Philippe Quint ha llegado por segunda vez al país, con la misma capacidad de sorprender y admirar. Y ha entregado, nueva vez, una experiencia artística para no ser olvidada nunca.
La primera fue bajo la dirección del maestro Ramón Tebar en 2015. Entonces dejó claro que se trataba de un solista consagrado y matizado por la pasión que genera el saberse creador de sentimientos profundos en la gente a partir de la música.
Gracias al maestro Amaury Sánchez, Quint ha vuelto al país, esta vez para interpretar el Concierto para violín en re mayor, Op. 35 de Piotr Ilich Tchaikovsky, respecto de la cual los conocedores de la música imperecedera dicen que es imposible de interpretar por las dificultades de su exigente digitación y sus pasajes de pasión, premura y exuberancia rítmica.
Quint demostró no solo que era posible hacerlo con impecabilidad, sino que produjo un impacto emotivo y estético en el público que llenó la sala Carlos Piantini del Teatro Nacional.

El solista que encontramos hoy es mucho más intenso, perfeccionado en sus giros por una experiencia que, obviamente, proviene del tiempo transcurrido, que le ha permitido la profundización en su instrumento, otorgado versatilidad y renovado en su capacidad de sorprender al espectador que no está, en principio, preparado para una descarga artístico-musical de este nivel.
Todo ello, unido al poder de lirismo innato y al concepto de arte como comunicación, ha hecho posible que en la actualidad asistamos a una revalorización del genio que se sitúa entre las cumbres de la música occidental con prolongaciones e influencias que llegan a sorprendernos.
En la segunda parte del programa, la orquesta interpretará la monumental "Sinfonía n.º 5 en mi menor", una de las páginas sinfónicas más intensas y emotivas de Tchaikovsky, caracterizada por su poderoso desarrollo temático y su inolvidable final triunfal.

Esta presentación consolida aún más a la Filarmónica de Santo Domingo como una de las principales orquestas del país con un solista de renombre internacional, en un programa que destaca la fuerza expresiva y la riqueza melódica de la obra de Tchaikovsky, consolidando así la oferta cultural de la capital dominicana.
La primera parte, el Concierto para violín en re mayor, Op. 35 de Piotr Ilich Tchaikovsky tiene tres movimientos: 1. Allegro moderato; 2. Canzonetta: Andante y 3. Finale: Allegro vivacissimo. En esta interpretación, Quint ejecutó con entereza y sensibilidad, conduciendo al público a los pasajes tiernos y dramáticos, enfatizados por una digitación con incrementos que salen de toda racionalidad, sin perder ritmo y añadiendo notas que producen estupor y admiración.
Quint tiene el don de desarrollar, dice la crítica internacional, un ritual interpretativo matizado por la belleza melódica, un don innato, la sutileza rítmica, su unidad con la orquestación sinfónica, el dramatismo en sus óperas y la evocación altamente literaria de sus poemas sinfónicos.

La segunda parte fue la Sinfonía n.º 5 en mi menor, Op. 64 de Piotr Ilich Chaikovski, la cual está dividida en cuatro movimientos: 1. Andante – Allegro con anima; 2. Andante cantabile, con alcuna licenza; 3. Valse: Allegro moderato y 4. Finale: Andante maestoso – Allegro vivace. La Orquesta Filarmónica de Santo Domingo tenía en esta pieza su desafío principal; ahora no era soporte de una figura estelar, sino que dependía de la capacidad de sus integrantes bajo la conducción de un director motivado e irreductible. Lo sentido por el público fue la constatación de la capacidad interpretativa de este conjunto de maestros instrumentistas, quienes aportaron a la partitura talento técnico y amor por la música.
Indica la crítica internacional que la Sinfonía n.º 5 en mi menor, Op. 64 de Tchaikovsky es una de las obras más fascinantes del repertorio romántico, no solo por su música, sino por el drástico giro que ha dado su valoración crítica desde su estreno en 1888 hasta hoy. Se valora como una de las piezas mejor orquestadas del siglo XIX. Ya no se ve como una obra "inferior" a la Patética (la Sexta), sino como el puente necesario entre el drama externo y la introspección final del compositor.
La crítica de la época la destrozó, atribuyéndole el calificativo de vulgar y "excesivamente sentimental" en comparación con la estructura más "pura" de las obras de Brahms. En efecto, la recepción inicial en Rusia y Alemania fue fría, calificándola de "vulgar" en contraste con la rigurosidad de Brahms.
La crítica moderna alaba unánimemente la cohesión de la obra a través del lema inicial (el tema del clarinete en el primer movimiento). A diferencia de la Cuarta Sinfonía, donde el destino es una fuerza externa que te golpea, en la Quinta los críticos ven una transformación psicológica con un inicio sombrío, fúnebre y resignado, y un final de triunfo al cual Amaury Sánchez imprime fuerza, secundado por la coordinada entrada de metales y vientos.

