El concepto de ecosistema es fundamental en la lengua como conglomerado de normas diversas que transcienden el carácter estrictamente lingüístico y semiótico. La pregunta ¿Qué es la lengua? nos sitúa en la perspectiva translingüística como interfaz entre la lengua y la cultura.

La lengua es el significante principal de una cultura; el que permite al ser humano entrar en contacto con el mundo y al sujeto reconocerse y asumirse como tal, desde la posibilidad de nominar, conjugar y de decir: yo (nosotros), tú (vosotros, ustedes), él (ellos) ante una situación o evento cualquiera.

Ese conjunto de interacciones se expresa y rige por las normas y los ecosistemas en los usos de la lengua,  cuyo eje es el discurso como función pragmática ; es decir, de los usos en los contextos o ecosismas o situaciones de comunicación, según leyes o reglas pragmáticas de los intercambios sociales. No se trata aquí de reglas prescriptivas sino de las variaciones de los usos tanto en la dimensión social como en la intersubjetiva.

Las normas lingüísticas son expresiones translingüísticas de la lengua en el seno de una cultura. Se comportan a la manera como la lengua se comporta internamente. Obedecen a los usos en la sociedad.

En ellas prevalece la idea del valor,  lo mismo que en la lengua, cuyo funcionamiento,  regido por determinadas reglas, se basa en el intercambio de las diferencias en sus sistema entre sus unidades y niveles constitutivos. En ese sentido, la lengua, y, así las normas,  enseñan la tolerancia en la convivencia de lo diferente.

En la lengua, en forma arbitraria o al azar, determinados significantes orales (la escritura no forma parte de la lengua) representan determinados conceptos (sistema de significaciones o de signos) mediante un sistema restringido de relaciones (reglas o leyes) de intercambios y conmutaciones de las unidades constituyentes: fonéticas, morfológicas, sintácticas, semánticas, discursivas y textuales.

La lengua alcanza su expresión estructuralmente básica en la oración: sujeto y predicado. En el marco de esta,  la nominación y la predicación son sus funciones y usos principales.

Pero su máxima realización es el discurso cuyo eje es la interacción yo/tu, locutor/interlocutor en cualquiera de sus dimensiones y manifestaciones textuales.

Desde la doble dimensión semiótica y discursiva,  la lengua es el más importante sistema de significación : percepción, representación, análisis, interpretación, recreación,  expresión , comunicación, etc., de los grupos humanos.

Es también el nicho central de identificación y realización de los sujetos; situación que el lingüista Emile Benveniste apostilla con esta expresión:   “Es ego quien dice ego”, afirma Emile Benveniste. Todo eso implica el enfoque translingüístico de la lengua.

Con base en esos elementos, las funciones básicas de las lenguas son percibir, analizar, expresar y comunicar lo real;  permitiéndoles, por tanto, a los seres humanos representar y significar el mundo y conocerlo, conceptual y simbólicamente.

Esas son funciones que los integrantes de los humanos grupos o culturas (los hablantes individuales y colectivos) emplean y actualizan diversamente en sus usos, hablas, discursos,  respetando el sistema vigente y sometiéndose a sus reglas y usos mayoritariamente aceptados;  contribuyendo así, a la permanencia y estabilidad del sistema durante largos periodos, so pena de ser señalados con marcas de extranjería lingüística y sometidos al aislamiento:  la incomprensión y la incomunicación.

En ese sentido, la lengua es un conjunto de normas, usos, hábitos y costumbres producidos socialmente, acordados y aceptados  (psíquica y tácitamente) en los grupos humanos constituidos históricamente en el mundo (culturas).

Las lenguas no son sistemas estáticos, pues al usarlos, los hablantes van modificándolos diversa y constantemente;  no en forma evolutiva, sino transformadora,  produciendo los cambios pertinentes y válidos según las épocas, el desarrollo de las sociedades, las intenciones, necesidades y fantasías de los individuos.

Dichos cambios se manifiestan en dialectos, sociolectos, idiolectos, discursos y textos.  Sin estas realizaciones la lengua sería pura abstracción. Aquí se incluyen los neologismos de tipo académico, tecnológico, profesional, político, literario, artístico, intelectual.

Ningún tipo de variación representa un deterioro o un empobrecimiento de la lengua. Las variadas realizaciones se traducen en diferentes normas de uso, todas válidas según la geografía, la época, los grupos humanos, los estilos individuales, los tipos o géneros de los discursos, etc.,

En ese mosaicos dialectales la norma estándar goza de mayor validez, pues, en la que confluye la mayor cantidad de hablantes,  sin que eso signifique exclusión de las demás normas, incluyendo la de un pueblito o un grupito que se expresa en una jerga particular.

