terca para parir como Dios manda, para sacar bichos y lombrices
en las nalgas de sus pequeños;
sorda como el hambre estancada en su cocina o la del vecindario en sus
contornos de hojalata.
Hará unos veinte años que sudó como nunca, desde su propia entraña retorcida,
en su lecho de dura mansedumbre, multiplicada en sus retoños. Y lo parió, mordió su ombligo y le sopló
ternura.
Ahora lo han matado y duele
doble,
como que quedarán perdidas sus bahías,
la anemia de los ojos de mundo.
Ya lo sabía,
Desde que se lo llevaron la primera vez.
Fue el día de su cuerpo morado, de su ira morada, de su corazón morado,
se lo dijeron en voz alta,
se lo vocearon en el marco de la puerta; jode mucho
el muchacho!
Duele eso, qué vaina, nos duele
En un costado de la angustia, En donde no ha de ser,
¡no puede ser!,
le está doliendo a Enérsida en la casa y en sus trapos, le está doliendo,
le dolerá en la sangre y en su prole.
Llueve y es que es mayo dulce señora
Máximo Avilés Blonda
(XII)
Madre de traje blanco, azul y rojo, Madre Bandera Patria–
que animaste la familia y la hiciste sagrada,
Madre que encarnas tierna
en tus manos juntas la fe cambiante a veces traicionada
de esta tierra triste.
Madre del llanto solo, dolorosa, Madre de luto en viernes de primavera en mi lejana infancia,
Madre esclava de puñales como negro acerico, quinta angustia en tu ansia de cuchillos siete
si es que la angustia contarse puede en números cardinales
u ordinales
y ponérsele número y nombre y apellido. Madre de luto como tantas madres
De la Patria y el mundo.
Madre de dulce amparo sin tropiezo ninguno,
marinera madre,
madre fluvial en el correr de ríos, marina madre en el crecer de olas,
madre de puentes que conducen a la orilla segura.
(Madre carnal como tú, madre del hijo que regresa a medianoche
y que espera sentada en mecedora sin ruido de balances
para sentir el golpe de la silla que atranca la puerta de llegada, madre carnal como tú que visitas
las prisiones injustas para abrazar al hijo, madre carnal que como tú que cubres
con un beso húmedo el correcto reproche; madre carnal como tú sin tu pureza
y el seguro sentido de tu dolor lleno de fe y espera…
¡Arropa con tu manto a tanta manta triste!).
Madre mujer
Federico Jóvine Bermúdez
Ese “Jesús-Dios mío-
cotidiano pronunciado entre humos y vapores Ese “Dios te perdone”
que me absuelve Esa su mano tibia que me envuelve
Ese “no vuelvas tarde” que protege
Ese “ya no me quieres” Que me ofende
Ese “ya tu no vienes”
Esa tibia coraza que me tiene perennemente niño en su regazo Ese calor inmenso que fulgura en su mano cansada
Esa mujer que diluyéndose en el tiempo Evoco ante mis ojos
como imagen gastada
Esta mujer del tiempo que declaro con olores a pan
llegada a nuestras manos
junto al vino
creada para abrevar la sed
que nos engendra y vela a la distancia, Esta mujer que nos comprende cuando todos nos niegan
y reza siempre por nosotros
que ya no entendemos por qué reza Esta mujer que guarda nuestro beso Y aguarda nuestros pasos
Es la madre por siempre que adoramos.
Carta a mamá en blanco y negro
Luis Manuel Ledesma
(Desde el penal)
Madre blanco y negro es el día en el corazón de la sombra
aquí muero al lado de los muertos lejos de tu amor
y tu cabeza salpicada de cenizas
No te asombres si te cuento
que no recuerdo el color de la luz o que a mi lado
construye una mano labios maternales con el humo grisáceo del cigarrillo
Ya ves madre
que este maldito oficio de poeta no es del todo inútil
Ayer mismo
dormí a tres metros bajo el nivel de lo que vive entre el gemido de adolescentes
y el crudo orín de los vientos nocturnos
Cómo extraño tu beso mañanero en esta podredumbre
mis libros los periódicos leer aquí es atentar
contra la seguridad interna del Estado y no soporto otras golpeaduras
mamá
Sé que la vida transcurre
en esas calles donde me recuerdas
y a diario imaginas el eco de mis pasos En la lluvia
Los hombres se pierden en el mismo lugar de ayer y alguien nos olvida
Ya la policía
habrá ahuyentado los últimos pájaros del atardecer
ya habrás llorado mis criaturas releyendo viejas páginas en los baúles aquí la vida tísica adelgaza
pronta a extinguirse
En los muros del penal te dejo algún poema imágenes borradas por aquellos
que no pudieron alcanzar el alfabeto
¿Volveremos a vernos? nunca se sabe
si supieras qué delgado mi rostro Alrededor de los ojos
si supieras cómo ha ido progresando el asma
No te asombres si las aves
una tarde sobrevuelan tu cara solitaria: habrá muerto tu hijo en las mazmorras y que tengan miedo madre
porque este maldito oficio de poeta
–ya lo ves–
no es del todo inútil.
