"Todo. Todo reside en la palabra: como fuego provocado. Y para que ésta tenga presencia ha de comunicar belleza el signo. Apenas reconoces la blanca página. Apenas te rodea, ni su aliento, ni su vértigo". Enrique Villagrasa

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"[…] ¡Piel por piel! ¡Todo lo que el hombre tiene dará por su vida!".  (Job 2:4.)

Pernoctar en la poesía. Viaje y lascivia poética de Mateo Morrison

En un viaje que va desde el exterior de los cuerpos hasta el interior de la almas, don Mateo Morrison inicia su cuaderno de bitácora poética, donde quedan  plasmados los más oscuros deseos de la carne y los "sin rumbos" existenciales.

Entre maletas cargadas con figuras literarias y una impresionante carga de sencillez, el maestro pernocta  bajo los techos cálidos de la poesía, en un domicilio sin número, en una calle que no lleva a ninguna parte, pero a dónde todos desean llegar, haciéndonos testigos de sus más íntimas muestras de lujuria.

En el poemario "La lascivia caía como agua de madrugada", Huerga Y Fierro Editores, Madrid, España, 2025,  de nuestro Premio Nacional de Literatura 2010, Mateo Morrison (Santo Domingo, 1946), la relación piel-agua, está presente  en toda la antología, que incluye poemas de su trayectoria poética aparecidos en  libros emblemáticos como "Visiones del transeúnte", "Voz que se desplaza", "Espasmos en la noche”, “Hibridas Máscaras", entre otros.

El poeta transita por terrenos imaginarios portando arcos, flechas  doradas, flechas de plomo; sorteando los caminos y perforando los  versos con sus puntas afiladas y certeras. Desea ser un dios que hizo lo hecho y que volvería a crearlo de ser necesario:

"Si pudiera inventar de nuevo la Vía Láctea, transitaría estos caminos con escalas que superen el deseo. Como espejismo al ratos, reaparecen y siguen escalando mi psiquis, cuando fenece el intento de dormir". (¹)

Conjuga el presente en un pretérito continuo de pronombres inasibles, etéreos,  en tiempos verbales desenfrenados.  Su gramática es la piel, el agua, la tierra:

"Murciélagos  abandonaron sus cuevas,

y todo el mar fue más bravío.

Cada río violentaba sus fuentes,

se guerreaba en un suelo que siempre

era alimento para otras vigías.

Llegaban
nuevas máscaras,

se cruzaban con los nuevos adjetivos,

con los adverbios contrariados,

y los sustantivos

formaban una cadena

que enlazaba

con los verbos amar y odiar,

aliados en nuevas criaturas". (²)

Morrison edifica un mundo fantástico, donde logra deshacer lo ordinario. Aquí la perfección habita la imperfección y eso lo hace, en ese mundo de mitos y leyendas, perfecto:

"Se despojan al unísono de todo: palpitantes cuerpos exhibidos en la ondulación que une a la tierra con el cielo, a través de múltiples océanos. Deslustrados los navíos con qué trata de alcanzarlas, esquivan  mis brazos extendidos. Inventan engranajes que confunden". (³)

"De alguna manera es ser por y en el acto del quehacer demiurgo, en ese grito desesperado va más desde el silencio frente a la realidad o de la realidad frente al silencio". Esta consideración del periodista,  poeta  e intelectual español Enrique Villagrasa (Teruel, 1957) al referirse a "La lascivia caía como agua de madrugada", enfrenta la calma con la tormenta,  la poesía ahora pasa a ser la fuerza activa que invade los cuadernos del poeta. Don Mateo, como en una interacción  de temperaturas y humedades, trasmuta las palabras que yacían estáticas, en una vorágine lírica que arrastra todo a su paso:

"Tomo tus palabras

rodeada de olas

que amanecen conmigo.

Cerca de mis pies

arenas vibrantes de sol.

No puedo ahora

describir un viento

que cambia cada instante

de dirección.

Sólo los pájaros

saben la orientación

exacta de la brisa.

Ellos trasladaron

el centro del universo

a estos lugares

del Caribe.


Los pájaros saldrán de los lienzos

en noches de huracanes

volverán a vivir en las telas

cuando llegue la calma.

Soltamos de nuevo tus palabras

para instalar nuestra casa

en un círculo de arena.

Y hacer de nuestras vidas

ataúdes de espumas".(⁴)

Pero esa fuerza, a veces, se muestra vulnerable, y ese mismo torbellino que arrancaba las pasiones, ahora implora clemencia, una  clemencia vestida de bien logradas metáforas:

"Te deslizas,

agitas tus piernas

en el leve suspiro de una hoja.

Ves que el riachuelo

tiene solo dos destinos:

secarse o llegar al mar.

Tú sigues.

Voy hacia tu horizonte.

Miles de garzas

te circundan risueñas;

vas hacia un océano de cenizas.

Sigo detrás de ti;

no soporto el enorme peso del silencio".(⁵)

La piel es un camino solitario que se extiende en la nocturnidad. El artista dibuja huellas de poesía en cada poro que toca en su andar, creando composiciones lúdicas donde se apuesta a lo eterno:

"Se disparan sus alegrías, pienso yo, a otros senderos y mi presencia es un pretexto más  para que se rocen entre sábanas. Añoran pieles juveniles. Recordarán que hubo momentos en que desfallecían estaban más propicias al incendio de sus extremidades que se sumergían en la lujuria y en el frío juego de los cuerpos". (⁶)

El agua, centro del universo poético de "La lascivia caía como agua de madrugada" es el ente que cubre cada espacio donde habita la palabra. Don Mateo Morrison transforma ese líquido vital en poemas que, en consecuencia, son un manantial donde se puede, sin ninguna duda, reproducir la vida misma:

"La lascivia caía como agua de madrugada.

Se humedecieron alguna vez sus piernas

espejeando sus ropas raídas.

Humores antiguos cruzaron sus arterias.

Marismas cuajadas rondaban

por sus bronquios.

Ya ese vientre reclama cenizas.

Se zambulle el recuerdo de unos labios

que fueron fosforescentes

y ahora no saben pronunciar el adiós".(⁷)

Para el poeta, antólogo y ensayista José  Ángel Bratini (Hato Mayor, 1987), Mateo Morrison es “…un trabajador incansable de la poesía y su difusión, un aliado incondicional de la juventud literaria, del porvenir y la esperanza. Se halla en él una fuente pura y sincera De poesía y una labor gigante que trasciende la página en blanco y alcanza el campo de la batalla cultural"(⁸). Y es que don Mateo pernocta en la poesía, como la poesía habita en el maestro. Un convivir, un vecindario de dolor, visiones, sombras, imágenes, nocturnidad, voces, espasmos, lascivia, máscaras, que hoy nos lega en forma de palabras.

Notas:

(¹)"Terreno de Eros". Pág.22. Fragmento.

(²) "La nave brillante en sus ojos", Pág.29. Fragmento.

(³) "Asedios de la tempestad". Pág.27. Fragmento

(⁴) "Emoción por las islas". Pág.16

(⁵) "Perplejidades". Pág.31. Fragmento

(⁶)"Terreno de Eros". Pág.24. Fragmento

(⁷) "La lascivia caía como agua de madrugada". Pág.20. Fragmento.

(⁸) Bratini, José Ángel, “El llamado", Amargord Ediciones, Madrid, 2021. Pág.28.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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