La educación lingüística debe entenderse en el más amplio sentido y en los más diversos ámbitos, como amplios y diversos son los usos de la lengua. La idea es esta: ahí donde hay uso debe haber educación: la familia, la comunidad, la escuela, la sociedad en general y el mundo en sentido global.

¿Y cuál es el objetivo de esa educación?  Pues, hay dos propósitos: primero adquirir y afirmar el uso o los usos propios de los hablantes; segundo: producir un diálogo o intercambio entre los usos propios y los usos ajenos, de manera que se produzca la más amplia comunicación en la sociedad y se amplie el horizonte cultural de cada hablante.

José Antonio Caro.

El célebre filólogo colombiano, José Antonio Caro, en 1881 se había ocupado de ese tema en su memorable disertación  “Del uso en sus relaciones con el lenguaje.” Entonces, la actitud de Caro, su idea con respecto al uso, expuesta en la conclusión de su ensayo,  es el criterio principal que debemos que debe servirnos de norte tanto a los hablantes como a los organismos cuya misión es no solo preservar la lengua sino educar a la sociedad y procurar el desatollo lingüística de una nación:

Afirmaba Caro:

“Por fortuna la experiencia enseña que el uso es susceptible de educación y perfeccionamiento; que los escritores clásicos ennoblecieron y ornamentaron la lengua; que la gramática, la lógica, la erudición y la crítica, la depuran, la regulariza y acicalan; y que las academias, conciliando lo razonable y lo conveniente, el interés de la ciencia con los de la nación, ejercen una autoridad benéfica.”(Obras Completas T.III, p.76)

A lo sumo, Caro aspiraba, pero sin coerción,  a tomar un tipo de uso como norma del uso, como se ha pretendido durante siglos: el uso culto.

Pero, ningún organismo burocrático está en medida de regular el uso de una lengua. De hecho, hace mucho que la Real Academia Española y las academias de la lengua en todo el mundo hispánico, depusieron esa pretensión, que estuvo entre sus yerros iniciales.

Regular o controlar el uso es una meta muy difícil e improbable, pues contradice la misma lengua. Eso ha sido harto discutido y hasta ahora ninguna institución que se lo haya propuesto ha podido regular el uso de la lengua de manera compulsiva o represiva.

En contra de ese criterio surge el concepto de la variedad de normas de los hablantes según los ecosistemas de los usos. Es que una ley formal no puede contra una ley real, y el uso es la ley más importante que rige la vida de una lengua, que impulsa los cambios y que nivela la relación entre la unidad y la diversidad de un idioma.

Desde la perspectiva translingüística,  estos dos ecosistemas así entendidos(el uso, el discurso) y  (la educación o la adquisición regulada), constituyen las base y los principios fundamentales de una orientación en enseñanza de la lengua adecuada y eficaz; los cuales se desgranan en otras bases y otros principios en el dominio de la lengua en ecosistemas más específicos:  los textos en los que se concretan y expresan las artes del lenguaje: escuchar, hablar, leer y escribir,

Hoy,  el uso considerado normal , la norma normal, se resume en el llamado uso estándar de la lengua, la cual se concreta de forma ejemplar en la lengua escrita en los diversos ecosistema de los libros de cualquier género, los periódicos y las publicaciones de todo tipo.

En tanto que, los usos propios más bien de la lengua oral en los que las variaciones son mayores que en la lengua escrita. se reservan para otros ecosistemas:  situaciones espontáneas e informales de la vida cotidiana, interpersonales , familiares, laborales, locales , regionales, etc.

Si embargo, el aprendizaje de una lengua debe abarcar las más diversas normas lingüística que coexisten en esa lengua. La norma estándar o más común o general entre los hablantes; pero también: la local, la ordinaria, la literaria, la científica, la culta, la popular, la familiar, la oral, la escrita, la digital, etc.

Esas normas deben ser adquiridas y enseñadas con el fin de que los hablantes se desempeñen en el uso de la lengua en las situaciones más frecuentes de la vida personal y social.

Manuel Matos Moquete

Manuel Matos Moquete. Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1944. Lugar: Tamayo, provincia Bahoruco, República Dominicana. Profesor, escritor, investigador. Escritor-Docente-Investigador. Doctor en Literatura, Universidad París VIII, París, 1982. Especialidad: análisis del texto literario: poética, temática, fantasmática. Orientación científica: Translingüística y Análisis del Discurso. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de República Dominicana, 1992. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, 2000. Premio Nacional de Literatura 2019.

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