El cuento es un género literario que, aunque comenzó a desarrollarse en la oralidad del hombre, se transmitió por medio de sus haberes y decires. Podríamos decir que los actos de habla fueron su cimiento para describir diferentes situaciones de personajes, comunidades y familias, teniendo como propósito plasmar y evidenciar hechos de la vida real.
Este tipo de narración no tiene pretensiones de transformar o innovar las acariciadas técnicas de la narrativa contemporánea, ni en la forma ni en el contenido. Su valor reside en registrar acciones y acontecimientos cotidianos para que no se pierdan en el espejo de la memoria del pasado, convirtiéndolos en una recreación para el presente.
Desde el primer texto que encontramos en el libro Volviendo a casa, de la autoría de Stanislaw Peña, uno se deja atrapar por la narrativa tradicional a través de los protagonistas, como es el caso de Aridio Alzado. El autor —narrador— otorga identidad lingüística a algunos de sus personajes, concediéndoles así una territorialidad pueblerina.
El conjunto de relatos aquí reunidos presenta una variedad temática que abarca lo social, lo amoroso, lo fantasmal y lo trágico. Cada narración revela la idiosincrasia de los distintos interlocutores que han sido encarnados, desde una enunciación cómica hasta lo folclórico. Cada relato desvela la particularidad de los diversos personajes que han sido encarnados, desde una perspectiva de la vida campestre y urbana.
En el primer relato, se encarna al personaje del «Hijo pródigo». Es la típica historia de uno de los hijos de una familia que quiso salir del campo a la ciudad para estudiar y hacerse profesional. Entonces, su padre, Aridio, le proporcionó el dinero para que Minino realizara su sueño y se convirtiera en negociante en la capital. Sin embargo, él comenzó a juntarse con mala compañía, dedicándose a malgastar el dinero entre mujeres y sus amigos. Después de gastarlo todo, buscó un intermediario para que fuera a ver si su papá podía recibirlo.
«Caminando, se acercaba al rancho con sus maletas. A medida que avanzaba, todo se le iba haciendo más familiar. Un muchachito lo alcanzó a ver y corrió a dar la noticia. Cuando don Aridio lo divisó, salió a su encuentro. Al recibirlo, no lo dejó hablar, lo abrazó apretadamente, como sacándole el aire. Se abrazaron y comenzaron a llorar».
El autor Stanisław Peña nos muestra un dominio en la narrativa de la literatura tradicional dominicana, ya que sabe contar lo que se narra en cada uno de los nueve textos. No todo escritor sabe relatar un compendio de historias apego a una narratología, porque el término incluye una serie de características que deben cumplirse a la hora de su aplicación. No importa la variedad temática de cada uno, ni que en los relatos exista una relación de doble vuelta; es decir, del campo a la ciudad o de la urbe al campo, o que el papá no quiera saber de La Lili.
Volviendo a casa, incorpora a Stanislaw Peña a la narratología de nuestras letras. A partir de ahora, cada lector tendrá que profundizar en la idiosincrática pradera o en la metrópoli de los múltiples personajes que pueblan las diversas historias de estos relatos, que van construyendo una fisonomía de nuestras costumbres e identidades dominicanas.
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