Agua de mar, poemario de Fania Herrera, singulariza una propuesta indetenible en el quehacer creativo de una avanzada vanguardista. Y haciendo alusión de esto, la conocí, pasado diciembre, en casa de Ike Mémdez, poeta y crítico dominicano. Esa noche leyó un poema, asunto, Watt Wihlman. En su voz, sentí y oí melancolía susurrante de quien dibuja propiedad con las palabras puestas a través de símbolos, códigos y melodías.
Y me detengo, analizando su obra, en dos asuntos: estructura o andamiaje y el uso de una categoría gramatical: el adverbio.
La construcción fónica-sintáctica de Fania Herrera se manifiesta en totalidad, medible, visual. Aquí no se trata de sucesión de versos inconexos, sino de la construcción de una imagen cíclica y dramática a la vez, conformando una circularidad en la que el primer verso se dirige al último, y ese último regresa al primero, no importa que la razón que busca sea el mismo caos, pues ese caos es la particularidad exigida. Desde luego, que el uso indistinto de ambos, se inclinó, por acomodo, hacia el poema como totalidad, ya traspasó la especificad de la poesía a la esencia del poema, haciéndolo uno, siendo dos, y admitido sea dentro de la generalidad. Entonces, ahora, como el viento, que canten los poemas y sean en los otros.
No cabe a la duda, el uso indistinto de la poesía en el poema se inclina uno y otro por acomodo hacia la elaboración como totalidad, traspasando la especificad. De modo que, como el viento, sea poema y poesía, igualmente se admiten en fuerza híbrida. En ese sentido, bien sabemos que venimos de la vulgaridad del latín, sentado nos lo dejó Rafael Lapesa.
Y me detengo en el uso de una categoría gramatical: el adverbio. Una palabra común que cuece el poema y se impone en la poesía. Y entonces el adverbio, como ella lo maneja con destreza, qué fuerza le impregna en la línea, el verso.
César Vallejo, con esa parquedad propia de su ser, subraya, sustantivo y verbo, en sustantivo y verbo, núcleos, en ellos, la mayor carga semánticas se asienta. Y honra este decir: desde la primera vez y la primera voz, el verbo, fundador, igualmente, el sustantivo, se hicieron carne y habitaron entre nosotros, y aún habitan en las demás categorías, en menor grado, adverbio, adjetivo, preposición, conjunción, modificadores. Entonces, el deber del poeta: hacer que ellos, adverbios, adjetivos preposiciones, conjunciones, adquieran plenitud expresiva, carne también en proporciones de su ser lingüístico.
Y reclama atención, el uso que Herrera le da, bien distante del común, con singularidad expresividad. Era como entonces, maravilla de título de Freddy Gatón Arce. Dejo esta nota a estos poemas de Fania Herrera, y en conclusión, naturalmente, del lector.
recordaré entonces página (p.31)
Entonces (39)
que marcaban siempre el norte y mi carne (p.47)
Era, por entonces, mi corazón (48)
qué edad tenía entonces 48
por aquí (p.65)
entonces (65)
y probablemente (65)
francamente lo detesto (78)
mientras él ser guía y se hacía más más habilis (p.81)
entonces fueron suyas todas las montañas página 81 luego me quedo toda yo (p 89)
Entonces, soy fugaz y el dolor de todos (P.126)
llovía torrencial, minutos después (P. 129)
finalmente derrotados (P. 141)
consumo, luego existo eso es todo (P. 145)

Selección de poemas
Antisalmo 119
Tú
pusiste
lámpara a mis pies
con tus palabras.
Yo
la derrumbé
en mi carrera loca
hacia mí misma.
Después
fue el incendio
que devoró las cosas.
Ahora
que me nacen llamas
en la espalda,
me digo:
"Cualquiera
que me regale luz me
hará inventar infiernos".
Retrospectiva
Érase una vez
en que mis pechos
eran obstinadas brújulas
que marcaban siempre al norte,
y en mis carnes nuevas
incorporaban, aprisa y
temblorosas,
como plántulas en crecimiento,
todos los elementos de la tierra,
de los mares y de los cielos.
¡Era tan sabio mi cuerpo!
Entendió en un chispazo
toda la absurda historia
del humano enredo
que, exonerando al pecado,
se supo uno con el universo,
mucho antes que el viejo
Whitman lo dijera.
Era, por entonces, mi corazón
un trepidante campanario
de rebeldías y libertades,
de locuras y sueños,
anclado en la sempiterna alegría
de los besos.
Porque fueron míos los que amé
y yo, sólo fui mía: nunca tuve dueños.
¿Qué edad tenía entonces? No lo sé, pero no dolían las coyunturas y era de un solo color mi pelo y era frutal la sonrisa de aquella que aparecerá en mi espejo.
¿A dónde habrá ido a parar todo eso?
¿Qué será mañana de mi soñar
y de mis huesos?
¿Qué queda ahora,
cuando todo aquello se desdibuja
y sólo queda mirar, como niños,
sobre el hondo, muy hondo
pozo de la vida y los deseos?
Esto queda:
La huella del buen amor,
el latir impenitente del corazón
por libertades y sueños,
y la inefable sonrisa
de la mujer de mi espejo.
Dolor
Por aquí
no está la dulce paz
de todo lo simple y bueno
ni el vegetal aliento
de la sonrisa pura.
Por aquí
anduvo el desamor
respondiendo por tu nombre
a los agudos alaridos
de las trompetas moribundas.
Todo de ti vestido, es decir,
completamente desnudo.
Entonces,
cuando era posible
toda rabia,
probablemente
justo el odio,
me hundí en el origen mismo
del canto
llamé al amor
y con su filo
esculpí callada
hermosas estatuas
a la vida.
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