La "Quinta Sinfonía" de Tchaikovsky es una de las obras más poderosas del repertorio romántico, precisamente porque nació de un hombre que intentaba desesperadamente encontrar orden en el caos de su vida privada. La pieza se escribió mucho tiempo después, pero conectada con el caos generado por un matrimonio concertado con prisa en 1877 con Antonina Miliukova, concretado para ocultar su homosexualidad (recordemos la ideología moral dominante en su tiempo, intolerante ante las expresiones diferentes a la sexualidad socialmente aceptada: hombre y mujer).
Ese acuerdo nupcial duró apenas unas semanas y lo llevó a un intento de suicidio. A diferencia de lo que se suele creer, Tchaikovsky no escribió la "Quinta" en medio del caos inmediato de su boda. No fue sino hasta 1888, cuando comenzó la "Quinta Sinfonía", que le perseguía el fantasma del matrimonio para el cual no tenía aptitud.
Aunque ya no vivía con Antonina, ella se negaba a darle el divorcio y lo chantajeaba constantemente con revelar su homosexualidad, lo que mantenía al compositor en un estado de ansiedad perenne. Tchaikovsky vivía su sexualidad con una mezcla de culpa y terror al rechazo social en la Rusia zarista. Su diario de esa época está lleno de referencias veladas a "Z" (su código para sus deseos o encuentros), reflejando una lucha interna entre su naturaleza y las expectativas sociales. El bloqueo creativo: antes de la "Quinta", Tchaikovsky pasó por un periodo de sequía creativa. Temía haber "perdido el toque" o que su música ya no tuviera la fuerza de antes.
La fortaleza de esta sinfonía reside en la técnica de Tchaikovsky para convertir el patetismo en estructura. No se limitó a "llorar" en el papel; utilizó herramientas musicales específicas. El uso de la orquestación: el segundo movimiento (Andante cantabile) contiene uno de los solos de trompa más bellos de la historia. Es una melodía de un lirismo extremo que parece una confesión íntima, un refugio de belleza frente a la hostilidad de su vida exterior.
A pesar de estar emocionalmente quebrado, Tchaikovsky era un arquitecto musical riguroso. Se obligó a trabajar cada mañana, creyendo que "la inspiración es un huésped que no visita voluntariamente a los perezosos".
Las crónicas históricas del arte coinciden en que la "Quinta Sinfonía" no es hermosa a pesar de sus problemas, sino gracias a ellos. Tchaikovsky utilizó la música como una catarsis. Al final, logró que su dolor personal se convirtiera en un lenguaje universal de resistencia. Aunque él mismo fue muy autocrítico tras el estreno (llegó a decir que era una obra "falsa"), el público y el tiempo le dieron la razón: es una de las declaraciones de supervivencia más potentes de la humanidad.
La contradicción no es solo curiosa; es fascinante al mostrar cómo un hombre que temía tanto ser descubierto por la sociedad en su identidad sexual expuso su sentir, levantó su alma y lo hizo de la forma más pública y eterna: la composición de piezas que, como esta "Quinta Sinfonía", muestran su vigencia y atractivo indeclinable a través del tiempo por medio de la estructura musical, coordinada por una sensibilidad que se hace vigente y que en todos los países sigue convocando a miles de personas en los teatros del mundo, tal cual acaba de acontecer en nuestro Teatro Nacional.

Tres acontecimientos musicales
Amaury Sánchez es un fenómeno de creatividad musical. No cesa. Su existencia se desarrolla en los cánones creativos en variedad de géneros escénicos y de formación artística de las nuevas generaciones. En el programa de mano de esta "Quinta Sinfonía" de Tchaikovsky, se anuncian nuevos proyectos musicales impulsados por Sánchez:
- 9 de mayo: La sala Carlos Piantini presenta el musical "Broadway, Broadway" (con Máximo Martínez, Carla Hernández, Luis Armando, Isabela Escoto y Valeria Dávila) con coreografía de Natalie Borsos, a las 8:30 p. m. El lunes 27 ofrecerá detalles en el Teatro Bar Juan Lockward del Teatro Nacional.
- 26 de mayo: Sala Carlos Piantini, "Todo Dominicano", con la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo, con apoyo del Teatro Nacional, Fundación Sinfonía, CCN, Club de Lectores de Listín Diario y Supermercado Jumbo.
- 8 de julio: Sala Carlos Piantini. Mahler, con Luis Gorelik, interpretando la "Sinfonía n.º 1 en re mayor, Titán", con apoyo del Teatro Nacional, Fundación Sinfonía, CCN, Club de Lectores de Listín Diario y Supermercado Jumbo.
Sinfónica y filarmónica: diferencias
La diferencia entre una orquesta sinfónica y una orquesta filarmónica no está en el tipo de música que interpretan ni en su tamaño o calidad, sino principalmente en el origen del nombre y su organización institucional.
- Sinfónica: Proviene de “sinfonía”, una de las formas musicales más importantes del repertorio clásico. El nombre sugiere una orquesta dedicada a interpretar grandes obras sinfónicas.
- Filarmónica: Viene del griego philos (amor) y harmonia (armonía), es decir, “amantes de la música”. Históricamente, se asociaba a sociedades musicales o agrupaciones creadas por aficionados o mecenas.
Pero en la actualidad, no hay diferencia musical ni estructural obligatoria: ambas tienen los mismos tipos de instrumentos (cuerdas, vientos, metales y percusión); interpretan el mismo repertorio (desde Ludwig van Beethoven hasta Igor Stravinsky o música contemporánea) y funcionan con directores, músicos profesionales y temporadas de conciertos similares.
“Happy birthday to you”
¡Al regreso de la primera parte del concierto, la Filarmónica de Santo Domingo interpretó el tema de cumpleaños “Happy birthday to you!”.
Fue una sorpresa que nadie esperaba. Un asistente del Teatro Nacional pasó un micrófono al maestro Amaury Sánchez, quien dijo que la pieza conmemoraba el onomástico de dona Carmen Heredia, exdirectora del Teatro Nacional, exministra de Cultura y una de las principales cronistas de arte del pais. Ella se levantó desde su asiento de platea, y agradeció el gesto, hecho ante el cual el público respondió con un aplauso.
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