El arte del África negra tiene dos períodos fundamentales: su antepasado, y la etapa colonial. Un ejemplo de esto es la escultura, cuyas imágenes, en su mayoría talladas en madera, provienen de una remota tradición simbólica. Sus imágenes, exaltan básicamente la forma. En relación a la pintura, la intensidad del color, en vista de que es un símbolo representativo de su vitalidad y mundo espiritual, está vinculado con su antepasado. Tanto la forma como los colores intensos del arte Negro-africano, repercutieron en el arte europeo. Dicha influencia, se puede identificar en el interés por las formas puras que mantuvo Paul Cézanne, y en el tratamiento del color en la obra de Vincent van Gogh. Esto nos muestra, que estas nuevas tendencias, ampliaron y afianzaron el arte africano. Tanto las formas como el color en la pintura negro-africana, dieron origen a dos nuevos estilos estéticos: el cubismo y el fauvismo.
George Braque y Pablo Picasso, creadores del cubismo, entusiasmados por el arte originario, adquirieron estatuillas y máscaras africanas, las cuales, con sus formas estilizadas, le sirvieron de inspiración. Picasso creó el cubismo junto a George Braque durante su estadía en París. En ese período, compraba máscaras e imágenes talladas en madera, las cuales llegaban al mercado parisino. Es importante destacar, que esas máscaras y piezas, las traían de África los soldados de los ejércitos coloniales como prueba de sus proezas. Para ellos, no eran objeto de interés ni tenían valor artístico, las consideraban curiosidades o fetiches. El tono vivo de los colores, influyó en gran manera en otro grupo de pintores que también hacían su trabajo en París. Ese grupo, anteponía el color sobre la forma, a la cual consideraban secundaria. De ahí surgió el fauvismo, un movimiento pictórico vanguardista, cuyo máximo representante fue Henri Matisse.
.

La literatura, es otra denominación del arte del África negra en la que se puede identificar el antepasado en su creación. En este caso, la tradición oral. En un territorio tan extenso, rodeado de misterio, con selvas impenetrables y montañas infranqueables, es lógico que ese ambiente propiciara la creación de mitos, creencias y leyendas, que consecuentemente fueran narrados por medio de la tradición oral. Es decir, que esta es su base de formación, el guardián de su literatura.
Narradores africanos de fama internacional, escribieron obras cuyo elemento esencial es la tradición oral. El brujo del cuervo, del escritor keniano de la etnia kikuyu Ngugi wa Thiongo, fue escrita teniéndola como fuente. De igual manera, Todo se desmorona, del nigeriano de la etnia igbo Chinua Achebe. En esta novela, se incorporan mitos, leyendas y relatos de la tradición oral igbo. En la narrativa de Wole Zoyinka, también de Nigeria y de la etnia yoruba, y primer africano en obtener el Premio Nobel de Literatura, aparece la tradición oral. Mitos y creencias yorubas forman parte de su obra.
Del mismo país de origen de Achebe y Zoyinka, es Amos Tutuola. Si las obras de los escritores africanos anteriormente señalados, contienen partes esenciales de la tradición oral, a diferencia de ellos, El bebedor de vino de palma, la obra cumbre de Tutuola, está basada en su totalidad sobre las creencias y valores culturales tradicionales yoruba. Tutuola (1920-1997), no tuvo la formación académica que ellos tuvieron, más bien, fue un autodidacta. Siendo joven, tras la muerte de su padre, dejó los estudios para dedicarse al trabajo y así poder mantener su familia. No obstante, fue un conocedor de su cultura, la cual está permeada por mitos, creencias en lo fantástico, en seres sobrenaturales, la transformación del espíritu humano en animales y el animismo. Basado en este contenido ancestral y en cuentos populares yorubas transmitidos de generación en generación, escribió esta novela.
Narrada en primera persona, relata las vicisitudes de un bebedor de vino de palma que sale a buscar su sangrador, el cual, había muerto cuando se cayó de un árbol de palma. Ante la creencia de que los muertos no van al cielo, si no, que viven en algún sitio de este mundo, se dedicó a encontrarlo.
En su búsqueda, se adentra en bosques mágicos, se enfrenta a animales feroces y a seres fantásticos. Logra sobrevivir gracias a su astucia y su poder de hechicero. Después de intensas vicisitudes, inicia un viaje a la ciudad de los muertos a buscarlo. Cuando llegó, estos le reprocharon y le dijeron que no podía estar en su ciudad porque aún vivía. Pero logró convencerlos, pues él había vendido su muerte para quedarse solo con el miedo. Encontró su sangrador. Le explicó que andaba tras su búsqueda, porque al morir, necesitaba de él para que le sangrara las palmas. Le buscó varios pipotes llenos de vino y se los bebió sin parar. El sangrador permaneció en la ciudad de los muertos porque no podía volver a la vida. El bebedor de vino de palma regresó a su casa, y en el camino, vio que venían a la ciudad de los muertos filas de niños y adultos que habían fallecido.

Esta original novela no es una obra de ficción. Al ser una narrativa sustentada en la tradición oral, todos esos monstruos, hechiceros y seres fantásticos, originarios de la tradición oral de la etnia yoruba a la cual perteneció Tutuola, son vistos como reales. Esa es su construcción cultural. Sobresale en ella lo fantástico. También la hipérbole y lo mágico, como forma de mantener el relato vivo en la memoria y de impactar. De ella dijo Wole Zoyinka: En el panorama literario Tutuola ocupa el lugar de precursor de García Márquez, Ben Okri y Shahrnush Parsipur en el estilo narrativo convenientemente llamado realismo mágico.
El bebedor de vino de palma, fue publicada en 1952 cuando Nigeria era colonia del Imperio Británico, pero su base es la tradición oral yoruba. De ahí esos dos elementos fundamentales en el arte del África negra. En su momento, la novela fue criticada y rechazada, no obstante, la defensa que hicieron de ella los poetas Dylan Thomas y T. S. Eliot, tuvieron un peso determinante. Eliot contribuyó a su publicación en el Reino Unido, defendió la originalidad creativa de Amos Tutuola al escribir una novela basada completamente en la tradición oral yoruba, y llevar su cosmología a la literatura mundial. Es decir, llevó los relatos de la oralidad yoruba a la literatura escrita Esto catapultó al gran escritor nigeriano, sentando esta novela un precedente, y logrando un éxito mundial. Es por ello, que el nigeriano Amos Tutuola, es el precursor y padre de la literatura africana moderna.
Compartir esta nota