Círculo madre al cuadrado
Alexis Gómez Rosa
Supermarket, aeropuertos, máquinas de coser, el mundo chico de mi madre el mundo grande.
El mundo ancho de mamá el mundo largo, príncipe negro, rascacielos, el arte culinario.
La túnica desnuda, corotos, el espejo risueño, el mundo rojo de mi madre el mundo blanco.
El mundo tierra de mamá el mundo agua, canta el gallo, la iglesia, es la casa de Dios.
Amuletos, planetas, la piel de los caminos,
el mundo sueño de mi madre el mundo superficie.
El mundo grave de mamá el mundo transparencia, hospitales, museos, los dédalos del cuerpo.
El mundo macho cimarrón, ¡claro!, los cuervos del leopardo: ese mundo sincero.
Amada
Tony Raful
Círculo de luz herida,
Cántico de vida,
Prístina ternura,
Atisba la ternura,
Amo tus latidos,
El amor henchido
Que en tu vientre
Se gestó conmigo.
Te vas pero te quedas, la muerte tiene veda tú en mí transferida,
del parto concedida dédalo casi divino,
soplo perenne con que atino,
mis átomos y mi sangre son tuyos,
tus ojos en los míos como cocuyos.
Alíanse tres velas
Plinio Chahín
Tres velas alíanse a mis manos
Y mi boca tremula bajo un vaso de azufre
Cuando se afianzan las sombras de la percepción
Yo no sé si en ese vaso transmigran
Las solemnidades de la muerte
O la quietud del mar ahonda el recuerdo de mi madre
Hoy color jueves en todas partes Como nadie es lo mismo en ninguna.
Madre
Carmen Sánchez
Te llamo en silencio y en bullicio y digo
madre
¿dónde el olvido guardó la dicha que sólo presta? te busco con mis manos sobre estas hojas
que nada entienden y te encuentro allí
encerrada en el amplio salón de una distancia que no existe.
Canto a mercedes
Dulce Ureña
Ya yo habría querido llegarte en otro tiempo
cuando fuera quizás mucha la calma
Has detenido en un feto un noviembre y un Salcedo en Mirabal encanecidos con un plural de nombres en Mercedes detallado
con amores renovados por los hijos de tus hijas y estas frases que aprendí
de tus milagros sin escuela.
II
Si preguntan por que te detuviste a dejar
en este suelo una simiente sabrán que tus lagrimas marcaban las cuentas
de un rosario
Tu población de sonrisas
legaliza la esperanza de Minerva
Tu historia
desprovista de artificios aun me cuece la sapiencia se ha reproducido el viento
y se ha marchado la angustia para describirte —madre—.
III
Mi grito duerme ahora acomodado al fono
de tus silabas reclutando el escenario de un noviembre
en un Salcedo
tres veces adolorido Mi grito te acontece entregado en imágenes de vida
con la fuerza intocable de la era.
Mamá
Taty Hernández
Una madre perdona siempre: ha venido al mundo para esto. Alejandro Dumas
Mía. Dulce. Fuerte. Mamá.
Visión de mis luchas. Ruta de mis extravíos. Caudal en mis sequías. Orto de mis despertares.
Granos somos del mismo trigo. Mujer. Afrodita. Mamá. Amazona. Carne de mi misma tierra.
Antorcha de mis conflictos.
Paciencia de mis búsquedas. Aliento en mis desencuentros.
Piedras somos del mismo río. Planeta. Mamá. Volcán. Cascada.
Parque de mis rutinas. Chispa de mis sentidos. Azúcar que apaga mis hieles.
Manta que cobija mis heladas. Troncos somos del mismo bosque. Titán. Trino. Árbol. Mamá.
Mástil de mi velero. Aceite de mis sobriedades.
Embarcadero de mis bocetos. Brisa suave de mis huracanes.
Aguas somos de un mismo estanque. Gigante. Montaña. Mía. Mamá.
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